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¿Qué se arde con el desastre de Notre Dame? por Lorena Souyris Oportot

En estos días han pasado muchas imágenes por mi cabeza. El día del incendio de Notre Dame, me fui al lugar de los hechos, sin ser capaz de acceder al monumento arquitectónico agonizando, ya que estaba todo cercado, mis registros audiovisuales solo quedaron en ese cerco. Grabando el movimiento humano, sus reacciones, la policía y las diversas emociones que provocó tal fenómeno de “Nuestra Dama” en llamas, dicho conjunto de elementos generó en mí nuevas imágenes en mi retina, suscitando diversas reflexiones que se entrecruzaban y se contradecían. Esto que quiero expresar es fruto de algunas conversaciones, de ver comentarios en las redes sociales y de diálogos fugaces e inconclusos con algunas amigas que postearon cosas. También intercambios de conversaciones por Wattsapp y los debates en los medios de comunicación sensacionalistas mundiales y franceses: las palabras de Macron, de Mélenchon, las entrevistas a las personas, el chovinismo francés, la hipocresía burguesa, el maniqueísmo, las imágenes de los representantes políticos “mundiales” y europeos dando su apoyo a Francia a través de declaraciones políticamente correctas y legitimando su neoconservadurismo y derechismo cristiano, la conmoción de la comunidad católica, el eurocentrismo aparecido y el efecto que provocó en el Vaticano dicho acontecimiento, que levantaron en mí algunas líneas que me permito decir. Eso quiere decir que no me adjudico esta reflexión yo sola.

Es verdad que Notre Dame representa y simboliza la encarnación de una historia que data desde el año 1100; que fue erigida entre 1160 a 1345 y que ha sido testigo de la historia de Occidente, ya que ha encarnado la unión entre el poder político y la iglesia; además de protagonizar, de alguna u otra manera, acontecimientos históricos hasta el día de hoy, como por ejemplo, fue un lugar de refugio politico en momentos difíciles de la historia del siglo XX. Por lo que, no solo es es un monumento estético gótico, sino un lugar que tiene una memoria. Así como también representa el ícono del Medioevo y de la grandeza alcanzada por Europa en tiempos en que la mitad del mundo transitaba por el analfabetismo y las vagas nociones de una vida “civilizada”: concepto hegemónico impuesto por los esclavistas científicos y políticos de la época dorada de Europa. Por otro lado, es verdad que ha inspirado a artistas, cineastas y escritores: uno de ellos Victor Hugo.

El phatos trágico ocurrido con este suceso parisino me hace un eco que quisiera formular. He escuchado y leído muchas interpretaciones de lo que provocó Notre Dame en llamas: por una parte, cierta “alegría” perversa, ya que se trata del “símbolo de una civilización” (tal como lo dijo Mélenchon) la cual se traduce en celebraciones revanchistas que proclaman, en cierta medida, una instrumentalización grosera de lo ocurrido donde ese «símbolo de una civilización » debe caer. Del mismo modo, he visto interpretaciones providencialistas del siniestro dignas del Antiguo Testamento, al mismo tiempo que apocalípticas del Nuevo Testamento. También he visto un sentimiento sublime por parte de mucha gente, las cuáles se vieron con la emoción a la intemperie.

Ya el viejo Kant en su texto “Lo bello y lo sublime”, examina el “sentimiento estético” de manera teórica. Sin embargo, lo pude visualizar de forma experiencial cuando los feligreses hacían un recorrido hacia y por los alrededores de Notre Dame con velas y lágrimas. Seria algo asi, como la expresión de un gran duelo público cuya tendencia es a su mercantilización y a su « selectividad », ya que no todas las catástrofes son objeto de igual atención y empatía. Esto se demuestra en el hecho de que existe una jerarquización y una taxonomia frente a las pérdidas arquitectónicas y que merecen más visibilidad y tristeza que otras, conforme a criterios ideológicos que muchas veces no son asumidos.

Por consiguiente, la lógica que opera detras de aquella jerarquización es la dispar ponderación de los deterioros que sufre el patrimonio cultural : monumentos, obras de arte, sitios arqueológicos, edificios históricos, etc. siendo una lógica constante que se evidencia en todos los casos : causas violentas (bombardeos, atentados, saqueos, vandalismos, etc.), causas naturales (inundaciones, terremotos, tsunamis, huracanes, etc.) como también las causas accidentales (incendios desatados por los cortocircuitos). Concluyendo así, que existen pérdidas patrimoniales que mortifican o indignan más que otras.

Por otra parte, el discurso de Macron, casi llorando y diciendo que “entre todos, unidos, restauraremos Notre Dame”, además de proponer reconstruirla en ¡¡¡5 años!!! denota que este siniestro resulto ser un regalo caído del cielo, visto la contingencia con los gilets jaunes que lo tenían con la soga al cuello.

