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Lemebel, en la ciudad emerges. Por Paquita Rivera y Alex Ibarra

En el Teatro Nescafé de las Artes, a sala llena, fue la presentación de la obra Lemebel: La Ciudad Sin Ti, adaptación realizada por Claudia Pérez y Rodrigo Muñoz junto a la compañía Chilean Bussines. La emoción se apoderó del recinto en este encuentro de homenaje a uno de los principales críticos de la sociedad chilena de la posdictadura. Los actores que dirigen esta compañía teatral gozaron del agradecimiento a través de incesantes aplausos que sólo fueron interrumpidos cuando sus directores hablaron para agradecer el reconocimiento. En estos días hemos vuelto a vivir, en distintos escenarios y plazas, el encuentro entre los artistas y un pueblo que necesita del arte. Las batallas ocurren en distintos espacios y tienen diversos modos de realización que van más allá de lo emotivo mostrando lugares comunes incluso en lo político, esta vez el canto unido rezaba: Fuera Piñera.

El elenco destaca en su actuación que se va desarrollando en una secuencia de actos que van recorriendo distintos momentos de la escritura que van mezclando los contenidos de las distintas causas de las que Lemebel se hizo un reconocido militante asumiendo una vocación pública. Este símbolo de la resistencia cultural aparece resignificado en el contexto de un Chile que comienza a presentársenos menos maquillado, con menos perlas y más cicatrices. La intención de la adaptación, de los también actores Pérez y Muñoz, es fiel a esa honestidad del relato que no evade el enfrentamiento con la conciencia de lo que somos asumiéndolo con valentía y rebeldía.

Es certera la selección de los textos rescatada de la producción de Pedro Lemebel, en el sentido en que se logra presentar una visión clara de los principales tópicos del pensamiento de este escritor que está a la vanguardia en la revolución transformadora del Chile actual. Lemebel es un ícono que desde la marginalidad desafió lo obsceno de la herencia de la dictadura sostenida en el patriarcalismo (machista/marica) y en el brutal neoliberalismo. Las crónicas de este autor, desde una estética definida, muestran una historia en la que nos reconocemos con facilidad, por eso podemos reír frente a estas ironías.

Digno de destacar es la música creada por Manuel García e interpretada en vivo por Hans Horta, que refuerza con sus “coloridos”, a veces melancólicos y otras eufóricos, la atmósfera “lemebeliana”, en donde no podía no estar presente la cumbia, ya prácticamente parte de nuestro folklor y muy propia de la quinta de recreo, fonda, y fiesta en sectores de los márgenes de la gran urbe. Tampoco podía quedar fuera el rap, expresión musical apropiada y magistralmente desarrollada por una juventud ávida de expresarse, la que se reúne en las esquinas, la que muchas veces se siente encarcelada dentro de los márgenes de la población, la del centro comunitario, la que saca la voz por los “sin voz”. El arte de las calles, de los rincones obscuros y malolientes tan propios de la estética en la que nos sumergen los creadores de esta adaptación que recoge de manera precisa e irónica la lírica de este irreverente artista . Como guinda de la torta, la obra nos despide con la música del ícono kitsch Paquita la del Barrio, y su “rata de dos patas”, un grito desesperado de liberación de género ante la opresión del machismo tipificando una sociedad a la cual Lemebel dedicó su vida a criticar y visibilizar en sus obscuridades y decadencias. Él, por cierto, un símbolo en sí mismo, de la sociedad que este 18 de Octubre, tras treinta años engrillada por el impuesto discurso neoliberal, gritó la necesidad de volver a expresarse; una sociedad decaída y apesadumbrada que va en tacos intentando equilibrarse para no caer y demostrar ser lo que no es, la misma sociedad que hoy hace suyos los principios lemebelianos, demostrando que no sólo puede caminar en tacos, sino también sobre ellos bailar y celebrar la libertad de ser lo que en esencia es.

La violencia impuesta por un sistema aparece en las distintas violaciones a la dignidad. El prototipo del “cachero de las pampas” y su actitud de superioridad se ve reducido a un simple y despojado hombre violado por sus congéneres, así como en el extremo opuesto vemos a la “mina chora y rica” que es sometida, también violada, por el capitalista urbano que no soporta la convivencia con el vulgo. Vemos la tipificación de una sociedad permanentemente violada, son muchas las víctimas inocentes de ese sistema político enfermo de un capitalismo que no ha podido ser transformado debido al blindaje que le proporcionan las fuerzas de la represión, amparadas por el Estado y que suelen llevarnos al silencio cómplice por el temor. Lemebel ya no estás en el under, a pesar de tus persistencias, hoy respiras en la superficie, estás nuevamente en las calles gritando en cada marcha con ese pueblo que te cantó: …ay cariño…

Paquita Rivera.
Alex Ibarra Peña.
Colectivo de Música y Filosofía:
Desde la reflexión al sonido que palpita

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