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No se hace una tortilla sin quebrar los huevos… Por Gustavo Gac-Artigas

…pero si se echan las cáscaras, se vuelve incomible.

Si se va a definir un partido por penales, una regla de oro es no patear contra su arquero.

Y podríamos divertirnos citando, inventando, proverbios para aplicar al joven gobierno de Chile.

Desgraciadamente los autogoles, el mal manejo comunicacional hacen daño y descuentan minutos al escaso tiempo que se dispone para comenzar los cambios.

Ventanas, la fundición, es una medida necesaria el cerrarla y reemplazarla por refinerías modernas, verdes, para preservar la salud de la población.

Autogol, no indicarlo desde el comienzo, no presentar un plan de inversiones para realizar el cambio, no fijar fechas, pero sobre todo olvidar la primera regla del cambio: el diálogo con los afectados, con los trabajadores de la fundición, y las fundiciones, puesto que la política minera debe ser nacional.

El autogol remeció la red, logró aglutinar todos los sindicatos de Codelco, paro nacional.

Memoria frágil, el paro en El Teniente antes del golpe en 1973. No es lo mismo, pero más de algún nostálgico buscará aprovecharse.

No hay que repetir los errores del pasado, es peligroso amigo.

El cambio de nombre al “Gabinete Primera Dama” y personalizarlo con el nombre de la primera dama actual, error administrativo lo llamaron, y restó atención al importante el rol de Irina Karamanos en la transformación social del país.

Autogol fruto de la inexperiencia de su equipo, quizás, pero cuando la inexperiencia comunicacional se repite resta confianza en el equipo de gobierno.

Hay que romper huevos, hay que potenciar a las universidades estatales sobre las privadas, ello no quiere decir que se las abandona a su suerte, pero el rol del gobierno es asegurar una educación pública de calidad, asegurar el desarrollo de la investigación, del conocimiento, de la comprensión de la sociedad en que se vive, de entregar las herramientas para desarrollar el pensamiento, y acompañar la historia, puesto que historia es la elección de una mujer como la primera rectora de la Universidad de Chile.

Y aquí no hay autogol, hay aires de cambio recorriendo Chile.

Discusiones bizantinas incluso para señalar el término del proceso constituyente, para fijar los quórums necesarios para modificar la nueva constitución y provocar que la posibilidad del rechazo triunfe.

Discusiones que restan visibilidad a lo importante: nos estamos sacando una constitución coraza heredada de la dictadura, buscamos nuevos parámetros para hacer de Chile un Chile más justo.

Discusiones bizantinas que hacen olvidar que una constitución no es letra muerta, que es letra viva que avanza con la vida, con las necesidades y aspiraciones de nuestro, nuestros pueblos.

Y las voces más estridentes provienen de aquellos sectores que no han leído la propuesta.

Es larga, es pesada, pero informémonos y leámosla en perspectiva, no la atemos a lo contingente, pensemos en cómo la leerán nuestras hijas, nuestros hijos, nuestras nietas, nuestros nietos.

Leámosla con amor y esperanza, no buscando prebendas, o perpetuar la injusticia, leámosla sin odio, leámosla pensando en aquellos a los que se les negaron los derechos por tantos siglos, leámosla con la mente abierta, el corazón abierto, sin rencores, sin temores.

Recordemos, no se hace una tortilla sin romper los huevos, evitemos echar las cáscaras y alimentemos el futuro de Chile.

Gustavo Gac-Artigas es escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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