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¡No estamos en guerra, vivan los jóvenes! Por Nicolás Camerati

Siempre hemos creído que el pensamiento auténtico es comprensivo, es decir, que busca ver lo que es, y no decir lo que debería ser. Por lo que para comenzar nos gustaría aclararle a todas las personas honestas, educadas, razonables, respetuosas de las leyes y de las reglas de la democracia, pero también, a todos los moralistas cualquiera sea su obediencia y a los aspirantes a gerentes o administradores, que para bien o para mal, cuando hay una renovación política no se puede prescindir de las fuerzas. No hay transformación política sin poder popular, no hay cambio político sin movimiento social o dicho de manera simple, no hay cambio de nuestras élites y del poder político, sin insurrección y fuerza social. Aunque nos cueste aceptarlo, el poder popular nos recordara, aquí o allá, que la fuerza social prevalece por sobre la ley.

También nos gustaría aclarar un segundo punto importante, y es que cuando una sociedad no sabe cómo mencionar, hablar o explicar con exactitud un fenómeno social, son los moralistas quienes toman las riendas, diciendo y definiendo como deben ser las cosas. Son en los momentos de falta de lenguaje, de falta de distinciones, de incomprensión social donde nacen justamente los discursos más peligrosos, los discursos demagógicos, los resentimientos, las amalgamas y la violencia de Estado. De hecho, no es extraño y no será extraño que diversos actores: sea del Estado, de los medios de comunicación, del mundo político o del mundo empresarial aparezcan hablando y haciendo los reduccionismos más increíbles sobre los movimientos sociales en Chile, declarando guerras imaginarias u oponiendo a los buenos y a los malos. ¡Lamentable situación!

Dicho esto, lo que está realmente en juego en Chile es de saber acompañar de la mejor manera posible, un acontecimiento esencialmente contingente. -la evasión del metro y la aparición de múltiples formas de manifestación-. de tal manera que podamos cristalizar una "duración pública" que permita y exija un futuro común. Pero para esto tendremos que ser valientes y audaces en nuestras observaciones, a fin de poder nombrar y distinguir con la mayor precisión posible el fenómeno de desobediencia social que se está viviendo. Pues detrás de la evasión del metro y al margen de la violencia de unos y de otros, debemos comprender que no solo estamos frente al germen de la rabia y de la vergüenza de haber sido engañados durante muchos años, sino por, sobre todo, estamos frente al germen de una emoción compartida de solidaridad y de amor. Todas emociones difícilmente medibles o expresables en palabras, pero que para bien o para mal, están hoy en ebullición en los corazones de todo un pueblo chileno que se levanta. Dicho en palabras de Michel Maffesoli, estamos frente a nuevas generaciones que están dando paso a una nueva era del nosotros, mucho más fuerte y generosa que la era del yo egoísta. Quizás es esto lo que el "vomitus matutinus" de la prensa dominante no quiere y no puede admitir.

Que quede claro, Chile no se levantó para hacer una guerra, ni para poner fin a la explotación capitalista, o para construir una sociedad sin clases, sino más bien, los miles de jóvenes que se precipitaron a saltar el metro y a salir a las calles lo hicieron para hacer frente a un sistema de relaciones humanas, un estilo de acción y un mundo de gestión que les parece injusto y desigual. Solo a modo de ejemplo podríamos nombrar elementos como la injusticia del sistema de pensiones, donde el 80% de las personas en Chile recibe pensiones menores al sueldo mínimo, o podríamos hablar de los sistemas de salud caracterizado por un sistema de ISAPRES con planes de salud caros, bajas coberturas, prexistencia y acceso restringido, o podríamos hablar de la privatización del agua y los derechos perpetuos de aprovisionamiento de carácter privado; en fin, también podríamos nombrar los problemas de educación de calidad o de la impunidad grosera que han tenido las grandes empresas chilenas, en casos de corrupción, colusión y abusos, y todo esto sin ni siquiera la necesidad de nombrar el tema que nos reúne, el Metro.

Es en este Chile desencarnado, abusador y saturado de comentarios odiosos, que miles de jóvenes sintieron en sus corazones la necesidad de responder conjuntamente y “subversivamente” a las exigencias del alza de 30 pesos de un pasaje de metro, abriendo así y sin saberlo, el futuro, pero al mismo tiempo que recogían los fantasmas y violencia de nuestro pasado. Seguros del presente y sin miedos respondieron al alza del metro liberando fuerzas que no sospechaban, su empresa se desvió y el estado respondió sin entendimiento. Hoy la situación es crítica, no obstante gracias a un grupo de jóvenes evasores, nos encontramos frente a una nueva historia en nuestra sociedad chilena, de la cual todos tendremos que hacernos cargo. Quizás es el momento de recordar a Hannah Arendt cuando nos decía que nuestra esperanza está siempre en el elemento de innovación que cada generación trae consigo… o de escuchar a Emile Durkheim cuando nos decía que “Un día llegará en el que nuestras sociedades conocerán de nuevo momentos de efervescencia en las que surgirán nuevos ideales y emanarán nuevas fórmulas que servirán, durante un tiempo, como guías a la humanidad”.

Gracias jóvenes de Chile por habernos dado una nueva oportunidad de poder hacer que la vida sea bella y libre, de poder hacer de esta vida una aventura maravillosa. Así que por respeto por nuestras nuevas generaciones y en nombre de la propia democracia, le pedimos al pueblo chileno de resistir y conducir con el mayor cuidado posible este poder que se nos ha otorgado. Deberemos unirnos, debemos seguir luchando por un mundo nuevo, decente y humano que dé a todos y a todas las oportunidades de realizarse, trabajar y disfrutar, que traiga consigo un futuro para las juventudes, la vejez y la sociedad en su conjunto. ¡Así que unámonos para cumplir esta promesa, por respeto a nuestras nuevas generaciones y a nuestra historia!

Nicolás Camerati Morras (*) Doctor en sociología, Universidad París Descartes, la Sorbona, Francia. Máster en investigación “modos de vida y políticas públicas”, Universidad de París 8, Francia. Licenciado en Sociología Universidad Alberto Hurtado, Chile.

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