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Lalo Parra: El Tío de Chile’’. Un libro de Julio Fernando San Martín. Por Rony Núñez Mesquida

I. Parra on the Road.

 

Llego a Cañete un miércoles por la tarde. La música de fondo que acompaña la ruta, se entremezcla entre el registro inconfundible de Violeta y las décimas de don Eduardo. En mi equipaje, el estupendo libro ‘’Lalo Parra: El Tío de Chile’’ de Julio Fernando San Martín.

Hablar de los Parras es referirse al acervo cultural del Chile profundo. Una familia de virtuosos que, a pesar de una infancia marcada por la pobreza, dichas limitantes impidieron que afloraran un talento innato, genial, que raudamente se transformaron en postales recorriendo los derroteros de diversos horizontes en el mundo. Ese patrimonio, relatado con soltura y gran oficio, se reflejan en este libro del escritor y periodista Julio Fernando San Martín, cuya prolífica obra ha repasado parte de las biografías de destacados artistas nacionales: Violeta, Eduardo y Nicanor Parra, Margot Loyola o Gonzalo Rojas, son parte de este encomiable rescate de nuestro imaginario colectivo donde las décimas, los versos o las tonadas del clan Parra, junto a otras muchas voces, han construido buena parte de la voz de un país que, en los peores momentos de su historia reciente, encontraron en ellos un consuelo, el remanso transitorio antes del horror, o los persistentes recuerdos de un exilio forzado, el cual abruptamente reemplaza la ‘’Peña de Los Parra’’: lugar de encuentro paradigmático de artistas, políticos, poetas, escritores y soñadores que, al alero del gobierno dirigido por Salvador Allende iban a construir ‘’un Chile bien diferente’’.

 

 

II. El Tío de Chile

 

‘’Lalo Parra: El tío de Chile (Trébol Ediciones, 2021) es una intensa genealogía de uno de los grandes músicos y compositores de la historia de Chile. Como el propio San Martín lo asevera: ‘’Escribir acerca de un integrante de esta gran tribu apellidada Parra, es introducirse de lleno en ese Olimpo perenne de nuestra cultura popular, compuesta por dioses terrenales que han sabido a través de su arte, empaparnos con ese zumo exquisito que brota a diario en nuestros campos, en nuestro pueblo proletario…’’. [1]

 

Como muy bien se consigna en el sitio Memoria Chilena[2], en Eduardo Parra Sandoval, confluyen el talento autodidacta y la visión de un artista completo, donde diversas tradiciones de la oralidad y las manifestaciones populares y su deconstrucción de la realidad, se entremezclan en una obra que ha servido y servirá de referente para futuras generaciones. Una especie de refugio del repertorio popular, donde el fogón, las habitaciones de tierra y el mate de las casas de los campesinos, junto a la guitarra, acompañan las gargantas y cantos de los músicos populares, el teatro o los artistas circenses. De esta forma, con justicia, sobre la obra del Tío Lalo, el sitio expresa: ‘’Hubo muchos inventos, anécdotas y viajes en la vida de Roberto Parra, pero dos creaciones suyas explican su valor como figura inspiradora del arte popular chileno. La «cueca chora» fue un engendro musical que logró canalizar el folclore de los bajos fondos urbanos, permeado por influencias musicales modernas, en tiempos en que la cueca se asociaba puramente a una postal campesina. El segundo gran legado de Roberto Parra son Las décimas de la Negra Ester, la principal de todas sus obras literarias, escrita a partir de experiencias recogidas de su propia biografía’’.

 

En este sentido, este libro aborda con gran rigurosidad, a través de un largo período de entrevistas donde el autor y el artista, abordan etapa por etapa, la vida de este ‘’chillanejo y patiperro’’, cuya errancia lo llevará, por ejemplo, al puerto señero de San Antonio, donde, como guitarrista del cabaret «Luces del Puerto», conociera a la mujer (prostituta del cabaret) de la cual se enamora y de cuyas pasiones (encuentro, romance y ruptura) nacieran las décimas nada menos que de una de las mejores obras de teatro de la historia chilena, como lo es ‘’La Negra Ester’’, del gran director Andrés Pérez y la compañía Gran Circo Teatro, inmortalizaran para siempre la enorme poesía de Eduardo Parra (obra que se estrena con un demoledor éxito en 1988).

