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Orlando Letelier, no te olvidamos. Por Miguel Lawner

El 21 de septiembre de 1976, Orlando Letelier fue asesinado mediante un atentado terrorista ocurrido en el corazón de Washington, ordenado por el dictador Augusto Pinochet. Una bomba colocada en el piso del automóvil que conducía, fue accionada mediante control remoto generando una explosión que le originó la muerte minutos más tarde. Junto con él, falleció su acompañante, la joven Ronni Karpen Moffitt, compañera de trabajo en el Instituto de Estudios Políticos. El presidente Allende lo designó embajador en los Estados Unidos, cargo que desempeñó hasta comienzos de 1973 cuando fue convocado a Santiago para asumir la cartera de Relaciones Exteriores, más tarde el Ministerio del Interior y finalmente el de la Defensa Nacional.

En esa responsabilidad lo sorprendió el golpe militar de 1973. Fue detenido el mismo día 11 de septiembre al ingresar al Ministerio a su cargo y confinado a la Isla Dawson junto con otros altos funcionarios del gobierno depuesto. Allí permaneció por ocho meses, siendo trasladado en Mayo de 1974 al subterráneo de la Academia de Guerra Aérea (AGA), lugar habilitado por la Junta Militar como siniestro centro de torturas.

Dos meses más tarde, el grupo de ex ministros fue trasladado a Ritoque, un balneario popular construido por el gobierno de Allende, que se blindó y artilló para servir como campo de concentración.

Con motivo del primer aniversario del golpe militar, el 11 de septiembre de 1974, los presos políticos confinados en Ritoque, fuimos llamados a formación, a fin de escuchar la palabra de un alto oficial de la Fuerza Aérea, quién pretendió justificar la intervención militar, debido a las supuestas ilegalidades y escándalos cometidos por la administración Allende.

El oficial concluyó su diatriba con la siguiente advertencia: “Algunos de ustedes saldrán pronto expulsados fuera de Chile, pero sepan que la larga mano de la DINA los alcanzará en cualquier lugar del mundo, vayan donde vayan.”

Días después, Orlando fue expulsado de Chile, arribando a Venezuela cuyo gobierno había realizado numerosas gestiones en demanda de su libertad. Allí se reunió con su familia, con la cual viajó meses después a los Estados Unidos, a fin de integrarse como miembro del Instituto de Estudios Políticos en Washington, tarea que compartió con el cargo de Director del Transnational Institute (TNI), con sede en Holanda.

Letelier desarrolló una actividad infatigable denunciando los crímenes y las múltiples violaciones a los Derechos Humanos que tenían lugar en Chile, tarea que compartió con el análisis de las transformaciones a las estructuras sociales y económicas que comenzaron a implementar los golpistas.

El 26 de agosto de 1976, veinticinco días antes de su asesinato, Orlando publicó un ensayo en la revista norteamericana The Nation titulado: “Los Chicago Boys en Chile: LIBERTAD ECONOMICA Y REPRESION POLITICA. Dos caras de un mismo modelo”.

El texto analiza detalladamente los cambios introducidos en la economía chilena por la Junta Militar, enfatizando que una política tan contraria a los intereses mayoritarios de la población, solo podía implementarse mediante una feroz represión.

En esos días, las autoridades norteamericanas reconocían la existencia de los abusos en materia de derechos humanos cometidos por los militares chilenos, pero valoraban con entusiasmo sus éxitos económicos.

El ensayo de Orlando es categórico en demostrar que libertad política y represión económica son dos caras de una misma moneda. Es imposible disociar esa yunta, y enrostra a los Chicago Boys su responsabilidad por el genocidio que tiene lugar en Chile.

Han transcurrido 44 años desde la publicación de este ensayo. Letelier no podía saber entonces, que Chile sería un verdadero conejillo de indias para la implementación del modelo neoliberal económico que se extendería más tarde al resto del mundo.

El dogma de Chicago fue impuesto en la década del ochenta con mano férrea por Margaret Thatcher en el Reino Unido y por Ronald Reagan en los EEUU. A la caída del muro de Berlín, la epidemia neoliberal contagió a todas las naciones integrantes del campo socialista, y más tarde acabó con los Estados benefactores de Europa.

El recetario fue siempre el mismo: desregulación, privatización de las actividades productivas y de servicio, flexibilidad laboral, fin a las barreras arancelarias, independencia de los bancos centrales, modificación de los sistemas previsionales solidarios, y otras acciones, todas las cuales se implementaron casi con simultaneidad en una fanática política de choque.

Salud, Educación, Vivienda y Previsión Social, dejaron de ser derechos garantizados por el Estado a cada uno de sus ciudadanos. Las conquistas laborales fueron limitadas o suprimidas.

