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Las responsabilidades y perfiles de los candidatos a constituyentes. Por Luis Osorio

Dejando de lado algunas aprehensiones y dudas sobre el proceso constituyente, luego del plebiscito del 25 de octubre de 2020 y el acuerdo del 15 de noviembre de 2019, con la inscripción de candidatos el lunes 11 de enero, ya se encuentra listo el hito 2, posterior al hito 1, aunque sin obedecer a una secuencia lógica dado que ya efectuado el hito 1 el proceso no estaba definido en su totalidad.

Lo que viene, reviste una gran importancia, en la cual los actores que intervienen juegan un rol clave, estando en pleno desarrollo una estrategia planificada en algún lado, donde no hay ningún resultado garantizado, al finalizar la Convención en abril de 2022.

De manera insistente, se adelanta que se está jugando el futuro por varios años, tal como lo ha sido los períodos que en el país han abarcado las Constituciones existentes a la fecha.

El contexto está rodeado de elementos muy exigentes para los constituyentes, ya que en ese jugarse una gran cantidad de años, también hay por detrás un largo tiempo con el cual cada uno se perfila de manera diferente y que es el nexo que ha tenido con la Constitución del 80. Sin dudas, para algunos constituyentes la exigencia ciudadana será mayor, otros estarán supeditados al poder económico y a un estilo conservador.

Además, no se puede separar el proceso en curso, del resto de los procesos eleccionarios que están por venir, ya que los canales comunicantes deben ir en total sintonía, tanto en quienes se proyectan en los planos territoriales, regionales, parlamentarios y de gobierno. Sería incoherente hacer una separación del todo, la Constitución que se inicie después de celebrado el plebiscito de salida, entregará las directrices para el país y en rigor, muchas áreas deberían ser sometidas a cambios.

El proceso constituyente, también tiene un detalle fundamental, ya no se trata de una minoría relativa la que intervendrá en la decisión final, sino que serán todos los ciudadanos en edad de sufragar, quienes, al alero de la inscripción automática, deben concurrir a las urnas a pronunciarse. Por tanto, están las condiciones para un involucramiento de la población, aun saltándose lo formal y un acuerdo del cual muchos no fueron parte, pero por las condiciones fijadas, de igual forma estamos involucrados.

No hay que esperar pasivamente lo que vaya ocurriendo en las reuniones de los constituyentes, sino debe haber un estado de alerta y participación permanente, por cuanto las decisiones que se vayan tomando, deben dar respuesta a las demandas ciudadanas, lo cual implica ir guiando desde fuera, el sentido del texto constitucional, y no desde el asesoramiento que en ocasiones transcurre alejado de la realidad. Se trata de un proceso deliberante y transparente, que debe tomarse el máximo de tiempo para llegar a resultados, y por qué no si fuese imprescindible, extender los plazos, a objeto de dar un dinamismo ampliamente participativo, dadas las condiciones especiales derivadas de la pandemia, se debe aceptar que, desde el 18 de octubre de 2019 en adelante, las agendas sí pueden ser modificadas.

Son los Cabildos las organizaciones que deben ir orientando, lo que se ha tratado de instalar, la que nos indica que por primera vez es la ciudadanía la que será parte de la nueva Constitución, debe ser una ciudadanía en movimiento, no hay que considerar el concepto de los representantes y los representados, sino que es la canalización de ideas que aporten por todos lados, una construcción conjunta.

Debe desarrollarse una proyección en profundidad, de ir anticipando un cambio social, acompañado de todas las implicancias de modificación de leyes que vendrán más adelante, si es que se aprueba una nueva Constitución estructuralmente diferente de lo que ha sido la Constitución del 80 y que es donde radica la demanda proveniente de problemas sociales agudos productos de una desigualdad extrema.

Las palabras expresadas, presentan una buena imagen y una aparente sensación del supuesto que todos están construyendo un país de alto consenso, pero la realidad es diferente, los posicionamientos de cada uno ya vienen determinados por condiciones previas, tanto por los lineamientos de la reforma que hace posible el plebiscito, como por la forma en que ha transcurrido la historia.

Vamos hacia el hito 3, representado por la elección de constituyentes, período que estará marcado por “el discurso de campaña” y las ventajas con que parten algunos sectores.

Por otra parte, hay un factor latente, aunque el conocimiento otorga una respuesta, y es sí el gobierno en todo este tiempo tendrá una actitud del ámbito de la ética política. Las señales van en sentido contrario. Habiéndose estipulado que la nueva Constitución no puede intervenir en los tratados existentes, un acto de decencia sería que el gobierno no siga propiciando bajo ninguna forma la aprobación de nuevos tratados, en conciencia que dentro de poco tiempo habrá determinaciones trascendentes radicadas en la mayoría efectiva de la población, y esa mayoría se debe respetar desde ya. Vendrán nuevos tratados instaurados en un orden institucional que puede ser diferente.