O bien lejos quedan aquello días donde los jóvenes Violeta y Eduardo, en la cafetería ‘’La Popular’’ ubicado en calle Matucana 1100 casi al llegar a Mapocho, al ritmo de rancheras, corridos y boleros ganan sus primeros ingresos cantando.

En efecto, la geografía musical y poética de la familia Parra, será el camino de la música popular, donde valses, cuecas y tonadas se confundirán con las letras que claman la construcción de una sociedad nueva y denunciarán las injusticias de su tiempo. En palabras del propio Tío Lalo (al referirse al golpe de estado versus su obra comprometida): ‘’…pocos días antes (del golpe) habíamos grabado un disco juntos (junto a Isabel y Ángel Parra) para el sello ‘’Peña de los Parra’’, de Isabel y Ángel (‘’Las cuecas choras del hombre nuevo’’), basado en frases que había dicho el propio Allende en su campaña presidencial, famosas, como la de las ‘’Cuarenta medidas’’; cuecas como ‘’El medio litro de leche’’, ‘’El grupo móvil’’, ‘’En Chile no habrán más ricos’’ etc’’ [3].

 

III. Entrevista a Julio Fernando San Martín: ‘’ Me interesaba de sobremanera indagar lo más íntimo de la familia artística nacional más reconocida a nivel mundial: “Los Parra de Chile”.

 

Mi primer encuentro con el autor se produce en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Santiago Filsa. Asistir a la presentación del libro, acompañado por la hija de don Eduardo, la destacada folclorista Clarita Parra y otros miembros de la nueva generación del clan Parra, presagia un momento emblemático en la historia de la Feria. Como no podía ser de otra forma, dicha presentación terminó con música e interpretación de una parte del repertorio del Tío Lalo; la mesa está servida. A continuación, las palabras del autor entre guitarreos y payas.

 

1. ¿Cómo fue el proceso creativo de libro? ¿Cómo describirías tu experiencia trabajando con don Lalo Parra?

 

Antes que todo, debo decir que la primera vez que visité el hogar de don Eduardo ubicado en la comuna de Cerrillos (Santiago de Chile), y conmigo proveniente desde la ciudad de Concepción, sur del país, fue en noviembre de 2002 (hasta el 2009).

Ahora bien, el porqué de su persona, claramente, era porque me interesaba de sobremanera indagar lo más íntimo de la familia artística nacional más reconocida a nivel mundial: “Los Parra de Chile”, de aquello que muy pocas personas conocían, a diferencia de sus respectivas magnas creaciones. Y con el transcurso de los plazos y las entrevistas, el mismo Kronos me diría que no me había equivocado.

 

Pero, ¿por qué don Lalo Parra? Porque a esas alturas, solo cuatro de los ocho notables hermanos nacidos por la zona de Chillán estaban entre nosotros. No obstante, Lautaro vivía en Suecia; Nicanor Parra, el antipoeta, en el litoral central chileno, pero con ese ostracismo asombroso en desmedro de los periodistas y de las premiaciones (recordemos que no asistió a recibir su Premio Cervantes en la Universidad de Alcalá de Henares), aunque en lo personal, sí tuve oportunidad de conocerle y de conversar con el también docente universitario de Física y Cosmología. En la capital Santiago, vivía también Oscar Parra Sandoval (el tony “Canarito”), el menor de los Parra, sin embargo, por esto mismo, mi objetivo era el Tío Lalo, por haber vivido diversas experiencias junto a todos sus hermanos, pudiendo recordar con exactitud aquellos momentos, por ejemplo, con Roberto o Violeta Parra (a los que me hubiera encantado entrevistar, por supuesto), entre otros; entendiendo también que don Eduardo sí era un hombre más bonachón que su hermano poeta, y que el compartir con la prensa y jóvenes sobre diversos escenarios, era una manera de energizar sus propias fuerzas, al haber renacido artísticamente ya octogenario. Entendía también este señor, y tan bien, que por su forma de ser, era el depositario natural de los mayores momentos de su familia en la intimidad de los sufrimientos y esfuerzos, y que al dejarlos en la intemperie, pasaba a convertirse ipso facto en el mayor orador de su familia de un gran legado cultural para la nación y allende Los Andes.

