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Reseña crítica del libro Luchas por la hegemonía: proyecto emancipatorio y Constitución en Chile

Luchas por la hegemonía: proyecto emancipatorio y Constitución en Chile

Ed. Clacso-Calas, Santiago de Chile 2024[1].

                                    Miguel Ángel Hermosilla Garrido[2]

                                         

 

Vendrán los expertos

A explicarnos cómo

Funciona la vida

Y como es que tendremos que posponerla una vez más:

¡No pasaran!

# autonomía.

 

 

Luchas por la hegemonía, proyecto emancipatorio y Constitución en Chile, es una experiencia e intervención colectiva de trabajo crítico, animado por la intención política de generar las condiciones de posibilidad para la irrupción del pensamiento, el debate y la discusión en torno al evento de “insurrección destituyente” del octubre chileno y el Proceso Constituyente que resultó como traducción institucional de la arremetida popular. Editado por Alejandra Bottinelli, Mía Dragnic García, Olaf Kaltmeier y Marcelo Sanhueza, en una red amplia y múltiple de investigación, que incluye la colaboración de CLACSO. Esta performance- textual, trata de un ejercicio analítico agudo y extenso que reúne una veintena de ensayos heteróclitos con una inspiración en común: pensar las condiciones de injusticia, abuso y precariedad general a las que han sido sometido los pueblos de Chile durante los últimos cincuenta años, luego de la instalación de la barbarie neoliberal promovida e implementada por la dictadura cívico- militar cuya violencia oligárquica e intensificada bajo la égida de la “democracia guzmaniana”, desató un episodio de rebeliones populares y callejeras inéditas en la historia reciente de este país, dando paso a un proceso constituyente, que, aunque delimitado por los poderes instituidos y fácticos, abrió un horizonte de transformaciones democráticas y anti oligárquicas que los pueblos y su memoria de lucha han venido demandando desde la génesis neocolonial de la República de Chile:

“La revuelta chilena comenzó como un conjunto de protestas en el metro de Santiago, organizadas por las y los estudiantes secundarios que reclamaban por el alza de pasaje escolar en la capital de Chile y que pronto tuvo un respaldo transversal. Esa fue la antesala que derivó en las masivas protestas del 18 de octubre y que logró con el transcurrir de las jornadas, articularse social y políticamente a lo largo de todo el país a través de asambleas territoriales, grupos de autodefensa (como la denominada primera línea) y movimientos sociales y de trabajadores, los cuales encontraron en esta coyuntura la posibilidad de modular una serie de demandas que llevaban décadas gestándose y movilizándose.”. Revuelta social, soberanía popular y legitimidad política. (p. 13).

Los primeros ensayos de este “texto- intervención - colectiva”, se articulan bajo el nombre de “Movimientos sociales y políticos; lucha por la hegemonía” e intentan delinear una especie de historiografía de los procesos constituyentes fallidos y elitizados que las potencias populares y anti hegemónicas han impulsado como ejercicio democrático anclado sobre su memoria insurgente y de luchas contra la tradición dominante. Este ejercicio historiográfico de los procesos sociales y políticos de los pueblos, se realiza desde una racionalidad crítica, deslizada sobre una problematización política de las potentes manifestaciones populares que acontecieron en Chile en octubre del 2019, para luego historigrafiar desde ese ethos de insurrección los distintos eventos constituyentes acaecidos a lo largo de la historia política de la Republica.

El fantasma de la revuelta transfigurado en regreso plebeyo de la imaginación insurrecta de la experiencia popular de los setentas, vuelve a sacudir la institucionalidad clasista de la fronda aristocrática del poder en Chile para deponer nuevamente el tiempo abusivo del capital:

“La idea de una vida que valga la pena ser vivida apareció como un horizonte político anticapitalista que puede ser leído como: “la segunda reinvención del acontecimiento de la dignidad después de que Allende y la UP intentaran hacer de Chile un país de gente digna. A cincuenta años del golpe”. (Dragnic, Moulian. p. 73.)

Y a continuación:

“Las constituciones chilenas que se han descrito con anterioridad en este apartado ejercían la función de legalizar y legitimar el orden existente, cada una a su manera. La de 1833 fue una constitución conservadora; la de 1925, una constitución más liberal que reforzó el presidencialismo; la de 1980 fue una constitución impuesta por la dictadura. Esta última, lleva cuarenta y cuatro años y es el producto de un régimen autoritario. La dictadura necesitaba una nueva constitución, ¿por qué?, porque deseaba cambiar el orden social, partiendo por la economía, por supuesto”. A cincuenta años del golpe, la nueva constitución del Chile neoliberal. (Idem. p. 80.)

