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Mensaje a l@s Constituyentes. Por Guy Bajoit

El autor de este artículo no es chileno. Es un ciudadano belga de 84 años, jubilado desde 20 años, que fue durante cincuenta años profesor de sociología del desarrollo en la Universidad católica de Lovaina en Bélgica. Sin embargo, desde 1974, se define como “medio-chileno”: fue ¡una consecuencia imprevisible del golpe militar! Desde entonces, su mujer, su hijo, sus mejores amig@s son chilen@s, y el visitó Chile más de treinta veces, invitado a dar cursos en varias Universidades. Su intención, por supuesto, no es intervenir en la política de Chile. Para ser bien claro: lo que lo motiva es invitar a los Constituyentes a reflexionar sobre las exigencias de un verdadero desarrollo ético y sostenible de Chile. Es decir un desarrollo que no se limita a un crecimiento económico mal redistribuido.

I- ¿Qué es lo que el pueblo chileno espera de una nueva Constitución?

L@s ciudadan@s que después de un año de rebeldía, dijeron “Apruebo”, el 25 de octubre del año 2020, no lo hicieron solamente por motivos simbólicos: dar vuelta la página del amargo recuerdo de la dictadura y de sus numerosas secuelas. Votaron también de esa manera porque entendieron que la Constitución de 1980 es el obstáculo mayor, por medio del cual la derecha tiene la posibilidad de bloquear todos los cambios esenciales para un verdadero desarrollo ético y sostenible de Chile. Y ¿por qué es así? Porque la Constitución de 1980 fue concebida para preparar la introducción y el dominio del modelo económico neoliberal en Chile, que fue el “laboratorio del neoliberalismo” desde 1983; modelo que continuó de ser aplicado, incluso después de la vuelta a la democracia en 1990 y hasta el día de hoy. Pero ¿por qué el hecho de ser un modelo neoliberal constituye un obstáculo al desarrollo del país? Porque el principio básico del neoliberalismo es la libre competencia y que esta produce inevitablemente desigualdades e injusticias sociales. ¿Pero por qué los gobiernos sucesivos de Chile limitaron tan poco y tan mal los efectos perversos de la libre competencia? Justamente, porque la Constitución del ‘80 impide que las “leyes del Mercado” sean reguladas por el Estado. Es ¡un círculo vicioso!

Por lo tanto, una de las cosas importantes que el pueblo chileno espera del trabajo de l@s Constituyentes es muy claro: espera que la nueva Constitución le dé al Estado chileno los medios legales para intervenir en el campo económico y regular el capitalismo neoliberal. Pero ¿qué significa “regular”? Se trata de prohibir por ley que la clase capitalista neoliberal siga practicando los “comportamientos incívicos” que detallaremos en el punto siguiente.

II- ¿Cómo explicar que la libre competencia tenga consecuencias tan malas para el interés general del pueblo chileno?

Según el discurso ideológico del neoliberalismo la competencia tendría la virtud de favorecer los consumidores, seleccionando los productos de la mejor calidad y vendiéndolos a los mejores precios. Esta afirmación es objetivamente falsa: es una mentira. ¿Por qué? Porque la preocupación mayor de cualquier “gerente/dueño” de empresa, sobre todo si se trata de una gran empresa capitalista que tiene que sobrevivir en un mercado de libre competencia, no es proteger los intereses de los consumidores: es ser competitivo, para ganar nuevos mercados y para no perder los que ya tiene. Y, para ser competitivo, tiene que hacer dos cosas: por una parte, reducir al máximo los costos de producción de los bienes y servicios que quiere vender y, por otra, vender lo más caro posible. Para lograr estos dos objetivos, este “gerente/dueño” tiene el interés, y por lo tanto, la tentación de adoptar ciertas prácticas que son dañinas desde el punto de vista del bien común del pueblo de su país. ¿Cuáles son esas prácticas?