 

Dato el margen, todos los Parra se iniciaron bajo la carpa de un circo, actuando más de una vez, incluso el mayor, Nicanor Parra. Y luego, varios de ellos en forma profesional, tan así, que en la década de los años sesenta (1965) don Eduardo Parra Sandoval sería elegido nada menos como el flamante presidente del Sindicato Circense de Chile.

 

Entonces, volviendo, desde aquella primera visita a su hogar, entraba de lleno en el templo sabio, sencillo, artístico y musical de estos Parra valiosos, y ante eso, había que ser muy cuidadoso, muy respetuoso, en beneficio de ellos mismos y de las nuevas generaciones.

Diversas jornadas en su hogar, entre algunas copas de vino o de cervezas, algún asado a la parrilla y empanadas, recuerdos varios, fotos únicas e históricas, iban dando creación a lo que sería la única obra literaria que se conoce como un auténtico material de consulta para conocer, saber, indagar, cómo fueron sus primeros años, y del por qué se dedicaron a lo que se dedicaron primeramente como oficio para matar de alguna manera su pobreza y hambruna, hasta transformarse en notables íconos culturales tan reconocidos por esta centuria y la anterior, uva tras uva.

 

Nos cuenta el tío Lalo a través de sus décimas entregadas en forma exclusiva para este libro:

 

Una alcancía robé

al hijo de mi patrón

cachiporra era el huevón

y por eso lo cagué;

pero altiro las pagué.

Nicanor me la pidió

unas chauchas me dejó,

me compraría zapatos.

Esperé tremendo rato

pero nunca me cumplió.

 

Mi compañera profesional por aquellos días era una simple grabadora, a pilas, de aquellas con casete de máxima duración de 45 minutos por lado, ¿recuerdas?, las había también de treinta, los que después se convertirían en una edición titánica para poder ir rescatando lo más importante de esta historia fascinante, como si todo ya no fuera valioso. Para adelante, para atrás, entendiendo que en pleno diálogo, de pronto iban apareciendo nuevos momentos y personajes, dejando de lado lo programado con anterioridad para que no se perdiera el hilo, haciendo de aquellas cintas ya habladas, un constante ir y venir por ese tiempo del origen de su persona y de su parentela.

También me daría el honor de conocer a parte de su familia, de acompañarle a diversos conciertos, ciudades, incluso a la celebración del cumpleaños número 90 de su hermano Nicanor Parra, logrando con don Eduardo una férrea amistad, y con ello, entrar de mejor manera en su corazón y su mente, pudiendo entregarme momentos únicos de su propia biografía y la de sus hermanos (más allá de la correcta educada tensión entre periodista y personaje), es que beberse un vino con uno de ellos en particular, es imposible no terminar brindando con todos, algo tan ‘’parriano’’, por cierto, no en vano, es la vid cultural más fructífera y excelsa de esta nación al sur del mundo y, ante eso, hay que ser respetuoso del mandato de los dioses.

La tarea de apoyo a este libro específico también sería puntillista, idas a la Biblioteca Nacional (en la capital Santiago), fotografías pertenecientes a su exclusivo álbum familiar (donde van apareciendo la mayoría de su parentela, por separado, Violeta, Hilda, Nicanor, Roberto, por ejemplo), otras retratadas por mi persona, recopilación de revistas antiguas de los años sesenta de un siglo que ya se fue, además de opiniones y entrevistas a terceros (donde se incluyen a sus familiares más directos), irían dando correcta forma a este libro titulado: “Lalo Parra. El tío de Chile”, dándole mayor realce precisas décimas escritas por el propio protagonista, corroboradas por su hija la también folclorista y escritora Sra. Clarita Parra (quien escribe un emotivo prólogo en esta obra) luego de la muerte de don Eduardo, pudiendo en lo personal, crear con exactitud esa biografía de él mismo, y parte de la de sus hermanos, incluyendo sus respectivas infancias y adulteces.

