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Razones para la equidad en salud global. Por Eduardo Leiva Pinto

A la fecha, más de 400 millones de dosis de las vacunas contra el Covid-19 se han administrado en más de 50 países, pero el despliegue mundial hasta ahora ha puesto de relieve enormes desigualdades. Juntos, Estados Unidos, China y el Reino Unido representan alrededor de 220 millones de dosis, mientras que un gran número de países aún no han comenzado a vacunar a sus poblaciones y algunos ni siquiera pueden acceder a vacunas.

El Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 (COVAX) -iniciativa multilateral liderada por CEPI, GAVI y la Organización Mundial de la Salud (OMS)- intenta garantizar que las vacunas se distribuyan de manera equitativa, y que ningún país quede excluido. El programa espera que 1.800 millones de dosis estén disponible este año para su distribución.

Sin embargo, la mayoría de las dosis producidas han sido compradas por países que han realizado tratos directos con las compañías farmacéuticas. Hasta ahora, más de la mitad de todos los pedidos confirmados de vacunas Covid-19 han sido sólo de un puñado de países de altos ingresos.

Hay razones de salud pública, científicas, económicas y morales que argumentan a favor de una distribución global y equitativa de vacunas Covid-19. Las sintetizamos a continuación.

Propagación de variantes

Las nuevas cepas de Covid-19, como las que se identificaron en el Reino Unido, Sudáfrica y Brasil, tienen una mayor oportunidad de surgir si hay una gran cantidad de virus en circulación y en muchos huéspedes.

De este modo, si reducimos la cantidad de virus en todas partes, disminuiremos la posibilidad de que mute y produzca potencialmente nuevas variantes, que pudieran ser, eventualmente, resistentes a las vacunas existentes. Las vacunas contra el Covid-19 deben implementarse a escala mundial. De lo contrario, todos seguiremos siendo vulnerables.

Así, una vacunación global sumada a intervenciones comportamentales locales exitosas -uso de mascarilla, distanciamiento social, higienización de manos- es la mejor estrategia para reducir la circulación del virus en nuestras comunidades.

Ciencia humanitaria y global

Hoy las naciones ricas vacunan a una persona cada segundo, mientras que la mayoría de las naciones más pobres aún no administran una sola dosis. Y si bien los países pobres vivenciarán por estos días la llegada de algunas dosis facilitadas por COVAX, las cantidades representan sólo el 3% de las personas que en esos países pueden esperar ser vacunadas para mediados de año, y sólo una quinta parte para fines de 2021.

Ahora bien, todos los principales desarrolladores de vacunas se han beneficiado de miles de millones de dólares en subsidios públicos, sin embargo, las corporaciones farmacéuticas han recibido los derechos de monopolio para producirlas y beneficiarse de ellas. Al mismo tiempo, laboratorios calificados de todo el mundo están disponibles para producir más vacunas si se les permitiera el acceso a la tecnología y a los conocimientos técnicos que estas empresas mantienen bajo llave.

“Las vacunas, las pruebas, las técnicas diagnósticas, los tratamientos y otros instrumentos fundamentales para la respuesta al coronavirus deben ponerse a disposición de todos en calidad de bienes públicos mundiales”, señalaba Carlos Alvarado, Presidente de Costa Rica, en mayo de 2020 en la presentación de la iniciativa de Acceso Mancomunado a la Tecnología contra COVID-19 (C-TAP). A Alvarado le secundaba el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, quien indicaba “la solidaridad y la colaboración en el plano mundial son esenciales para superar el virus COVID-19”.

Considerando las lecciones aprendidas de la epidemia del VIH/SIDA, compartir tecnología, conocimientos y propiedad intelectual es la forma más rápida de salir de la crisis sanitaria mundial.

Reactivación económica

La mayoría de las principales economías del mundo se han visto gravemente afectadas por la pandemia, el acceso equitativo a las vacunas Covid-19 es vital para lograr la recuperación económica.

Un estudio reciente sobre el tema, encargado por la Fundación de Investigación de la Cámara de Comercio Internacional (ICC), determinó que, si el acceso a las vacunas no se coordina desde una perspectiva global, la economía podría contraerse el equivalente al 7% del PIB mundial. Las economías más afectadas serían la de los ‘países desarrollados’, perdiendo hasta el 4% de su PIB para fines de 2021, a pesar de tener programas de vacunación efectivos.

Así, dada la dependencia e interconexión de nuestras dinámicas comerciales, es poco probable que las economías nacionales experimenten una recuperación significativa hasta que sus socios comerciales tengan un acceso similar a las vacunas. Y es que precisamente nuestra aversión a las pérdidas pudiera ser un aliciente para el asentamiento efectivo del principio de solidaridad en el acceso a las vacunas contra Covid-19.

Vulnerabilidad y protección

Dado que los países de ingresos altos tienen capacidad para asegurar acuerdos directamente con compañías farmacéuticas, muchos países de ingresos medio y bajos han debido de refugiarse en COVAX para acceder a las vacunas de Covid-19. Un despliegue global debe darse de manera justa para que todos los países puedan beneficiarse, independientemente de su capacidad para negociar un acuerdo. Covid-19 está exacerbando las ya enormes desigualdades en salud en todo el mundo. Vacunar a toda la población de un país antes de permitir el acceso a otros podría poner en riesgo a millones de personas.

Si bien está aumentando la producción de vacunas, los suministros podrían ser limitados durante algún tiempo y muy por debajo de los niveles de demanda. Si no hay un esfuerzo de colaboración para administrar el acceso y la distribución de las vacunas de manera equitativa, podría haber acumulación en algunos lugares y escasez en otros, lo que implicaría que las vacunas no llegarían a los más vulnerables en muchos países.

Es vital que los Estados respalden a COVAX y a otras iniciativas globales, y que compartan dosis de vacunas con países que las necesiten. Cualquier retraso en garantizar un acceso justo y equitativo solo prolongará la pandemia, y muchas muertes evitables se producirán a consecuencia de tal desidia.

Solo en el siglo XX cerca de 300 millones de personas murieron a causa de la viruela. Gracias a las campañas de vacunación, en 1979, la OMS declaró a la viruela como una enfermedad erradicada. Por más de 200 años, las vacunas han formado parte de la lucha contra las enfermedades, y en la actualidad se dispone de vacunas para protegernos contra al menos 20 de ellas. Esto fue el resultado de esfuerzos coordinados de la salud pública mundial, donde la vacunación fue un componente esencial. Que duda cabe, cuando la humanidad trabaja coordinada, impulsada por un ánimo colectivo y comprometida con el bienestar general, el mundo puede ser el mejor hogar. __

Eduardo Leiva Pinto es especialista en antropología médica, filosofía de la salud y salud global, Universidad Bernardo O’Higgins

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