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Los expertos comisionados en Chile. Por Andrés Monares y Nicolás Gómez

Hacer una constitución en una época donde nos han convencido de que no hay ideologías, es como cruzar un abismo sin puentes. Frente al vacío de la razón práctica que está a la mano, el mundo oficial o de élite asume el (neo)liberalismo… Que, por supuesto, ese mismo mundo nos aclara que no es ideológico.

¿Cómo darse cuenta de esa estrategia? Simple: qué cosas son intocables, cuáles son importantes y cuáles dan lo mismo. Por ejemplo, cuando no se pueda invertir la jerarquía de la propiedad privada por sobre la vida. Esa jerarquización que asume una constitución es política, es total y absolutamente ideológica. No puede ser de otra manera. Recuerde que cuando alguien dice que en una constitución ¡política!, debe priorizarse lo técnico, más allá de ser una falacia, esa afirmación es ideológica porque señala un proceder basado en un fundamento.

Y en Chile la política ha sido raptada por las élites, las que rayaron la cancha del nuevo proceso constitucional con el acuerdo entre los partidos que impuso límites al futuro documento. Más allá de que dentro de esa cancha se pueda jugar el partido con uno u otro dibujo táctico, el juego no cambiará y ya se sabe quién ganará y tendrá la copa en su vitrina. Se imaginará entonces que cuando ellos hablan de “nuestra Constitución”, no es la suya en el sentido de comprenderlo a usted, es literal, solamente la de ellos.

Por lo mismo, la nueva constitución no puede ni debe partir desde las representaciones de un único tipo de individuo y de un pacto social que, desde las alturas de esas tres comunas santiaguinas de élite, enmarcará las posibilidades de cada barrio, sector o caserío del país.

Sin embargo, en Chile, la historia de las constituciones es precisamente la trayectoria de una tradición de varones blancos propietarios, o un diálogo de sordos entre generaciones que reclaman el derecho a ejercer la reflexión y la escritura de la ley fundamental de nuestra república desde su “ignorancia” e “irresponsabilidad” vs el continuo monopolio de la élite desde su “conocimiento” y “responsabilidad”. Una pequeña comunidad, desde el inicio de la República, ha fijado el modo de vida del resto de las comunidades que juntas son la mayoría del país.

Pero más allá de las posibilidades que cada comunidad tiene, la constitución “buena” y “nueva” que propone la pequeña comunidad de élite, no debe volver a usurpar las posibilidades y aspiraciones de la generación actual ni de las futuras.

Usted podrá decir que no hay nada de malo en esa “buena” y “nueva”, si la élite es experta, honesta y busca el bien del país. Inicialmente nos parece que no hay muchas dudas sobre qué es para ellos ese “bien del país”: mantener la situación tal como está, porque si ellos acumulan mucha-mucha-mucha plata… algún día, lamentablemente no está definida la fecha, chorreará un poquitito. Sin comentarios, ¿no?

A estas alturas parece evidente que esa comunidad de élite vive ensimismada en una realidad paralela al verdadero Chile. Tómense en cuenta tres ejemplos: un ministro del gobierno de Piñera declara públicamente que la mayoría de los chilenos tienen una segunda vivienda, otro ministro se entera, durante la cuarentena de la pandemia, que una gran parte del país vive hacinada y, finalmente, un empresario multimillonario dice, en distendida conversación con trabajadores de su empresa, que no tiene idea del dinero de las pensiones ni del salario mínimo. Estos tres casos podrían ser una broma de cada personaje… Mas no. Esa es su desinformada o distorsionada visión del mundo.

Moraleja, cada comunidad entrega las herramientas a sus miembros para concebir y pre-juzgar. Las herramientas de la comunidad de la élite son pocas y toscas, o, derechamente individualistas, egoístas y clasistas. Como usted puede ver, incluso más allá de unas supuestas buenas intenciones de la élite, ¿qué constitución “buena” y “nueva” saldría de gente que no tiene idea del país en que vive, que juzga al resto desde sus privilegios y busca mantenerlos?