 

Para muestra otro copihue:

 

Todas las noches cantamos

y dormimos en patota

porque sudamos la gota

pero plata no ganamos.

Con Violeta nos miramos,

adivino el pensamiento

le sonrío muy contento

el canto nos sale bien

Hilda despertó recién

creo que llegó el momento”.

 

2. ¿Cuál es el rol y la contribución a tu juicio de la familia Parra a la cultura chilena?

 

“Me emociona mucho poder responder esta pregunta tan grande, ojalá lo haga de buena manera.

Entrar en la vida, en el entorno sagrado, mítico, en las almas de estos ilustres Parra, es un trabajo mayor para todo escritor e investigador, siendo claro, es “meterse en las patas de los caballos”, porque al hacerlo, se está introduciendo también en el alma de Chile, y ante eso tan potente, hay que hacerlo con mucho cuidado, con suma beatitud por nuestros sobresalientes personajes, por nuestras propias tradiciones, y por todos aquellos que les admiran y continuarán admirando. Por ende, tanto por los receptores como por los depositadores culpables de esta simbiosis única, por los tantos logros que el pueblo de esta nación ha ido tejiendo paso a paso, dolor tras dolor, entre el esfuerzo y la pasión, el valor y las ganas, perseverancia, como una forma de vida desde el silencio y el grito de los incomprendidos, más allá de las luces o de la gloriola, del reconocimiento que alguna vez pudieren obtener por realizar simplemente lo que mejor saben hacer, cantar, tocar un instrumento, sembrar, tejer, escribir, lavar, amar, luchar, pensando un mundo mejor para ellos y para todos, debo decir que ahí, en sus corazones y pensares de estos “Parra de Chillán y de Chile”, están también quien cosecha a pleno sol, la madre sufriente, las golpeadas, las madres solteras, los esforzados pescadores, las putas, los mineros de Lota y del norte, los borrachos por alguna muy personal razón, los detenidos-desaparecidos de una época muy dura que les tocó también vivir a esta trascendental familia como fue desde septiembre de 1973 hacia adelante, los incomprendidos, los indígenas de esta nación tan irrespetuosa con las culturas ancestrales, los obreros, sus sindicatos, los cesantes, los enfermos, las mujeres valerosas luchando palmo a palmo, los de la orfandad mendigante, del señor que cada mañana nos retira la basura, las tejedoras, las artesanas, desde Arica a la yagán Villa Ukika en la Patagonia chilena (incluyendo Isla de Pascua), de los cantores urbanos populares en bares, buses, calles o lanchas, de tantos padres y madres que se levantan en madrugadas sin amaneceres para poder llevar el diario sustento a sus seres más queridos. Tantos, tan bien descritos, mostrados en sus respectivas obras, independiente del estilo o forma.

 

Siendo claro, me refiero a ese Chile real, proletario, valioso, cultural, ávido de aprender y de seguir avanzando; de ese Chile que no aparecerá en canciones tradicionales, en escritos para eruditos, en la televisión del encantamiento para embrutecimiento, ni en esas lindas postales con paisajes bellos y sonrisas eternas… Cultura popular chilensis en su máxima expresión. Eso son los Parra. Dioses terrenales que han sabido a través de su arte empaparnos con ese zumo exquisito que brota a diario en nuestros campos y poblaciones.

 

Una huella para tantos, quienes por estos tiempos les ven con admiración, tratando de emular sus caminos con más fuerzas aún, porque si los Parra pudieron, insertos en una época nefasta para el pobrerío y para la obrera y el obrero, plazos clasistas y conservadores, donde la pobreza era mucho más dura que la aún existente, y el folclor mirado por el hombro porque no era considerado cultura, si esos niños Parra sin zapatos durmiendo con esfuerzo 11 en solo dos camas, con hambre y llantos, quienes cantaban en las calles por una botella de leche y verduras, en los circos, en los trenes, o limpiaban tumbas ajenas en el cementerio local para obtener algunas monedas pudieron… ¡Todos pueden!