La visión compartida, lleva un aire de optimismo, no obstante, se trata de una etapa que recién comienza. El plebiscito del 25 de octubre, podría clasificarse como un acto cívico de importancia, pero lo que ahora viene tiene mayor relieve, se comienzan a exponer ideas por parte de los candidatos y se deben ir aclarando dentro de tres meses, las intenciones de cada uno de ellos. Es el momento en el cual se podrían ir graficando rutas de decisión y la forma de concebir la sociedad. Estará latente los pareceres respecto al término de la Constitución del 25, con el golpe de estado del 73, impulsado por los sectores de derecha y con uso de la violencia como medio.

Tendrán que haber opiniones sobre la convivencia en todos estos años con la Constitución del 80 y nociones claras sobre los efectos estructurales que esta ha tenido.

Concurren como candidatos, militantes de partidos e independientes, éstos últimos como tales, no es que sean apolíticos, sino es la expresión de no sentirse identificado con un partido, pero por la naturaleza de querer ser parte del proceso, que desemboque en la Constitución Política que deberá regir tal vez en una cantidad considerable de años, a lo menos se manifestarán con una “dependencia” del pensamiento político de como debe ser el país.

La confluencia alrededor del significado del proceso, es bastante heterogénea y para algunos, aunque no lo reconozcan, representa una situación de incomodidad.

Quienes se inclinaron por la opción rechazo, tienen una partida ya con texto redactado y el cual es la Constitución del 80. Sólo requieren lograr más de un tercio en la Convención Constituyente y con eso les será suficiente para obstaculizar y detener los cambios. Están alejados de los movimientos sociales que demandan condiciones dignas, por lo tanto, tendrían que tratar convencer con las bondades de los últimos 30 o 40 años, e incorporar la campaña asociada al Chilezuela. Algo interesante por observar, es si proclamaran públicamente que estuvieron por el rechazo y cuál será su rol en lo que viene si resultan elegidos como candidatos. No hay que olvidar el caso, en que no se apruebe el nuevo texto constitucional, el acuerdo indica que sigue en curso la Constitución del 80, por lo cual podrían direccionar su acción a generar las condiciones para que ello ocurra.

Otro segmento, se articula desde la derecha entre quienes estaban por el Apruebo, pero que de igual forma pertenecen a sectores desde los cuales se gestó la Constitución del 80, y cuya postura podría ser la incorporación de reformas a ésta, pero partiendo ya de algo basal. La nueva Constitución, les otorga un camino más rápido de la incorporación de cambios en la Constitución actual de lo que podría haber sido una larga tramitación en el parlamento. No sería extraño, que se transformen en una bisagra entre la derecha del rechazo y partidos de la Concertación, con visión de 40 años más y velando por los intereses que siempre han protegido. No están aislados de la derecha, sino que son parte de una estrategia de disponer de dos alternativas según el curso de los acontecimientos. En campaña por ser constituyentes, lo más probable es que actúen en bloque, no habría bancadas diferentes de derechistas aspirantes a constitucionales.

Un grupo más que tendrá una campaña de mayor incomodidad, será la de los partidos que se caracterizan, por ser de la Concertación.

Siendo de la partida de los gobiernos post dictadura, enfrentaban una disyuntiva de un futuro de corto plazo en ese momento, ponerse en la línea de las reglas del juego que venían desde el gobierno militar, asimilarse al modelo y administrarlo, o habérselas jugado por un cambio que después de 30 años, ya habría tenido resultados positivos. La línea escogida fue la del acomodo, incluyendo lo medular de la Constitución 80.

Podría ocurrir, que trataran de alguna forma justificar su accionar, pero no será fácil. El discurso de campaña a constituyente, tendría que tomar el carácter de rendición de cuentas. Deberán articular frases, en que digan “queríamos una sociedad de tales características, pero nos vimos impedidos de hacerla”, “aspirábamos a una Constitución nueva, pero nunca se dieron las condiciones para hacerlo”. Se agrega y en forma muy decidora, una respuesta a la interrogante ¿quiénes se vieron más favorecidos en lo gobiernos de la Concertación, el poder económico o la ciudadanía? ¿hubo una educación pública a la altura de los mejores establecimientos educacionales del país? Por otro lado, en las actitudes personales, ¿se obtuvieron ganancias de la asimilación al modelo o siempre se tuvo una actitud de austeridad?

