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¿Lo que Dios quiere…? Por Arianne van Andel

En las redes hay una gran discusión sobre la franja del mundo evangélico por el Rechazo, y sus discursos teológicos. Como “Evangélicos/as por el Apruebo” queremos mostrar que “LOS evangélicos” no existen, y que dentro del mundo evangélico hay posiciones diferentes, y que hay mucha gente que votará Apruebo, también sobre la base de su teología y su fe.

Esta mañana tuve una discusión con un colega sobre el mensaje que quisiéramos dar como Evangélicos por el Apruebo. Él dijo: “Podríamos decir que creemos que Dios está a favor de una mejor democracia”. Me hizo ruido su propuesta. “Por favor, no hablemos en nombre de Dios”, dije. “Creo que no debemos temer el discurso teológico: no sólo pertenece a ellos”, respondió.

Estaba pensando sobre este intercambio, y pensé que, como teóloga, de verdad no temo el discurso teológico, pero no estoy de acuerdo con la imagen de Dios que mi colega suponía. Creo que es urgente que vayamos des-tronando los dioses que hemos hecho a nuestra imagen. Como muestra Reza Azlan, en su libro “Dios, una historia humana”, es tan fácil proyectar nuestros propios deseos en la voluntad de Dios. Yo no creo que Dios es “Alguien”, con una racionalidad personal, que quiere algo para el sistema político de Chile, o para cualquier otro país. Ese Dios es un super-humano, que sabe todo de todos/as, y que nos indica lo que quiere o no quiere. Este Dios muchas veces ha sido patriarcal, y castigador. Se opone como fuerza del Bien al Mal (Sátanas?) Y podemos batallar en su nombre: “Dios quiere Rechazo”, “NO, Dios quiere Apruebo”. Quizás acertamos, quizás no...

Respaldamos nuestro debate humano con una autoridad metafísica, donde nos creemos dueños, o por lo menos, creemos que nuestra interpretación de su voluntad es la justa. Todo eso es tan humano: polariza y nos divide en nombre de Dios.

Yo creo en Dios. Pero ¿A quién o a qué llamo Dios? Para mí, primeramente, e inspirada por la Biblia, Dios es AMOR, y Dios es JUSTICIA (justicia = amor en el espacio público). Dios para mí es todo lo gratuito que nos da aliento, nos vincula entre nosotros/as/es y con la creación, nos relaciona, nos hace bondadosas, generosas, nos hace querer transformarnos en mejores personas. Todo eso y mucho más...todo lo que nos supera y transciende de muchas maneras, y lo que no podemos atrapar o nombrar tan fácilmente, a eso lo llamo Dios. Ese Dios no quiere, ni castiga, ni anda ordenando cosas. Ese Dios ocurre, acontece, está entremedio, a veces, a menudo sorpresivamente. Hablo con Dios, oro que esté presente, lo/la trato de movilizar en mí, me dejo cuestionar por él/ella, trato de buscarlo/a en comunidad, pido ayuda a todo eso y este solo Dios.

Pero NO hablo en nombre de él/ella…

Para la tradición cristiana, Jesús incorporaba a Dios de tal manera, que la gente lo reconoció: por eso es verdaderamente Hijo de Dios. Puedo seguir a Jesús: puedo ser amorosa y misericordiosa, buscar el diálogo, la dignidad de todas las personas, reunirme con personas marginalizadas, buscar que tengan voz y posibilidad de plenitud, ser crítica frente a las autoridades con sus leyes y dogmas, hasta dar mi vida por eso. Y en ese sentido, puedo aportar mi interpretación de lo que necesita Chile ahora, en este momento de profundo anhelo, como también algo de miedo, por el cambio.

Y cuando busco el amor, la dignidad y la compasión:

* veo que la desigualdad excluye a muchos/as, y que la Constitución lo mantiene.

* que se destruye la tierra, y que la Constitución no permite protegerla.

* que no hay derecho al agua, porque la Constitución protege la “privatización”

* Que los/as mayores no tienen una pensión digna, y que la Constitución no ha hecho posible buscar otro sistema de pensiones.

Cuando busco el diálogo,

* veo que en Chile hay pocas posibilidades de participación real de la gente en los procesos políticos,

* que todo se decide en Santiago,

* que no hay libertad religiosa porque muchas creencias y cosmovisiones -como las de los pueblos originarios- no tienen voz en el debate: y que la Constitución actual amarra eso.

Creo que lo que más valoramos, no debería ser parte del mercado: la salud, la educación, las jubilaciones: y que ahí se necesita un Estado que puede regular. La Constitución actual no permite eso.

Son estas mis razones para querer una nueva Constitución.

Ya vivo 15 años en Chile, y esto no se ha podido hacer con “reformas”. Ya vivo 15 años en Chile, y creo que muchos parlamentarios no representan muy bien al pueblo. Vivo en Latinoamérica y he visto que se han hecho procesos constituyentes ordenados y muy bonitos en Colombia, Ecuador, Bolivia.

Por eso voto el 25 de Octubre, como cristiana reformada y evangélica: Apruebo, Convención Constitucional.

¡Y pido a Dios que esté presente, que nos ayude, que nos sostenga en este proceso!

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