 

Una clase magistral de cómo se debe cabalgar por laderas pedregosas y en contra del viento, cuando se cuenta con la convicción humana.

¡Es que son los Parra pues carajo! La biblia misma del esfuerzo y las ganas, del saberse importantes más allá de profesiones y/o oficios, haciendo de sus propios andares una auténtica escuela de vida, y entregando a pesar de pesares, sea lo que fuere y venga quien viniere, con suma alegría, sus respectivas artes, para que su pueblo que tanto han amado, aman y seguirán amando, continúen teniendo momentos de esparcimientos y contentos, y siempre sin miedo al miedo, como si estuvieran dentro de una tradicional fonda o ramada de Fiestas Patrias, porque eso también son los Parra, incluyendo sus actuales generaciones quienes siguen con hermoso orgullo la senda trazada… Tanto, en verdad”.

 

3. ¿Cómo definirías a don Lalo Parra como artista y cuál es a tu juicio su legado a la música popular chilena?

 

“Antes que todo, me gustaría resaltar al hombre, al ser humano, que de ahí parte todo, en estos Parra y en todos, que sus virtuosismos llegarían pronto o al andar de acuerdo a sus personales historias.

Entonces, a don Lalo Parra lo describo como un hombre sabio, querendón, bueno para las fiestas, para una botella de vino o un mote con huesillos, para una buena cazuela de vacuno “pero de campo, y con chuchoca”, para andar en tren con la familia y comiendo huevos duros a bordo, el de “una empanada frita pero de pino” o de unas ricas tortillas de rescoldo. Amigo de sus amigos, amante de sus amadas y de su club deportivo Colo-Colo, enojón como todos los longevos Parra, con un genio de los mil demonios, al igual que Violeta o Nicanor, por ejemplo, con ese genio de genialidad y ese de temperamentos, pero que se iba rápidamente para seguir siendo el de siempre… Es decir, un chileno más de esta loca geografía.

 

Relacionado con tu pregunta, fue un hombre virtuoso escrituralmente, creador de décimas notables, afortunadamente, plasmadas en libros, un decimero de altura al igual que la mayoría de sus hermanos como el mismo tío Roberto o la gran Violeta.

Un músico y cantor popular que con la guitarra que tocaba como los dioses y su sencillez, siempre apoyó a los más jóvenes, tanto en los años, 60 en la creación de la mítica “Peña de los Parra” ahí en Carmen 340 (Santiago centro), en “La Carpa de La Reina” de su hermana Violeta, o a través de los tantos chiquillos músicos e intérpretes que querían nutrirse de las artes de un genuino Parra. Tema no menor en cuando a legado, el que también desarrolló de muy buena manera en el resto de su familia, apoyando a sus primas, primos, sobrinas y sobrinos, dándole a cada uno su tiempo para que pudieran mejorar o acentuar con excelencia el apellido que orgullosamente llevan, pudiendo así pasearlo y honrarlo con altura y excelencia.

 

Así me lo dijo una tarde:

 

“A mi edad, en el fin de mi carrera artística, me siento completamente realizado al poder reunir sobre un escenario a cuatro generaciones del clan Parra”.

 

Señor que un día decidiera pasear el folclor chileno por diversos países de Latinoamérica entre las décadas de los cuarenta (donde ya grababa para el sello RCA VICTOR), cincuenta y sesenta como creador de “Los hermanos Parra” (agrupación artística junto a su esposa Clarisa Moreno, y también con su hermana Hilda Parra Sandoval), misma función y época de lo realizado por su hermana Violeta, claro que esta vez por Europa, sin pensarlo quizás, uniendo Lalo y la Viole al mundo con nuestra cultura, llevando a sus respectivas naciones nuestras tradiciones a través del canto, la música y la danza, mucho antes de que se conociera como una verdadera institución esta notable familia que ahora nos convoca.