1- Explotar y precarizar sus trabajadores: pagar los salarios más bajos posibles; imponer contratos de trabajo a tiempo parcial o a duración determinada; recurrir al trabajo sin contrato; pagar menos a las mujeres que a los hombres; acortar el plazo de preaviso en caso de despido; imponer malas condiciones de trabajo; aumentar el ritmo del trabajo…

2- Engañar los consumidores: inundar el mundo (las calles, los medios de comunicación, las redes sociales) de publicidad para manipular (crear nuevas) necesidades; incitar los consumidores a endeudarse con los bancos y con empresas financieras; practicar la obsolescencia programada; utilizar en los productos alimentarios preservantes y otros productos químicos que pueden dañar la salud de los consumidores…

3- Destruir el medio ambiente: contaminar los suelos y las aguas subterráneas, el aire, los ríos, los glaciares, el mar; destruir los bosques y la biodiversidad; explotar los recursos naturales no renovables como si fueran ilimitados; transformar el océano en basurero…

4- Engañar y corromper el Estado: practicar el fraude fiscal para pagar menos impuestos; expatriar las ganancias de sus empresas en paraísos fiscales; exigir exenciones fiscales o reducciones de impuestos (en particular sobre las fortunas); negar o reducir su participación financiera en la Seguridad social (las indemnizaciones de desocupación, las pensiones, la protección contra las enfermedades y los accidentes); corromper los dirigentes políticos y los funcionarios…

5- Privatizar los bienes comunes: ciertos bienes y servicios no pueden ser mercancías, no pueden ser sometidos a la ley de la oferta y de la demanda, no pueden servir para hacer ganancias privadas, porque pertenecen al patrimonio común de la humanidad, porque responden a necesidades vitales y constituyen por esto el interés general de los pueblos: son indispensables para su desarrollo ético y sostenible. Por lo tanto, estos bienes y servicios no pueden ser privatizados: tienen que ser públicos, gestionados por el Estado, y sus precios deben estar al alcance de todos. Nos referimos a los recursos naturales (el agua, el aire, la tierra de cultivo y las riquezas del subsuelo…) o sociales (la salud, la educación, la seguridad, la vivienda, la información, el transporte …). En Chile (pero también en muchos otros países del mundo), la mayor parte de estos bienes y servicios han sido privatizados…

6- Colaborar con el imperialismo: los inversionistas extranjeros son personas que no tienen por qué preocuparse por el interés general de Chile. Lo que les interesa - es banal decirlo - es ganar mucho dinero explotando los recursos del país. Colaborar con ellos, sin exigir condiciones, es un comportamiento irresponsable e incívico. Sin embargo, durante muchos años, muchos empresarios chilenos, partidarios del modelo neoliberal, participaron en alianzas con capitalistas extranjeros cuyo objetivo era la explotación de los recursos naturales del país. Es cierto que el Estado chileno se esforzó por defenderse contra esta colusión entre empresarios chilenos y empresas multinacionales extranjeras, pero las leyes que dictó no fueron aplicadas con mucho rigor y deberían ser revisadas…

7- No respetar los derechos humanos: como lo comprobó la experiencia de la rebeldía popular de octubre 2019 y de los meses siguientes, ni los grandes capitalistas chilenos, ni tampoco los dirigentes políticos de la derecha, prohibieron o al menos denunciaron los métodos excesivamente violentos heredados de la dictadura militar y utilizados por los Carabineros de Chile para intentar restablecer el orden publico. Estos excesos son bien conocidos y sería muy largo recordarlos aquí. Además, respetar los derechos humanos significa también tratar con igualdad todas las personas que viven sobre el territorio de un país, sin discriminación. A pesar de sus discursos y de sus promesas, los dirigentes de Chile (de la economía y de la vida política) menospreciaron y discriminaron por lo menos tres grupos sociales importantes: las mujeres, los pobres y los pueblos originarios (que ya vivían en Chile desde muchos siglos antes de la llegada de los inmigrantes europeos).

Estas siete prácticas son, propiamente hablando, comportamientos incívicos: son contrarios al interés general del pueblo chileno, es decir, al desarrollo ético y sostenible del país. Estos comportamientos se explican por la lógica de la competencia: el “gerente/dueño” de una empresa o la Asamblea general de los accionistas que, por una u otra razón, (por ejemplo, por motivos éticos o cívicos) se negara a comportarse de esta manera puede estar más o menos seguro de ser eliminado del mercado por los otros competidores en poco tiempo. El mundo económico neoliberal es un mundo en el cual solo los más ricos ganan, todos los otros pierden algo, a veces ¡pierden todo! Es un mundo en el cual son los más fuertes los que dictan las reglas del juego y se niegan a tener un árbitro: prefieren que el Estado no intervenga.