La revisión de los distintos momentos constituyentes por los que atraviesa el Chile de la democracia liberal- burguesa, siempre acompañados de revueltas ciudadanas que se desvinculan de ese orden institucional vigente, muestra precisamente como las distintas formas de Estados que se van construyendo a partir de estos procesos, son pactos oligárquicos que ofrecen justamente las garantías constitucionales de legitimación del capital, necesarias para la perpetua mutación del mismo patrón de acumulación capitalistas sin alterar la estructura esencial de ese modo de producción y explotación:

“La pregunta que sigue abierta es cuándo los pueblos de Chile tendrán una nueva constitución que sea capaz de distanciarse del modelo político y económico que impuso la dictadura y que ha auspiciado la creación de grandes capitales en detrimento de los derechos sociales de las grandes mayorías”. A cincuenta años del golpe, la nueva constitución del Chile neoliberal. (Idem. p. 76.)”

Uno de las ideas que cobran singular atención es esta saga del pensamiento acerca de los movimientos sociales y políticos que marcan este inicio de siglo y que tendrían como guion político la impugnación del orden neoliberal en gran parte del mundo, es la controversial tesis de Vladimir Safatle que sostiene la idea de que el siglo XXI se abre al “acontecimiento político” a partir de una “secuencia de insurrecciones” que intentan ser inmediatamente conjuradas y desarticuladas por el establishment y los poderes de turno. Esta idea de que los movimientos de rebelión popular contemporáneos y las revueltas, entendidos como acontecimientos que irrumpen en la historia, justamente como un despertar de esta misma en términos de Alain Badiou, y que se escapan de los esquemas hermenéuticos modernos monumentales de interpretación de los procesos sociales, no son acontecimientos aislados e inorgánicos, sino que tienen una dinámica interna, irreductible a la singularidad misma de los pueblos que irrumpen por fuera del guion de la filosofía de la historia; en una lucha por la sobrevivencia que escapa a cualquier cálculo político soberano. Si esto es así, entonces, afirmar que el siglo veintiuno se abre como “acontecimiento político” a partir de las revueltas contemporáneas- como secuencias de insurrecciones- animadas por los pueblos en lucha contra la miseria, es inscribirlas en un giro gubernamental de vuelta en la institucionalidad sacrificial que justamente impugnan:

“De hecho, podríamos incluso arriesgar una proposición de la filosofía de la historia y afirmar que el siglo XXI nace de una secuencia insurreccional mundial que articula Sur y Norte en una resonancia de malestar social ligada al impacto del aumento del empobrecimiento y las dinámicas de concentración de la riqueza provocadas por el neoliberalismo”. (Safatle. p. 93)

Y más abajo:

“Es por eso que Chile parece un caso singular en la articulación entre insurrección e institución. Este carácter completamente único del proceso chileno se encuentra en que produjo lo que podríamos llamar una “institucionalización insurreccional”, pues fue resultado de una insurrección que de inmediato exigió una nueva institucionalidad”. (Idem. p. 99)

El cierre de este capítulo queda signado por dos textos relevantes a la hora de evaluar críticamente los movimientos sociales y políticos que irrumpieron como potencias destituyentes en los pueblos del Chile del 2019. El primero de los ensayos mencionados corresponde al del filósofo Olaf Kaltmeier, que expone el problema del carácter acéfalo de las revueltas y la imposibilidad de reducirla a un esquema representacional moderno al modo de pueblo monumental estatal-nacional-, el “teatro soberano” -en términos de Sergio Villalobos Ruminott- siendo precisamente la multiplicidad de su condición heterogénea y no identitaria lo que caracteriza el movimiento desterritorializado de estos gestos de insurgencia y rebeldía política anticapitalista y antiautoritarios.

“El estallido social del 2019 fue un punto culminante de múltiples procesos organizativos que puso de manifiesto una nueva forma de entender la política. Se parecía a una huelga general espontánea que no había sido planificada por ninguna sede de partido. En este sentido, sería apropiado hablar de nuevos sujetos plebeyos que se resisten a una refeudalización neoliberal. Sin embargo, es preciso tener cuidado de no crear precipita-demente nuevos sujetos colectivos, como un nuevo pueblo chileno”. (Olaf Kaltmeier. p.123)

 

 

Y más abajo:

De este modo, múltiples movimientos toman distancia de los principios básicos modernos occidentales de la teoría política, especialmente de las nociones de soberanía basadas en el principio de la representación por otros, sean partidos, políticos o líderes. “La muerte de lo social y el poder constituyente popular”. “El oxímoron de la constitución anarquista”. (Idem. p.124)