 

Un cantor y músico que junto a su hermano Roberto, inserto en el bajo mundo del pueblo, crearan los ya reconocidos estilos musicales denominados: “Jazz Huachaca” y “Las Cuecas Choras”, relacionadas y como gran homenaje a los más desposeídos, trabajadores y borrachitos de esta nación, acompañando a su hermano mayor en diversos conciertos, tanto en voz como en guitarra, dos Parra que nacieron chicharras y siguieron parreando hasta el fin de sus días.

Y algo muy importante, además, enalteciendo a personas de su edad, ya octogenaria, al cantar sobre reconocidos escenarios con diversos grupos de estas generaciones, muestra de ellos son sus presentaciones con la reconocida banda nacional “Los Tres” liderada por Álvaro Henríquez.

 

Dice el maestro Parra:

 

Me llegó manso contrato

con la banda de Los Tres.

A la guerra, mande usted

me sacan lindos retratos

ensayos a cada rato

pa´ presentar la Yein Fonda;

como tirao con honda

cantaré mis cuecas choras.

El jazz huachaca por hora

marcharé en la misma honda.

 

También su propia formación y asesoría de las agrupaciones: “Los Churi-Churi”, “Las Paguachas” (señoritas universitarias), o “Los Chamullentos”, realizando diversas giras que conocerían también de esta nueva generación de folcloristas interesada en las artes parrianas y en nuestra cultura tradicional en vez de música foránea; incluso, filmando don Eduardo un renombrado y muy visto comercial de televisión para una exclusiva marca, y siempre con la sencillez en sus venas; como también, su asesoramiento para una reconocida teleserie chilena de aires folclóricos creada por TVN.

Es decir, un Parra Parra, de los que jamás dejaron ni dejarán desaprovechar los momentos que les va otorgando la vida, otra de las notorias virtudes de esta familia… En resumen, un artistazo popular chileno digno de ser admirado y reconocido por tan fructífera siembra ¡Parra tenía que ser!

 

Y que lo recuerden:

 

“Simplemente como el Tío Lalo. Un hombre del pueblo al que siempre le gustó políticamente la izquierda, viviendo junto al pueblo, es decir, con la gente modesta, con la gente pobre, y un muy buen amigo””.

 

4. ¿Cuáles son a tu juicio las principales influencias literarias o periodísticas que han marcado tu trabajo?

 

“Difícil pregunta, muy incómoda también para mí, simplemente, porque no quiero pasar a llevar a nadie al no nombrar a alguno. Pero resulta, lo digo con mucha sencillez, modestia, humildad, por favor, que así se entienda, que no tengo ni he tenido en estas artes, ni influencias literarias ni periodísticas.

Suena raro, pero si te das cuenta, he creado un muy particular estilo en cuanto a biografías, donde el protagonista principal es el hablante, en primera persona, a través de un diálogo periodístico, cierto, pero desde lo profundo del alma y corazón, haciendo una historia más bien humana, más allá del artista, pasando por todos los momentos de su vida, mejor dicho, desde una conversación franca y amena, para lograr el necesario encantamiento del lector, sobre todo, en estos tiempos del tan poco cariño por los libros, y por ende, de la literatura y lectura. Se me ocurrió no más, y aquí estamos, en este baile, respondiendo tus preguntas en tan seria entrevista.

Y biográfico, porque sí le voy preguntando acerca de sus padres, de su infancia, a qué jugaba, por ejemplo, cómo eran sus navidades, qué recuerda de sus inicios artísticos, anécdotas con sus hermanos, etc., hasta llegar a sus mayores logros e hitos artísticos.