Hablemos ahora de esas élites y del modelo chileno que quieren proteger… Tal vez no sean tan bien intencionadas, ni se les pueda conceder la duda de una inocente ignorancia.

Ben Ross Schneider del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), repara en que Chile pese a ser un país pequeño, “tiene un desproporcionado número de grandes firmas”. La mayoría con presencia en tres o cuatro sectores básicos: Matte (forestal, minería, energía, banca), Angelini (forestal, minería, pesca, combustibles) o Luksic (minería, energía, bebidas, banca). Ojo que la lista también incluye al financista de los partidos políticos Julio Ponce Lerou, a Horst Paulmann y familia, Jean Salata (posiblemente esté más interesado en Hong Kong que en Chile), el expresidente Piñera y familia, Álvaro Saieh (influyente en medios de comunicación como COPESA), Luis Yarur y la lista continua en forbes.cl

En este contexto, los “expertos” comisionados señalan que en medio del vacío ideológico, la “buena” y “nueva” constitución debe enfocarse en lo pragmático o, en realidad, basarse en andamios económicos. Esto que podría parecer inocente, en el contexto de las grandes firmas, es una anteojera neoliberal.
Por ejemplo, fomentar los “motores de la economía” y cualquier argumento que derive en crecimiento. Esa obviedad esconde otra, esos motores económicos son los multimillonarios y las grandes compañías, desde dónde, ya se señaló, algún día chorreará un poquito de dinero sobre el país. Nosotros proponernos pensar la definición de bien común para esa “casa de todos” en la “buena” y “nueva”, desde y con las diversas comunidades de la república. De no ser así, por ejemplo, se volverá a asegurar que el capitalismo jerárquico vuelva a invertir poco y nada en Investigación y Desarrollo (I+D), o se mantengan los oligopolios y la concentración de los mercados que impiden la competencia (y, así, desde la teoría liberal, emerjan los bajos precios). Pero ese y otros asuntos, posiblemente, ni siquiera constituyan un capítulo en la “buena” y “nueva”, y posiblemente quede cementado y apernado el Estado subsidiario para que sea el sector público el que haga el gasto, mientras el estrecho familiar sector privado siga cosechando… Ya se sabe, ¿no?: Chile nunca ha tenido una economía de mercado ni una social de mercado, o sea, la élite es capitalista en los beneficios y estatistas en las crisis.

Demás está decir que Schneider confirma lo que ya sabemos, el capitalismo jerárquico tiene tal poder en la sociedad que se transforma en monopolios u oligopolios en los sectores que domina. Lo que significa que tiene la capacidad para controlar los precios en los mercados de la salud, educación, etc., y por supuesto que también en los mercados de los partidos políticos… Y así poder encargar que le escriban una constitución a pedido, tal como ya sabemos que escribieron leyes a pedido.

Este capitalismo familiar chileno no es libre mercado, por el contrario, genera carteles que controlan diferentes sectores económicos, es un capitalismo que busca beneficios infinitos, no el desarrollo… y menos sostenible. Como usted debe advertir, le aterra cualquier asomo de comunidades extrañas a la gente de bien, esos que tienen conocimiento y son responsables. Por lo mismo, ejercen lo que el cientista político Pepper D. Culpepper llama “la política silenciosa”. Le sugerimos estar atento cuando el experto comisionado explique que están frente a un asunto “complejo” y que necesitan recurrir a otros más expertos. Culpepper muestra que las empresas obtienen grandes ventajas con esa palabrería, porque para ellos la única gran amenaza es el cambio de las normas en los sectores regulados, por lo que dedican tiempo e ingresos en hacer política con los expertos que administran lo político. En tal sentido, qué mejor, qué más tranquilidad que encargar escribir la ley de las leyes, la “nueva” y “buena” constitución.