¿Consideran una cercanía real con las demandas del 18 de octubre del 2019? Lo cierto es que no se puede consensuar y fingir unidad, desde el acto de un perdonazo o un arrepentimiento. La unidad sin contenido ni convicción anticipada, es análoga al conjunto vacío, conjuntos sin intersección. Inevitablemente, algo que parece un juicio al actuar en la historia, sí lo es. El estallido social tiene causas que lo originan, se fue incubando en el tiempo y era evitable.

Una cuarta opción, se representa en la certeza temprana de concebir el término de la dictadura militar, percibiendo la existencia de acuerdos escondidos y que significaba el respeto a lo estructural impuesto en un gobierno de facto.

No todos podían observar desde el año 90, lo que vendría más adelante, pero más temprano que tarde, lo normal de un régimen democrático debería haber apuntado al convencimiento dudoso sobre el significado de convivir con una Constitución redactada en dictadura.

La razonabilidad y el entendimiento, impiden aceptar una situación de este tipo, que impregnan a la historia un halo de rareza, la ausencia de principios. La convicción de la necesidad del cambio, se contradice con los que lo impidieron y llevan a provocar una situación de máxima tensión.

Ya descrito en oportunidades anteriores, se trata del valor de la consecuencia de identificar en plenitud el daño provocado durante el período dictatorial, y aceptarlo o por el contrario haber construido de manera oportuna lo contrario a la desigualdad, y el otorgamiento de oportunidades reales para todos, en que no basta con la movilidad social, si es que la sociedad tiene otros elementos que limitan el valor de lo público. Confluye el valor de sectores nuevos y otros más que centenarios, lejanos a esos partidos consagrados como instrumentales, que las décadas los han puesto al descubierto respecto a su sentir. Se pone de manifiesto en forma creciente la sensibilidad social.

Bajo esta descripción, se trata de un sector de la población que si bien es cierto tampoco han podido desarrollar con claridad modelos alternativos, sí tienen noción de mayor tiempo en lo nefasto de una convivencia con la Constitución de Jaime Guzmán, en que anticipaba el designio de no abandonar en ningún momento el elemento clave de los dos tercios. Los independientes se levantan desde distintos sectores de los ámbitos sociales con experticia en sus temáticas, pero en lo constitucional deberán estar observando el todo e involucrase en alguna de las cuatro vistas de los perfiles de potenciales constituyentes, pero a la vez tendrán el rol de sumarse a otros en una defensa hacia cambios de proyección social de manera transversal.

La práctica de los Cabildos, es un encuentro de participación ciudadana de mucho valor que debe tener una acción en paralelo e incluso en forma anticipada a la elección de constituyentes. Hay algunos aspirantes a constituyentes que no alcanzarán a ser elegidos, pero si se organiza un Cabildo, éste tendrá vigencia incluso por más tiempo del fijado para que sesione la convención de constitucionales.

Por último, no hay que pecar de ingenuidad. Desde cualquier espectro del ya descrito, desde un acérrimo partidario de la Constitución del 80 hasta el visionario de largo tiempo contrario a la dictadura, podrían cada uno por su lado estar realizando Cabildos, los cuales no son privativos de un solo sector. Más aún, es probable que la derecha ya tenga textos constitucionales redactados, dicho esto en conocimiento de su modus operandi. La alternativa que contrarresta de manera más efectiva, es ir respondiendo a la pregunta de ¿qué sociedad queremos para el futuro?, y desde ahí se podrá discernir a quien creerle en sus planteamientos.

Mientras tanto, en apariencia, el gobierno de derecha seguirá dando la ambientación a lo constituyente, desde palacio, al menos en el 91% del tiempo en que puede demorar en redactarse la nueva Constitución, pensando en que tendremos a Piñera hasta el 10 de marzo del 2022. En estos días preocupado como siempre del tema de seguridad y de ser autor de la modificación a lo previsional, que tiene las raíces en otro miembro de su familia.

La instalación del tema previsional, es otra muestra de la falta de ética, no debería ser un ámbito de su gobierno, por lo sensible que es en la discusión constitucional y la concepción de una sociedad justa o una sociedad injusta, en que la pensión digna es un tema esencial. Es el instante en que el ejercicio de lo legal va en desfase con la ética, si es que se le da valor a ésta última. Por cuestión de ética hay materias que pueden esperar, y con lo derivado de la pandemia hay bastante gestión a la cual el gobierno se puede abocar, con una gran oportunidad de corregir los errores cometidos, aunque no pueda enmendar en una sensibilidad que no tiene.

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