La dictadura chilena resultó un alumno aventajado en esta experiencia. Los resultados están a la vista: al término de su mandato, Pinochet entregó un país con un 43% de la población viviendo en niveles de extrema pobreza, mientras los grandes consorcios transnacionales y un puñado de privilegiados alcanzaron ingresos económicos inimaginables en el pasado.

Los años transcurridos desde el fin de la dictadura, no modificaron sustancialmente este cuadro. Más aún, se consolidó la desnacionalización del cobre, se incrementó la privatización de los servicios públicos, se privatizaron los derechos de agua, asignados a perpetuidad, y se intensificaron actividades productivas o de servicio dañinas para el medio ambiente, a tal punto, que algunas zonas del país adquirieron la vergonzosa categoría de zonas de sacrificio

Orlando Letelier tiene el indiscutible mérito de haber alertado sobre los estragos producidos por el modelo económico neoliberal. Fue el primero en advertirlo. El dominio del poder imperial sobre los medios de comunicación, se encargó de silenciar su mensaje. El mensaje de Orlando incomoda a quienes hicieron suyo -en democracia- el andamiaje montado por los Chicago Boys.

La periodista canadiense Naomi Klein, tiene el enorme mérito de haber rescatado del olvido el texto de Orlando, al que cita reiteradamente en “La Doctrina del Shock. El Auge del Capitalismo del Desastre”, obra de impacto mundial, donde analiza las consecuencias negativas generadas por las políticas neoliberales tanto en Chile como en Sudáfrica; en Polonia, Rusia, Irak, o en los propios Estados Unidos.

Tras la insurrección popular iniciada en octubre del año pasado, está claro que finalmente, el pueblo chileno ha hecho suyo el mensaje que nos legó Orlando Letelier, adquiriendo conciencia sobre los estragos económicos, sociales y ambientales causados por el modelo neoliberal, cuya coraza fundamental es la Constitución pinochetista.

La convocatoria a a un próximo Plebiscito destinado a definir la aceptación o el rechazo a dicha Constitución, será el primer paso para abrir paso a una sociedad donde imperen los derechos sociales, políticos y culturales, así como el irrestricto respeto a los Derechos Humanos.

Será el mejor homenaje que podamos rendir a nuestro querido e inolvidable compañero Orlando Letelier, quién fue el primero en advertir los estragos que causaría el modelo económico neoliberal, del cual Chile fue un discípulo aventajado en el mundo.

Querido Orlando: no te olvidamos. Gracias por tu consecuencia y por todo lo que nos enseñaste.

Miguel Lawner
21.09.2020

ORLANDO LETELIER: ERRATA.

En la columna anterior, cometí una errata monstruosa, que es indispensable rectificar.

Dice: El ensayo de Orlando es categórico en demostrar que libertad política y represión económica, son dos caras de una misma moneda, en circunstancias que debió decir:

El ensayo de Orlando es categórico en demostrar que represión política y libertad económica son dos caras de una misma moneda,

Este es una errata imperdonable, que habría merecido un buen tirón de orejas del propio Letelier, como el que me propinó cuando discutimos acaloradamente respecto a los colores originales del alero en la Iglesia de Puerto Harris, cuya restauración nos habíamos autoimpuesto nosotros mismos.

Utilizando trozos de vidrio extraídos de los restos de los ventanales de la Iglesia, habíamos raspado el alero mencionado, a fin de descubrir los colores con que fueron pintados originalmente. Mi versión era: blanco, amarillo y azul. En cambio, Orlando aseguraba que eran blanco, amarillo y rojo.

Ambos nos encaramamos al caballito que habíamos construido a fin de acceder a dicho alero y raspamos simultáneamente un trozo, hasta concluir que Orlando tenía la razón. Debí admitir lealmente mi derrota, lo que no evitó el reproche del vencedor en este insólito duelo.

El escritor costarricense Joaquín Gutiérrez, avecindado en Chile en los años 40, asumió durante el gobierno de Allende la conducción de la Empresa Editora Quimantú, de gran éxito por cuanto publicó libros en tirajes de 50.000 ejemplares, que se vendían en los quioscos de diarios.

A Joaquín le encantaba contar el siguiente cuento: un editor se impuso la tarea de publicar por primera vez en la historia, un libro que no contuviera ninguna fe de errata, Contrató a los mejores correctores de prueba, hasta estar seguro que había logrado imprimir un libro sin ninguna fe de errata.

Cerró la publicación con la siguiente frase: este editor se enorgullece de publicar un libro que no contiene ninguna fe de errita.

El reprochable Miguel Lawner, un día después de haber cometido una inaceptable fe de errota.

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