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Plebiscito constituyente: la mala comprensión lectora y formación ciudadana como armas de campaña. Por Andrea López

Los bajos niveles de comprensión lectora y pensamiento crítico de la población chilena se han utilizado políticamente para cuestionar el proceso constituyente, no solo para disputar el nivel de preparación de quienes escribieron el nuevo texto propuesto, sino que también la real capacidad de los ciudadanos para ejercer un voto informado. Más allá del uso intencionado que se haga de estas cifras para hacer campaña, las deficiencias y/o brechas en estas capacidades cognitivas son una preocupación genuina y permanente que muchos profesores han manifestado durante años.

Datos respecto del proceso de implementación de la Formación Ciudadana durante este año, señalan que una de las barreras para estimular en los estudiantes la reflexión crítica sobre los problemas sociales, son sus dificultades de lectura y comprensión lectora, la que algunos estudios sitúan en un retraso promedio respecto del nivel esperado en dos años.

Al revisar la ley 20.911, sobre los Planes de Formación Ciudadana, vemos que sus objetivos son ambiciosos, y que incluyen el conocimiento, comprensión y análisis de conceptos como ciudadanía, los derechos y deberes asociados a ella, los Derechos Humanos, el Estado de Derecho, la institucionalidad local, regional y nacional; así como el ejercicio de una ciudadanía crítica, responsable, respetuosa, abierta y creativa. Para lograr estos objetivos, muchas escuelas se encuentran desarrollando estrategias innovadoras para promover la ciudadanía, sin embargo, los profesores describen este proceso como lento y de largo plazo, debido a la existencia de dificultades de base en el ámbito lector, dificultades que, no solo se distribuyen desigualmente según el nivel socioeconómico de los estudiantes, sino que también, se han acentuado como efecto del Covid-19 y la educación a distancia durante los últimos años.

En el contexto actual, se destaca la necesidad de desarrollar habilidades para el siglo XXI, desde una perspectiva de ciudadanía global, que nos permita valorar la diversidad y la integración en todas sus manifestaciones. Las habilidades básicas de lectura representan la base para construir estas capacidades, siendo preocupantes las enormes brechas socioeconómicas que dificultan a los más pobres poder desarrollarlas, y que parten a temprana edad.

¿Significa eso que debemos implementar una versión limitada o básica de la Formación Ciudadana, cuando no están dadas las condiciones ideales? La respuesta es no, ya que a pesar de que se trata de una tarea de largo plazo, es posible disminuir esta brecha generando estrategias para equiparar la comprensión lectora de alumnos que se encuentren hoy en el nivel preescolar, como también es necesario realizar intervenciones intensiva de apoyo a los estudiantes mayores. Lo que no se debe hacer es invisibilizar esta realidad, sino hacernos cargo de navegar la formación en ambos tipos de contenidos y habilidades: básicos y críticos, de manera que, en palabras de Lisa Delpit, todos los estudiantes puedan aprender “los códigos de la cultura del poder”, para que puedan cuestionar estos y transformar la sociedad.

Resulta inaceptable, sin embargo, que se utilicen las deficiencias formativas de larga data con fines electorales, discriminando a un porcentaje importante de la población al cuestionar el valor de su voto, frente a una elección tan trascendente como la de septiembre próximo. Esto, sin duda, representa una amenaza a la democracia.

Andrea López
Investigadora UCSH
CITSE

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