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Piñera, entre el acierto y el fracaso. Por Cristopher Ferreira Escobar

Ya pronto se cumplirán dos años del 18-O, y es importante revisar, sobre todo a esta distancia, la acción de Sebastián Piñera. Maquiavelo dijo que el príncipe exitoso es aquel que consigue el poder y lo mantiene. La ciudadanía en relación a Piñera, su presidente y mi presidente, porque lo importante no es lo que las subjetividades piensen, sino desde donde piensan; y ese hábitat material y simbólico lo representa las lógicas neoliberales, le critican, equivocadamente, que sea representativo de una población con sus múltiples demandas en el contexto post 18 de octubre. Y para ser serio en mi argumentación, Piñera es el presidente inepto que no escucha a nadie. Desde un punto de vista de los sistemas de valores que Piñera contiene y representa, no es tan incierto no escuchar, pues está movido, al igual que muchos, en la maximización de beneficios personales y del grupo personal. Siguiendo estos horizontes de sentidos, Piñera no representa un ethos de lo colectivo social, sino de lo colectivo personal. Entonces, solicitarle lo que no es parte de su universo simbólico es un error. Es más, nuestro presidente a triunfado, sus expectativas se han cristalizado, ya que ha ganado más capital. Veremos con las presidenciales si hay elementos de continuidad con la figura Sichel. Mientras tanto, Cristián Larroulet, jefe de la asesoría presidencial de Piñera, ha simpatizado con Sichel según Mario Desbordes.

Ahora bien, hay un terreno en pérdida, entre comillas. Gobernar es conducir conductas, y Piñera ha marginado los recursos disponibles del mundo simbólico para manejar la crisis. Un gobierno debe administrar una gran cantidad de conflictos, entendiendo que este se define como una relación de fuerzas diferentes. Es así que cualquier administración debe considerar qué conflictos, entre muchos, entrarán al gobierno, cómo entrarán, en qué orden y cuales se deben apresurar e incentivar (caso plebiscito). Piñera erro en no encontrar líderes porque él no ha sido líder, puesto que no ha generado símbolos de pertenencia en las subjetividades en conflicto. Los marcos referenciales del segundo piso y el micromanagement de Piñera eclipsaron la gobernanza y gobernabilidad. El micromanagement es lo contrario al liderazgo, pues enfoca al presidente en acciones inferiores al relato general del gobierno, el cual debe ser custodiado. Cuando Piñera se enfoca en aspecto de gestión específica, deslegitima a las figuras que vehiculizan esas acciones, con lo cual el sentido de pertenencia a un equipo se desfigura. Haber encontrado a líderes de la revuelta genera varias cosas, primero, y más importante, no volver colectivamente influyente al conflicto, segundo, generar reconocimiento de actores, y por lo tanto legitimar demandas, tercero, llevar el conflicto a un escenario que lo canalice y limite, y, por último, rutinizar el sentido de pertenencia a problemas colectivos vía sensibilidad a los problemas. No debe olvidarse que lo que pasó el 18 de octubre es una politización, donde los márgenes de lo que debe y puede pensarse y hacerse, se amplifican; donde los actores son muchos (incapacidad de consenso), y el conflicto como la discusión son elementos claves. Pero ojo, lo que puede y debe pensarse habita en una sintaxis, es decir, una manera de ordenamiento específico; la gente no quiere más comunidad, sino mejoras en el ingreso, por participar en el proceso productivo, como también, una mejoría en la forma en cómo actúan los mismos en el mercado. De allí que mayor distribución, pensiones dignas, sueldos dignos sea un problema de precarización referidas a lo económico. En efecto, a mayor sueldo, entre otras cosas, mejoraría la dignidad de las personas.

Como se vio, Piñera es fiel a sus principios, y en ese sentido, han sido acertadas sus acciones. Por otro lado, existe una sospecha de pérdida, de fracaso, por el no manejo adecuado en lo simbólico; la no transformación de un campo conflictivo al orden expresa esa ineficiencia. No hay que olvidar que un gobierno debe relacionar aspectos de convencimiento (pedagogía) y de coherencia técnica como indicaba Eugenio Urrutia. Para mi es claro, Piñera triunfó en sus propias lógicas, pero fracasó en la idea de continuidad y permanencia de su legado como figura pública por no saber actuar en el cúmulo de subjetividades. Quizá en lo privado siga influenciando, pero el riesgo de asociación a su figura es muy alto.

Cristopher Ferreira Escobar. Politólogo. Coordinador General de la Fundación Politología Centro de Estudios.

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