III- ¿En qué crecimiento y desarrollo son muy diferentes?

Para ser lo más pedagógico posible, yo tengo que explicitar, muy brevemente, primero, cuales son los objetivos generales de un desarrollo ético y sostenible. Después, para cada objetivo, tengo que indicar en qué los intereses de los actores dirigentes (económicos y políticos) se oponen, más o menos radicalmente, à los intereses de los actores dominados. Estos objetivos generales serían los siete siguientes:

1- Asegurar el bienestar material generalizado

a- Para los actores dirigentes esto significa producir siempre más riqueza económica (crecimiento del PIB/cap.); ser competitivos y conquistar mercados; innovar en la tecnología; reducir los costos de producción, aumentar las ganancias de les empresas.

b- Para los actores dominados es redistribuir esta riqueza de manera equitativa para satisfacer las necesidades de todos: pagar buenos salarios vinculados al indicio de los precios; financiar la solidaridad social (con los desocupados, los enfermos y minusválidos, las victimas de accidentes, los pobres); pagar pensiones suficientes para vivir dignamente; financiar las políticas sociales del Estado (salud, educación, información, viviendas, seguridad, infraestructuras…).

2- Mantener la paz y la autonomía internacional

a- Para los actores dirigentes esto significa intercambiar bienes y servicios económicos con los otros países; favorecer las inversiones de capitalistas extranjeros; especular sobre los precios de las materias primas o de cualquiera otros bienes o servicios; practicar el “extractivismo” y exportar los recursos los más valorados sobre el mercado internacional.

b- Para los actores dominados, se trata de no caer en la dependencia con los países hegemónicos; no hay que perder el control de los recursos nacionales tan necesarios al desarrollo del país; hay que imponer a los inversionistas extranjeros el respeto de las normas de un severo código de inversiones; hay que diversificar las exportaciones para no depender demasiado de los recursos mineros y agrícolas; y hay que nacionalizar los recursos estratégicos (en particular el cobre y el litio en el caso de Chile).

3- Proteger el medio natural ambiente

a- Para los actores dirigentes el Progreso consiste a dominar la naturaleza por la ciencia, la tecnología y el trabajo; es decir simplemente sacar provecho de los recursos que brinda el medio ambiente, renovables o no renovables, sin cuidarlos mucho ni preocuparse de lo que quedará para las generaciones futuras.

b- Para los actores dominados, que tienen un nivel más alto de consciencia ecológica (y ningún interés financiero de por medio), no hay que agotar los recursos no renovables, ni contaminar la tierra, el agua y el aire, ni dañar la salud de sus habitantes. Por lo tanto, preocupaciones como “Chile libre de carbono al 2040”, o “la inviolabilidad de los glaciares”, o la “derogación de la ley de pesca”, o “la salvación de los bosques nativos” son apuestas muy importantes; y la tierra, el aire, el agua (del mar, de los rio o de las napas subterráneas), pertenecen a los “bienes comunes de la humanidad” y por lo tanto, tienen que ser protegidos.

4- Respetar la democracia política

a- Para los actores dirigentes esto significa sobre todo, mantener un orden político interno: necesitan un clima de paz para que sus empresas funcionen correctamente, pero pueden muy bien acomodarse, ayer (en Chile) como hoy (en China), de regímenes políticos autoritarios e incluso totalitarios; un “gobierno fuerte” les conviene perfectamente.

b- Para los actores dominados los derechos de los ciudadanos tienen que ser respetados. Deben tener el derecho de elegir, controlar, criticar y cambiar los dirigentes políticos que ejercen los poderes del Estado. También, deben tener el derecho de resistir a la tiranía de sus dirigentes; deben poder expresarse sin tener que enfrentar una represión demasiado violenta, sin arriesgar ser maltratados, violados o torturados, detenidos ilegalmente; sin ser tratados como terroristas, sin ser heridos, perder la vista o perder su vida.