En efecto, el fenomeno del duelo nacional y el aturdimiento por parte del pueblo francés frente al suceso de Notre Dame en llamas, creo las condiciones políticas de Macron para convocar a la unidad, al patriotismo y a la concordia. Distrayendo el foco de atención de la ciudadania respecto a las luchas contra las políticas neoliberales del gobierno. Ya se puede aseverar en las frases formuladas en su discurso frente al pueblo francés televisado desde el Palais de l’Élysée, cito: «el incendio de Notre-Dame nos recuerda que nuestra historia no se detiene nunca, que siempre habra dificultades que superar, que aquello que creemos indestructible puede ser deteriorado », continuo. « somos un pueblo de emprendedores, tenemos mucho que reconstruir» ; «quiero que este terminada en cinco años podemos hacerlo» . Frases absolutamente reconciliadoras que aluden a la idea de esperanza y de triunfo.

Por su parte, he escuchado y visto imágenes comparativas entre un monumento en llamas, como es Notre Dame, que puso los focos de atención a nivel mundial, y muchos incendios agrestes, sin advertir ahí que las llamas de Notre Dame también recaen en los bosques, en el amazonas, en el ecosistema devastado por la sobre explotación humana y que ahí no hay mucho que decir ya que los intereses económicos predominan. Así como también se hace caso omiso a otros incendios de monumentos tan legítimos como Notre Dame (una mezquita fue incendiada hace un par de semanas y no hizo ruido), además de las llamas recaídas en ciudades, producto de bombardeos (por ejemplo, en Siria).

Hoy escuchaba en las noticias un debate a propósito de los recursos que sacará el gobierno para restaurar Notre Dame y evidentemente que de esas arcas fiscales se traspasaran recursos destinados para otras urgencias a la restauración de “Nuestra Dama”. Es verdad que, dentro de los recursos, deben haber presupuestos que sean distribuidos para el patrimonio y debe ser así, pero visto la magnitud del daño de Notre Dame, se tendrán que desplazar otros recursos extras para poder llevar a cabo dicha restauración en 5 años tal como quiere Macron. Si bien, a nivel mundial hay una suerte de solidaridad económica para la restauración de magno monumento y bello, sin duda por el trabajo artístico que la contiene; la primera pregunta que me hago, y bastante simple: Notre Dame ha sufrido, durante 800 años, varias intervenciones quirúrgicas; ya su edificación fue de larga data ¿Macron creerá qué él podrá lograrlo en 5 años? Su soberbia para demostrar que es él el “presidente”, el “monarca” que podrá parar un patrimonio artístico, cultural y monumento estético que tiene mil veces más vida que este jovencito arrogante y que se ha podido levantar frente a las adversidades que ella misma ha sufrido y protagonizado, me llevan a poner en duda cuáles son sus intenciones políticas de fondo al respecto. Sobre todo por la cantidad de dinero que se está aportando de forma “solidaria”, lo que demuestra la indiferencia frente a problemas actuales y graves en relación a las desigualdades de pueblos y países más marginales, donde no ha habido ninguna intención de llevar a cabo dicha “solidaridad”.

Por su parte, y tomando elementos artísticos, el crisol del arte en la época de la construcción de Notre Dame tenía un objetivo bastante claro y que era el de adaptar el arte a los preceptos religiosos para ver en la imagen y la arquitectura grandilocuente la posibilidad de enseñar a los laicos la palabra divina y cuyo sentido simbólico se expresaba en las bóvedas y los vitrales arquitectónicos; pero se hacía con una intención política para que la luz que entraba por dichas bóvedas y vitrales provocara aquel sentimiento sublime frente a la “luminosidad que venía de Dios”. En este sentido, la arquitectura no solo tenía una intención política, sino también pedagógica; siendo su perspectiva icónica y horizontal precisamente para producir en el “espectador” rural de aquella época, que no sabía leer, un sentimiento de “inferioridad y devoción”. En consecuencia, los mecanismos y estrategias pedagógicas eran por medio del arte en general, particularmente, a través de la imagen (pintura, escultura) y la arquitectura. En el caso particular de Notre Dame, su arquitectura gótica tiene un valor extremadamente importante para la época, ya que instauro una nueva técnica de construcción. En este caso, cuando vi Notre Dame en llamas vi el símbolo de todo aquello en cenizas, pero paradójicamente, observé la legitimación de aquello a través de la emoción de la devoción sacramental.

Quizás, se me tildará que estoy viendo símbolos en donde no los hay o, por mi afán de “deseos de cambio”, estoy instigando cosas que no tienen que ver con lo que “realmente” ocurrió el lunes y que fue “solo un incendio” que, más allá de ello, ¡¡“NOTRE DAME” se levantara!! Pues lo que ocurrió el lunes fue un monumento en llamas. Sin embargo, no puedo dejar de insistir en el impacto provocado a nivel mundial; la imagen de tal monumento hecho llamas me lleva a reflexionar sobre el modo cómo ese mundo llora el desplome de dicha obra arquitectónica, de su torre que ha simbolizado los sueños de grandeza y prepotencia y que provocó la mirada atónita del mundo bajo la visión occidental. Y recalco esta « visión occidental», pues todas las obras de arquitectura monumental de las civilizaciones antiguas, medievales y modernas ; por ejemplo : las piramides Egipcias y Mayas, el Coliseo romano, la Acrópolis de Atenas, la gran muralla China, Petra, Machu-Pichu, la Pagoda budista de Mahabochi, Teotihuacan, las Mezquitas, el Paris del Baron Haussman, los rascacielos de N.Y, involucraron regímenes laborales, como también símbolos de poder político, económico, cultural y religioso.

