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Los desafíos de la educación chilena en tiempos de crisis: una mirada desde la filosofía y la educación. Por Marcela Beltrán, Alfonso Fernández y Felipe Quiroz

Desde comienzos del año 2019 en adelante (Pandemia del Covid entre medio) la humanidad se ha visto sacudida por estallidos sociales de diverso tipo, en numerosas capitales del mundo. Santiago de Chile no fue la excepción, sino que resulta un punto de referencia inmediato, ya que se trata de la capital del primer país en el que el sistema en cuestión fue instalado. Y al tratarse de un modelo que influencia a todos los ámbitos del contexto social, y al ser su rango de influencia de carácter global, su crisis también lo es.

Parte de esta desestructuración, impacta, por cierto, a la Educación, en todos sus niveles, tanto en Chile como en el mundo. La misma se ha visto delimitada, en los últimos 30 años, por los criterios de mercado, inevitablemente. En lo relativo al nivel superior, esto no solamente afecta en función de la matricula, sino respecto del sentido mismo de lo que entendemos por Academia. Es necesario, ante la actual contingencia, cuestionar, si continúa siendo viable la visión del actual presidente de la republica que consideró, explícitamente, a la educación como bien de consumo. Ante ello, y los cambios que en esta materia como en tantas otras la sociedad chilena reflexiona hoy, es pertinente preguntar: ¿deberá ser la propuesta educativa, en cualquiera de sus niveles, una oferta de mercado? Y en el contexto universitario, ¿acaso el “alma mater”, puede sobrevivir en calidad de producto, en épocas de crisis social global? En este sentido, como en tantos otros, ya no es posible seguir confundiendo los conceptos de precio y valor. Este tema es particularmente sensible para la institución universitaria, la cual debiese ser, como lo considerase alguna vez Silva Henríquez, “la consciencia crítica de una nación”, o sea, aquello que refleja y potencia los temas relevantes para el desarrollo de la cultura ciudadana.

Junto al desafío social, relativo al sentido mismo de la institución educativa a recuperar, nacen, en Pandemia, inmensos desafíos a la docencia. Ante ello, resulta necesario preguntarnos hoy como generamos los estándares para hablar de una educación de calidad, y aun más, pensar además en formas didácticas, estratégicas y motivadoras para ver metodologías que a través de la pantalla inviten a nuestros estudiantes a ser una parte activa de estos procesos de aprendizaje.

Esta variable de la educación a distancia, que se había visto solamente en cursos, diplomados y otros tipos de postgrados, hoy se debe pensar como una estrategia permanente, que llegó para quedarse en todos los ámbitos educativos, partiendo desde la enseñanza preescolar hasta la enseñanza universitaria. Lo que es un tremendo desafío para los educadores, que nunca fueron preparados para enfrentar este tipo de trabajo.

Por otro lado, no debemos dejar de lado un tema trascendental y que no ha sido tocado por ahora, relativo a la socialización, que es una herramienta pedagógica fundamental en todo proceso de aprendizaje significativo. Es vital la interacción directa a través del juego, el compartir tareas y trabajos, actividades que enriquecen el proceso educativo, y que a través de la pantalla es difícil que se de; sobre todo en la primera infancia.

Tanto para los docentes, profesionales colaboradores en educación, esta, y otras preguntas son las que se deben analizar y considerar para generar las nuevas estrategias educativas a las puertas de un nuevo año académico a distancia. Nos preguntamos también si esa tradicional prueba escrita de alternativa y desarrollo pasará también a ser parte de la historia. Este es un desafío no menor, el buscar estrategias de evaluación diferentes que se adecuen a la nueva forma de enseñar y que a la vez motiven a aprender y a desarrollarlas a los alumnos. La desmotivación que se está viendo en los estudiantes, por estas clases a distancia, es la más difícil de las dificultades que tenemos que enfrentar como docentes.

De esta manera, tanto el contexto de Pandemia como el de crisis social significan oportunidades de innovación, desafiándonos a responder, por un lado, a la necesidad de renovar las estrategias de docencia y evaluación ante un contexto hiper tecnológico, como lo es la educación en línea, así como, por otra parte, a replantear la valoración que hacemos de la educación, desde comprenderla, reductivamente, como un bien de consumo, hacia asumirla como la verdadera e insustituible instancia de socialización para el desarrollo integral de los ciudadanos que conforman una sociedad democrática auténtica.

Dra. Marcela Beltrán, Dr. Alfonso Fernández, y Mg. Felipe Quiroz.

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