5- Garantizar la coexistencia pacífica interna

a- Para los actores dirigentes económicos y políticos esto significa que los grandes grupos de interés reconocidos e instituidos (los patrones de empresas, los comerciantes, las profesiones liberales, la Iglesia, y después de haber sido mucho tiempo prohibido, también los sindicatos de trabajadores) deben poder coexistir en paz, organizándose, negociando y estableciendo compromisos entre ellos en el cuadro del “contrato social”.

b- Para los actores dominados el contrato social tiene una extensión bastante mas amplia. Efectivamente, muchos grupos de interés están excluidos de la concepción del contrato social que tienen los dirigentes: las mujeres, los pueblos originarios, los jóvenes, los viejos, los homosexuales, los pobres, los inmigrantes… Ellos tienen que ser incluidos en el contrato social et sus intereses tienen que ser tomados también en consideración.

6- Favorecer la integración social

a- Para los actores dirigentes esto significa asegurar la socialización de todos los miembros de la colectividad (los que nacieron en Chile hace pocos años, como los que inmigraron desde afuera). Socializar es enseñar las “competencias” sociales que cada uno tiene que interiorizar para ejercer los roles sociales que tendrá que cumplir: conocer la lengua, las leyes, las normas de sus roles sociales.

b- Para los actores dominados la socialización no es suficiente. Los socializados deben poder disponer de los recursos necesarios al ejercicio de sus diversos roles sociales. Por ejemplo, los jóvenes que adquirieron un diploma universitario deberían poder encontrar une empleo correspondiente à su formación y ganar su vida con ella. El mismo principio vale en todos los sectores de la vida: educación, salud, empleo, vivienda, información, distracción, etc.

7- Proponer un proyecto cultural legítimo

a- Para los actores dirigentes esto significa difundir la ideología neoliberal y convencer al mundo entero (por intermediario de la publicidad) que cada individuo, para tener una “vida buena”, tiene que ser un Consumidor insaciable y un Competidor despiadado, Conectado sobre internet 24 horas por día (un “individuo CCC). Estos individuos son exactamente los que los dirigentes neoliberales necesitan para enriquecerse: ellos trabajarán bajo cualquier condición para pagar sus compras y reembolsar sus deudas. b- Para los actores dominados, la “vida buena” no se reduce a un proyecto tan banal, que conviene muy bien a la clase capitalista neoliberal, pero que no corresponde a la idea que ellos se hacen del sentido de su vida. Lo que quieren los jóvenes de hoy es disponer de los recursos necesarios para realizarse en tanto de personas, en tanto que sujetos de ellos mismos y actores de su existencia individual. Quieren educación, empleo, salud, vivienda, seguridad, información, y sobre todo, quieren ser respetado por lo que son y quieren ser: por su genero, por la cultura a la cual pertenecen, por sus creencias, sus costumbres; quieren un Chile multicultural, multi-identitario, sin ninguna forma de discriminación sociocultural.

IV- ¿Cómo obligar los dirigentes económicos y políticos a preocuparse del desarrollo ético y sostenible de Chile y no solamente de su crecimiento?

La tarea de los dirigentes de la economía es asegurar el crecimiento de la riqueza: es lo que la clase empresarial chilena tenía interés en hacer y es lo que supo hacer, por lo menos durante los últimos treinta años. Efectivamente, el Producto interno bruto per cápita se multiplicó por cinco: pasó de US$ 5.000 en 1990 a US$ 25.000 en 2018. Lógicamente, este crecimiento económico objetivo – que los dirigentes políticos dieron a conocer con orgullo (Chile, “jaguar de América Latina) –, despertó en el pueblo chileno muchas expectativas de mejoramiento de sus condiciones materiales y sociales de vida. Estas expectativas fueron realizadas para una minoría de chilenos (los de las clases altas y de la parte superior de la clase media), que viven efectivamente mejor que hace treinta años.

No ignoramos que los que gobernaron el país desde 1990 pretendieron eliminar la indigencia y lograron reducir la pobreza (del 40 al 8,6%). Pero, en Chile como en otros países, la definición que usaron de la indigencia y de la pobreza es ¡muy ambigua! Conociendo el costo de la vida en el Chile de hoy, ¿quién puede vivir, con un ingreso mensual inferior a 85 000 pesos por persona (límite de la indigencia), a 170 000 pesos (límite de la pobreza) e incluso a 330 000 pesos por persona (salario líquido mínimo garantizado)? Con semejantes criterios, hablar de eliminación de la indigencia o de reducción de la pobreza es simplemente una hipocresía. Las desigualdades objetivas aumentaron porque los ricos se enriquecieron mucho más que la clase media y que el pueblo (como lo indica el número de multimillonarios chilenos y el monto de su riqueza, según la revista Forbes) y, por esto, aumentaron la percepción subjetiva de la desigualdad y el sentimiento de injusticia.