Así las cosas ¿qué podemos esperar de la Comisión de Expertos? Algunas palabras de Karim Bianchi, senador por Magallanes, son ilustrativas: "Esta Comisión Experta y el Comité de Admisibilidad tienen el efecto casi milagroso de resurrección, casi milagroso para que los partidos políticos resuciten del barro, de las cenizas a políticos jubilados. ¡Ni Jesús se atrevió a tanto!" (25 de enero de 2023 en www.senado.cl). Enfrentados a las controversias y expuestos a los “telefonazos”, los comisionados expertos harán uso de la razón instrumental cuyo contenido promueve una libertad antisocial que regularmente puede derivar en una conducta desviada, la cual se ha pagado con clases de ética. Como sabemos, esto reduce las sanciones para un sector que goza de privilegios, aumenta el déficit moral de esa comunidad llevándola a encerrase en sí misma. El informe Desiguales del PNUD (2018) ilustra hasta el hartazgo los tratos vejatorios derivados de la cultura de la elite chilena.

Luego, la controversia será saldada con artículos que aseguren más posibilidades de elección individual, pero vistos en el largo plazo harán aumentar el deterioro medioambiental y el incremento de la desigualdad; o al revés, habrá más zonas de sacrificio en Chile, claro está, no en Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura; y aumentará la rabia entre las personas. Recordemos que hemos llegado a este punto porque durante treinta años se reiteraron las frases de los expertos: Juan Andrés Fontaine llamó a levantarse más temprano para beneficiarse de un precio más bajo en el Metro de Santiago. Parece que los expertos conocen a las comunidades de chilenos desde arriba (el avión), desde al lado (pastos del club de golf o la arcilla del tenis) y desde afuera (un todo incluido en el mar caribe o el sudeste asiático).

Enfrentados a las controversias y expuestos a los “telefonazos”, es posible que los expertos comisionados parafraseen a la intelectualidad norteamericana o al liberalismo anglosajón. Las primeras cinco o seis líneas del argumento estarían basadas en Locke, Smith, Mill o Bentham. A mitad de la conversación aparecería una reminiscencia de Dworkin, indiscutiblemente que participaría Hayek; y el amuleto de la explicación egoísta de la acción colectiva: Rawls, con una nota al pie de Nozick. Luego la conversación de la controversia separaría a los que han bebido en la fuente original: la Escuela de Chicago, tanto en el periodo de la dictadura cívico-militar como de los que recientemente se declaran en contra del terrorismo de Estado, pero que han preferido votar por José Antonio Kast; de aquellos que no son admitidos en esa comunidad, son ejecutivos colaboradores que se parecen a, pero no son los dueños; y que reproducen el manual de autoayuda del emprendedor: más libertad para emprender y menos “grasa” del Estado, para ver si alguna vez clasifican y acceden a la casta privilegiada. Incluso su hijo estuvo en el mismo colegio. Entonces, no todas las comunidades son buenas, algunas son antisociales, enseñan que los diferentes son malos, resentidos, flojos, extraterrestres, que solamente pueden ser operarios de una máquina y no presidentes de la república o senadoras del parlamento chileno, incluso los invitan a no conocerlos, evitan conversar sobre cómo experimentan la vida, impiden que existan registros de esa diversidad, eliminan fotografías, películas, libros, encubren la historia muchas veces. Pregúnteles a las mujeres ¿cómo las han silenciado?

¿Cómo resolverán las controversias los expertos de la Comisión de Expertos sin quedar como los estudiantes malintencionados en la academia de expertos (el mundo estará midiendo) o como los funcionarios altamente calificados del home Office? No sabemos aún la respuesta, pero tenemos la leve sospecha que ellos no representan al pueblo en la “buena” y “nueva

Por Andrés Monares, antropólogo; y Nicolás Gómez, sociólogo

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