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Partidos políticos y ciudadanía ¿desafección o incompatibilidad? Por Cristopher Ferreira Escobar

“Dicen que el tiempo cura todo, pero cien años son muy pocos”. Esto postulaba el cantante mexicano Cristian Castro en el año 2003 con su canción Vuélveme a querer. Pero se equivocaba. No solo son insuficiente 100 años, sino 1.000 y mucho más (infinito), ya que no es el tiempo, sino la ausencia de un marco referencial que ordena y entrega valores, llámese institución, lo que permite el olvido. De esta manera, lo que curaría al mexicano no es paso del tiempo, más bien, y aquí lo curioso y peligroso, la falta de referencias y sentidos que entregaba y tenía ella, como también él. Es por esto que para algunos enamorados las cosas no tengan sentido en la ruptura, porque lo que ordenaba el mundo y entregaba un saber, era él/ella en el imaginario de cada uno; de allí el extrañamiento de la presencia. No obstante, y aquí el peligro, es el extrañamiento mismo el que posibilita el olvido. Efectivamente, la ausencia del marco referencial genera el extrañamiento, pero este genera la posibilidad del olvido. Dos caras de la misma moneda. Como dice el filósofo esloveno Zizek, “el obstáculo mismo a la afirmación plena de nuestra identidad abre el espacio para ella”. Esto mismo ocurre en la arena política, la rutinización de los sistemas de valores es lo que permite inteligibilidad, así, la fractura no sería sino —como indicaba un ex profesor, Pablo Zúñiga— la disfunción rutinaria del sistema. Los partidos políticos son instituciones, los cuales, y más allá de los valores que representen, son colectivos, funcionan en lo colectivo, esto es, solicitan a la comunidad como condición explicativa de los mismo. Por otro lado, la ciudadanía viene, así lo indican algunos documentos, marginándose de los partidos y la política de manera más nítida a mediado de los 90. Es así que al día de hoy existe una “desafección” muy grande, reflejándose en distintas encuestas de opiniones e investigaciones desde esa década al día de hoy, pero también en un fenómeno reciente, como son los candidatos independientes que se desmarcan de estas instituciones. Para los partidos políticos, algunas personas, y me incluyo, es un error pensar en una sociedad sin partidos. Sin embargo, esta “desafección” entre partidos políticos y ciudadanía, tan criticada por aquellos, proviene justamente de la rutinización de valores que algunos partidos instalaron en Chile. La incompatibilidad se da entre una cultura del individuo, la cual invade distintas áreas del quehacer cotidiano, y la necesidad de colectividades de los partidos. Es más, el 18 de octubre del 2019 irrumpe la rutina por un abuso más, pero en clave económica (no son solo treinta peso. Sin embargo, fue esta lógica el motivo de apertura), como si se tratase de una fractura en la relación oferta y demanda. La incompatibilidad se vuelve, precisamente a este nuevo ethos del individuo, en una condición necesaria de incompatibilidad permanente. De manera que, la “desafección” no es un problema de los partidos y su relación con la ciudadanía, ya que no hay relación allí donde no hay correspondencia. En efecto, no se desafecta aquello que dejó de tener afección. De esto se puede inferir que las categorías de partidos políticos y ciudadanía, en tiempos de neoliberalismo, es incompatible. Fue precisamente el extrañamiento que se produjo entre partidos y ciudadanía lo que generó el olvido. Ese hecho de ruptura fue la instalación del modelo criticado hoy en día. Dicho todo esto, lo que habría de esperarse es justamente la consagración del peligro: el olvido de los partidos.

Cristopher Ferreira Escobar. Cientista Político. Coordinador General de la Fundación Politología. Centro de Estudios.

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