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Las izquierdas en los tiempos de la peste. Por Ibán de Rementería

La peste: la calle y la vida

La primera tarea de las y los de izquierda en estos tiempos de la pandemia del coronavirus es ser solidarios con quienes la padecen y previsores con los que están en riesgo de padecerla, pero la principal tarea de quienes se reclaman de izquierda es política, es la tarea de la denuncia y la movilización popular en contra del uso represor que quiere hacer el poder político neoliberal de esta crisis sanitaria. Luego que la nación insurrecta desde el 18 de octubre pasado conquistara en las calles el derecho a darse una nueva Constitución política democrática, a pesar de la resistencia de la institucionalidad política nacional, la pandemia del coronavirus se instrumentaliza como “la peste” por el poder del Estado, es la enfermedad vuelta miedo.

Al poder político neoliberal instaurado no le interesa la salud de la población, lo que se propone es disciplinar a la nación para lo cual todos los sospechosos deben ser confinados en sus hogares, los renuentes multados o recluidos en las cárceles, como los insurrectos han sido y son las grandes mayorías nacionales esas mismas pueden ser controladas como sospechosas de estar contaminadas por la peste.

Cierto es que esas grandes mayorías padecen y padecerán la peste, pero la padecen porque el poder político neoliberal destruyó la salud pública para organizar el negocio de la salud con las que lucran las Isapres; cierto es que la mayor población de riesgo son las y los adultos mayores, debilitados con unas pensiones miserables que el poder político neoliberal paga por los empréstitos forzosos que todos estamos obligados a entregarle a las AFP; cierto es que la mayor parte de la población va a padecer la peste porque vive en condiciones de hacinamiento antihigiénicas, porque el poder político neoliberal entregó la implementación de la vivienda popular a las grandes empresas inmobiliarias; cierto es que las grandes mayorías no saben cómo manejarse en la peste porque la educación pública se volvió mala educación, para obligar a comprar educación privada, además “reguleque”.

Cierto es que las grandes mayorías nacionales son trabajadoras y trabajadores asalariados que asumen el riesgo del contagio de la peste porque no pueden faltar a sus trabajos, ya que el poder político neoliberal permite a los empresarios suspender o cancelar los contratos de trabajo si se ausentan para cumplir con el confinamiento, además la mayor parte de ellos o no tienen contratos o estos son de corta duración o por faenas. Asimismo, más de la tercera parte de la fuerza de trabajo nacional es trabajadora o trabajador por cuenta propia, si no producen y venden, ellos y sus familias padecen el hambre, entonces, no les queda más remedio de compartir la calle con la peste. Además, hay que compartir con la peste para comprar víveres y medicamentos, cobrar pensiones o ayudas, visitar parientes o amigos en dificultades.

El poder político neoliberal conducido por este gobierno de brazaletes y pantallas pretende ganar algo de legitimidad porque reparte a algunos sectores de las grandes mayorías subvenciones de 50.000 pesos u otras partes misérrimas de sus salarios, mientras provee de abundantes créditos subvencionados a las grandes empresas y algunas pymes para parecer democrático.

No lo olviden, la peste no es la enfermedad que puede causar a algunos el Covid-19, la peste es el control social, económico y político que sobre todas y todos nosotros pretende ejercer mediante el miedo este poder político neoliberal de los brazaletes y pantallas. ¡No lo olviden la lucha continúa!

Ibán de Rementería es académico, experto en drogas y seguridad ciudadana

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