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La(s) Metamorfosis en las metáforas de los textos y los tiempos que corren. Por Hans Schuster

Las metamorfosis de Apuleyo, que, según San Agustín de Hipona, se conocía como El asno de oro (Asinus aureus) de Apuleyo, novela latina escrita en el siglo II d. C., éste tipo de narración da inicio al género de la novela picaresca en episodios, irreverentes e imaginativos que cuentan las aventuras del viril Lucio, obsesionado con la magia, cuyo entusiasmo en desmesura lo lleva a verse transformado accidentalmente en asno y con ello comienza a relatar retratos de época, en donde los ricos hacen de las suyas con las miserias de sus esclavos, reducidos a sus caprichos—al igual que él— a poco más que bestias de carga debido a su explotación en manos de los terratenientes.

El asno de oro es considerado como la única obra de literatura greco-romana antigua que examina de primera mano la terrible condición de las clases bajas, la ironía con que aborda la seriedad de los temas, dando miradas ingeniosas ante los sucesos de época, en especial considerando que se aborda la sexualidad explícita.

Las metamorfosis (Metamorphoseis o ’transformación’), el largo poema del romano Ovidio, atribuida al siglo VIII d.C., el cual en sus quince libros narra la historia del mundo desde su creación hasta convertir en deidad a Julio César, armonizando con gran autonomía la mitología y la historia. Esta pieza literaria considerada una de las obras maestras de la edad de oro de la literatura latina, de difícil clasificación, dado que se encuentra entre la épica y la didáctica. Escrita en hexámetros, consta de más de 250 narraciones mitológicas, dando cuenta del origen del mundo hasta la transformación del alma de Julio César, describiendo los diversos cambios (físicos y psicológicos) que hacen las distintas divinidades para conseguir sus fines. Esta obra fue ampliamente difundida durante la edad media, a ratos, considerada como un texto histórico que da cuenta de las luchas de poder y las cosmogonías greco-romanas.

La metamorfosis (Die Verwandlung, de Franz Kafka, publicada en 1915), cuenta la historia de Gregorio Samsa, joven comerciante de telas que mantiene a su familia paterna y con ello, en cuotas, paga las deudas del padre, hasta que: “Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregorio Samsa se despertó convertido en un mostruoso insecto”.

Partamos haciendo referencia al texto de Kafka, cuantos Gregorios se han hecho presentes en estos ya casi tres meses de calientamiento social, basta recordar a los deudores de CAE, cuyos prestamos e intereses del mercado deben convertirlos en insectos del sistema por más de 20 años, de modo que trabajaran en lo que sea para solventar la deuda educacional, que el estado creó para canalizar las demandas del mercado de la educación, por otra parte, si sólo son consumidores de pollos, papel tisú, remedios, atención médica, seguridad pública, al parecer los insectos se multiplican, ante el cohecho, las colusiones o el exagerado uso de la fuerza con que la represión policiaca, amparada por los otros insectos de la política, capturados a su vez, por los insectos del poder económico los tienen en sobre explotación de tiempos de trabajo, aunque alguien dirá que hay bonos de producción por; apaleos, lanzamiento de gases, agua con químicos y balines, convirtiendo así a carabineros de chile en dípteros tabánidos con fama en montajes (Catrillanca, entre otros) o robos a fondos públicos (Paco Gate).

Pero la metáfora de la metamorfosis puede ir más allá, si consideramos que los mono cultivos de plantaciones agrícolas favorecen la aparición de plagas de insectos con efectos desastrosos, como algunos terratenientes pertenecientes a partidos de la derecha tradicional, cuya proliferación de virus, bacterias y hongos son depositados en leyes de la república desde los inicios de la república. Basta preguntarle al actual Ministro de Agricultura cuántos litros de agua posee por segundo, para darnos cuenta de cómo se ha naturalizado el derecho a poseer derechos económicos sobre todo, a como dé lugar y el agua también está por sobre los derechos humanos, Petorca y otras localidades dan cuenta de ello. Digan lo que digan los tabanitos, se acostumbraron a chupar sangre y eso forma parte de su ADN de codicia con la cual se han caracterizado en la evolución del mercado liberal que defienden aleteando.

Pero si volvemos al inicio con la metamorfosis de Apuleyo, o Asno de Oro, la parodia podría llevarnos a escribir más de un capitulo desde La Moneda, basta recordar al Gobernante Lagos o al caprichoso y mal aspectado actual gobernante, quienes de manera enfática se ven a sí mismos como visionarios y coleópteros, siendo apenas dípteros asílidos cual sarapago o moscas predatoras, ya casi no respetadas por la comunidad de insectos internacionales.

Y en cuanto a las metamorfosis del romano Ovidio, podemos preguntarnos hoy por hoy, por las iglesias y su actual estado para acercarse a las deidades, luego de tanto delito bajo el sagrario, la sotana y el templo del señor que no fue respetado en su niñez, por insectos parasitarios de la fe, que ya no mueve montañas sino arcadas ante patologías devastadoras.

Entonces, en qué metamorfosis nos quedamos, a la espera de qué imagen, la imagen de la plaza de la dignidad se llena día a día con pupas de dípteros y coleópteros, para que los insectos de los mercados liberales, neoliberales de usuras legalizadas, vean que ya vuelan nuevas ideas, aunque las repriman, la república de Chile, a pesar de los actuales políticos, entró en la magnífica metamorfosis de la justicia social y el estado solidario, el asunto ya no es tratar a los insectos por separado, uno a uno, o rociarlos con químicos buscando la colmena. Los insectos no identificados son miles y millares, millones en el mundo, dicen los entomólogos, mientras los bobos con sus leyes a medida se quedan aleteando contra la primera línea, porque los empáticos son sólo insectos de fantasía política al modo de noticias falsas y por ahora es necesario escuchar como zumban los zumbidos de los tiempos que corren.

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