De cierta manera, aquello me motiva a materializar y replicar lo mismo que han dicho los políticos aquí: Efectivamente y cito “Notre Dame es el epicentro de nuestra historia y de nuestra vida”. Y es verdad, es el núcleo del mundo católico/occidental. Efectivamente, cuando la memoria se fractura y se siente el desvanecimiento de “NUESTRA DAMA”, símbolo de la madre protectora, evidentemente que se siente la orfandad. Es eso quizás lo que se está sintiendo, no solo en Francia sino en Occidente. Y lo respeto. Pero también quiero señalar, a propósito de las diversas reacciones y modos de legitimar nuestras narrativas respecto a Notre Dame, una segunda pregunta que me hago: ¿Quién es el sujeto de la enunciación aquí? Me hago esta interrogación pues, al tiempo que seguía escuchando los debates en los medios de comunicación, había un hombre que criticaba a una chica que debatía respecto a la cantidad de dinero que se invertirá en Notre Dame, haciendo el alcance claro está, del respeto por tal obra arquitectónica y lo que ha significado para Occidente. Sin embargo, hacía hincapié en el hecho que, así como lo ocurrido el lunes 15 de abril con Notre Dame en llamas y que será un hecho histórico e inolvidable para el mundo católico/occidental, el movimiento de Gilets Jaunes y los movimientos feministas son igual de históricos por la revuelta que están provocando. El contexto fue que el hombre que le discutía aclamaba que este suceso con Notre Dame el día 15 de abril será una fecha que quedará en la memoria mundial, tal como ha quedado en la memoria el 11 de septiembre del 2000 (bombardeo de las torres gemelas) por lo que merita ese reconocimiento, mientras que al mismo tiempo este hombre le decía que terminara con el debate absurdo de reclamar por los dineros invertidos.

Yo, en mi lugar, también tengo en mi memoria el mismo 11 de septiembre, pero de 1973 cuando también se bombardeó un monumento histórico de Chile y que fue “La Moneda” en llamas, lo que cobró consecuencias hasta el día de hoy casi irreparables; el mismo registro lo tengo cuando Valparaíso (Patrimonio de la Humanidad) se prendió en llamas, cobrando no solo arquitectura, sino miles de hectáreas forestales. Desde esa perspectiva, insisto: ¿Quién es el sujeto de la enunciación que se adjudica La Verdad de los acontecimientos? ¿A quién se habla y desde dónde se habla? ¿A quién va dirigida la palabra? Notre Dame es la expresión de un símbolo y, más allá de sus ruinas, “ese símbolo seguirá vivo”, tal como me dijo una bella amiga.

Desde esta afirmación hecha por mi amiga, la tercera pregunta que me hago es: ¿Qué símbolo es el que quedará y seguirá vivo? ¿Qué símbolo es el que se quiere mantener y seguir? Los símbolos tienen una impronta política y tienen representaciones, Notre Dame es el símbolo de una visión de mundo, de una civilización. Esto me hace recordar el texto de Agamben a propósito de los sacramentales. “El reino y la gloria: una genealogía teológica de la economía y del gobierno”; ahí Agamben establece la relación entre sacramento, sacramentales y sacra-mentalización de las instituciones políticas atravesadas por símbolos que toman cuerpo vivo. De lo que se trata ahí es justamente del ritual litúrgico político terrenal cuando en ciertas situaciones (en este caso contemporáneas, sociales y culturales) se produce la unión entre el Señor, el “Amo” y el pueblo. En mi opinión, puede hablarse en este fenómeno de Notre Dame en llamas, y todo lo suscitado, un “misterio” como aquello que se produce fuera del discurso y en la alabanza en tanto palabra que ha sido vaciada de contenido, sin embargo que cobra un “cuerpo místico”. Sería esto una teología política celestial de glorificación que mantiene o, puede ser, mantendrá ese símbolo vivo, más allá de las ruinas de Notre Dame.

Para ir concluyendo, si bien, hay que tener la madurez intelectual y la amplitud mental para reconocer en Notre-Dame un monumento gótico de valor histórico y cultural que no tiene porqué ser eliminado de la faz de la tierra a pesar de toda lo que implica y contiene política e ideológicamente desde su génesis ; del mismo modo, si esto es asi, entonces, ?vamos juzgar todas las obras de arte, la literatura, la pintura, la musica , es decir, a Virgilio, Miguel Angel, Bach porque estos artistas fueron mecenas funcionales al poder político y religioso de su tiempo ?. Tal como dijo Walter Benjamin, « no existe documento de cultura que no sea a la vez documento de barbarie ». Sin embargo, la verdad, yo intento desafiar y no seguir el discurso del Amo, como se diría en clave psicoanalítica Lacaniana, aunque es difícil pero creo que es posible deconstruir los símbolos, ya que no son estáticos, sino que se van transformando en la medida que vamos reinventando las condiciones históricas de nuestro modo de vivir.

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