¿Sabes? Todas mis obras son de igual corte, y con una demora de creación de aproximadamente cinco años por cada libro (y en otros, más), ahí están luciéndose con luces propias: “Las comadres. “Margot Loyola recuerda a Violeta”, narrada por la maestra del folclor Margot Loyola”; “¿Qué se escribe cuando se escribe? Conversación con Gonzalo Rojas”, basada en varias entrevistas al poeta en su casa de Chillán; “Lucho Gatica. El Rey del Bolero”, lo mismo, siempre de primera fuente y en forma de diálogo; o los que vendrán el 2023 junto a mi casa editorial Trébol Ediciones: “Isidora Aguirre. Una dramaturga esencial”; “Vicente Bianchi. Entre Mozart y Arrau”; o “Vicente Bianchi y Pablo Neruda. Una amistad histórica” (conversaciones con el maestro Bianchi sobre la sociedad musical entre ambos). Todos financiados y premiados por el Fondo del Libro perteneciente al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio del gobierno de Chile. Algo muy importante para mí y que, por favor, concédeme la oportunidad de decirlo y agradecer.

 

Eso sí, la que siempre me incentivó a que me acercara a personajes del valioso mundo cultural fue la investigadora, maestra, escritora, intérprete y docente Sra. Margot Loyola Palacios, Premio Nacional de Artes Musicales 1994, con quien tuve el honor de trabajar periodísticamente durante veinte años. Madre también putativa, quien me apoyara de todas las formas posibles para que no me separara jamás de este frondoso árbol cultural, incluso, entregándome datos únicos, cartas, fotografías, postales junto a magnos personajes, sus personales números telefónicos (hasta dinero para mis viajes), amadrinando mis andares al igual que un día lo hiciera con su amiga y comadre Violeta Parra desde 1952… Todo un honor y que debo resaltar, por favor, en una instancia como esta.

 

En resumen, en verdad, no tengo ni influencia literaria ni periodística, teniendo mi bandera un solo objetivo, rescatar a nuestros grandes personajes a través del libro, de la conversación cara a cara, respiro a respiro, gesto a gesto, ojos a ojos, para que sigan perdurando también a través de este formato… “Verba volant scripta manent” (“Las palabras vuelan, lo escrito permanece”, y para siempre).

La razón es más simple, al menos para mí, y es para no caer en ese juego tramposo-relajado-querelloso de quizás llegar a copiar inconsciente o no, episodios, fotos, lugares o momentos aparecidos en otras obras literarias. De seguro se repetirán, porque es un mismo personaje, pero eso sí, escrito tal como lo va tejiendo, hebra tras hebra, sin cambiar tampoco su forma de hablar, ni sus modismos ni chilenismos, para que en verdad los lectores sientan que al leer, están escuchando frente a frente, al propio personaje sentado en su living, en su cama o en su oficina, autenticidad le llaman. Por ahí voy yo, es de valientes también.

 

Entonces, mi inspiración son los verdaderos protagonistas de este asunto, nuestros auténticos padres y madres de este Chile cultural, por ahí cabalgo con mi fiel Rocinante, dándole un correcto orden a las cosas, así es que a ellos todo el honor y gloria por lo tanto entregado, lo que nos pertenece a todos los chilenos... como los Parra.

 

Qué satisfacción comprender la inmensa figura de este clan, y que haya nacido en nuestro territorio. Patrimonio de un pueblo que con justa razón le aplaude, necesitando saber cada vez más de su historia.

 

Aprovecho esta instancia para agradecerte por esta notable entrevista, en tiempos donde los temas culturales están cada vez más lejanos de los tradicionales medios de prensa y, por ende, tan poco queribles en la mayoría de la población. Afortunadamente, sigue existiendo periodismo como el de ustedes y, por ende, lectores hambrientos de cultura que tanto necesitamos. Es justo repetir entonces una histórica frase del guerrillero chileno Manuel Rodríguez Erdoíza: “¡Aún tenemos patria ciudadanos!”… Y la de la hermana del tío Lalo: “Gracias a la vida”. Gracias, infinitas gracias y a seguir cabalgando con conciencia”.

Rony Núñez Mesquida, escritor y columnista de Le Monde Diplomatique Chile.

NOTAS:

[1] Op. cit página 16

[2] https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-794.html

[3] Op cit página 100

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