Así, la “torta” creció, es cierto, pero no fue para todos: no fue distribuida de manera equitativa. La clase popular y la parte inferior de la clase media (es decir la mayoría), incluso cuando pudieron mejorar, más o menos, sus condiciones de vida, no recibieron su parte, se sintieron “olvidados”, víctimas de inequidad, engañados por el sistema político y económico, tratados indignamente, es decir, abandonados por el Estado. Por lo tanto, pensamos que la rebeldía de octubre 2019 se explica por el encuentro de dos causas: el crecimiento económico despertó expectativas muy altas en las clases populares y en la parte más baja de la clase media, pero, paralelamente, la distribución desigual de los beneficios de este crecimiento generó en ellas un profundo sentimiento de injusticia. El desfase entre las altas expectativas y su satisfacción estimada insuficiente ha provocado una fuerte frustración relativa acumulada. La decepción está a la altura de la esperanza.

Por lo tanto, y para decirlo en pocas palabras, lo que el pueblo chileno espera de una nueva Constitución es que los futuros dirigentes políticos del Estado tengan los recursos legales, la voluntad y la fuerza necesarias para OBLIGAR a la clase empresarial a ocuparse del interés general de Chile, es decir del desarrollo ético y sostenible del país. Es la única manera de poner fin a las desigualdades excesivas y a las injusticias insoportables que se mantienen desde hace demasiado tiempo; es la única solución para que, por fin, la clase empresarial chilena deje de confundir el interés general de los chilenos con sus intereses particulares en tanto clase dominante. Si los futuros dirigentes, tanto económicos como políticos, no entienden que tal debe ser su tarea prioritaria, es muy probable que el pueblo chileno ¡no los va a aguantar más! Pero ¿Cómo hacer para obligar los ricos a asumir sus responsabilidades con el país?

Dos acciones complementarias me parecen posibles, y las dos ya están en camino.

La primera es la elaboración de una nueva Constitución. La Asamblea Constituyente, presidida por Elisa Loncón, es una gran victoria conseguida por el movimiento de rebeldía popular, iniciado desde el 18 de octubre de 2019. Después del plebiscito de octubre 2020, 155 Constituyentes fueron elegidos los 15 y 16 de mayo 2021, y ya comenzaron a trabajar a partir del 4 de julio 2021. Tienen nueve meses para redactar una nueva Carta Magna. Claramente, en este grupo de trabajo, los delegados del pueblo chileno (los que he llamado aquí “los actores dominados”) son mayoritarios, y los representantes de “los actores dirigentes” son minoritarios. Por lo tanto, es muy probable que estos últimos no puedan constituir el “tercer tercio”, esta “minoría de bloqueo” con la cual hubieran podido rechazar las proposiciones de los Constituyentes y paralizar el proceso. Este hecho es fundamental para echar las bases de una nueva Constitución que, traducida en leyes, permitirá prohibir y castigar duramente los comportamientos incívicos (ver le punto II más arriba) de los dirigentes económicos neoliberales y des sus aliados políticos, y promover los intereses del pueblo chileno, es decir de los “actores dominados” (ver el punto III más arriba).

La segunda acción, absolutamente complementaria de la primera, es crear un poderoso movimiento social cívico, a partir de los actores del movimiento insurreccional 18-O. Estos actores han demostrado durante mas de un año (a pesar de los limites de la pandemia) su capacidad de analizar correctamente las injusticias de las cuales sufre el pueblo chileno, de organizase para resistir a la represión, y de movilizar millones de personas. Ellos son perfectamente capaces de estructurar un movimiento social cívico muy poderoso – como lo fue, en su tiempo, el movimiento obrero – que ejercería una presión suficiente sobre los dirigentes políticos y económicos, para que la nueva Constitución sea aplicada con rigor, para que sus disposiciones sean traducidas en leyes, y que los actores dirigentes sean obligados de respetarlas.

Hasta que Chile se convierta en el “laboratorio del anti-neoliberalismo”.

¡Hasta que ¡la dignidad se haga costumbre!

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