Otra tesis decisiva que se juega en esta serie de ensayos, es la que dice relación con la problematización que el filósofo Rodrigo Karmy realiza de “(…) la irrupción popular de octubre y el proceso constituyente que terminó con un rotundo rechazo en las urnas del proyecto de constitución redactado por la Convención Constitucional”. Según, Karmy, la violencia de lo que él denomina el “fantasma portaliano”, entendido este como una “formación imaginaria”, que se traduce en una racionalidad política profundamente autoritaria, constituida fundamentalmente por la elite militar y financiera de Santiago, y que se deja caer continuamente sobre la imaginación democratizadora de los pueblos, con la inercia mortal de su totalitarismo oligárquico, sería el problema- “la catástrofe”- al que se enfrenta los sectores populares cada vez que intentan construir un horizonte político que se propone romper con ese imaginario totalizante forjado, precisamente, contra los pueblos, en este registro, entonces, según el autor, lo que estuvo en juego durante el proceso constitúyete fue la posibilidad de agrietar la figura fantasmatica del orden oligárquico nacional y con ello abrir camino a la posibilidad de atravesar el meta-partido del capital y la gobernabilidad neoliberal.

“En nuestra perspectiva, lo que ocurrió el día 4 de septiembre de 2022 fue la intensificación del golpe portaliano que tuvo a la institución del Congreso Nacional como su dispositivo fáctico fundamental, desde el cual se fraguó la restitución del control oligárquico sobre el proceso abierto desde las últimas décadas en que se interrogan tres campos decisivos: el sexo-género (movimiento feminista), la raza-territorio (pueblos originarios) y la clase-capital (movimientos estudiantiles y trabajadores precarizados)”. (Rodrigo Karmy. p. 142-143).

Los últimos capítulos de esta serie de ensayos críticos se agrupan en torno a la discusión respecto del proyecto de nueva Constitución como horizonte emancipatoriio de los distintos “imaginarios” anti neoliberales chilenos, considerando como clave de lectura su memoria social y política de lucha histórica, revisitando y discutiendo también los contenidos de plurinacionalidad, las luchas de los pueblos originarios; la rebelión del movimiento mapuche autonomista a cargo de Fernando Pairican, el papel histórico decisivo de los combates feministas desde una intensidad material y popular de Alondra Carrillo Vidal, el problema aún no resuelto de la demanda de justicia por la violencia estatal durante la rebelión de octubre, la cultura de la impunidad y la violación de Derechos Humanos reinante en este país como expediente de violencia política heredada fundamentalmente desde la dictadura cívico-militar en Chile de Patricio Javier Bustamante Veas y Eric Tapia Escobar. Por último, las expectativas que a nivel internacional generó este proceso constitucional sobre todo por la relevancia que tuvieron los temas medio ambientales en su discusión, otorgando a la naturaleza el estatuto de sujeto de derecho jurídico constitucional de Amanda Huerta Fuentes y Bastián Labbé Salazar.

Todos los ensayos de esta última parte del texto, cierran con una importante reflexión crítica y muy lúcida respecto de la derrota del proceso constituyente plebiscitado el 4 de septiembre del 2023- y reinscrito en los salones de la institucionalidad juristocratica del pinochetismo tardío- evitando la argumentación culposa tan bien instalada en la conciencia sacrificial-católica que caracteriza el discurso de cierta izquierda convencional que no logra ejercer una critica estructural de los distintos momentos de restauración oligárquica y sus violencias. Al contrario, aquí se advierte lo clave de este proceso y los mecanismos que articularon su derrota –probablemente pasajera- en la forma de una Restauración. Entonces, el libro permite mirar en perspectiva, por un lado, el fracaso de este proceso político constituyente y, por otro, instalar la discusión acerca de las fuerzas populares e históricas que posibilitaron una interrupción oligárquica general, que tendrá íntima conexión con el proceso revolucionario de la Unidad Popular y el Golpe de Estado:

“El contenido histórico de esta gigantesca irrupción popular en el espacio político, aún en pleno curso, sería acabar con medio siglo de restauración oligárquica, impuesta a sangre y fuego con intervención de una potencia extranjera el 11 de septiembre de 1973, sostenida durante casi dos décadas por el terror dictatorial y prolongada por otras tres sobre sus secuelas de temor y corrupción”. (Manuel Riesco Larraín. p. 177.)

Respecto a las luchas del movimiento feminista (máquina sexo-género) la reivindicación histórica por autodeterminación política y reconocimiento constitucional de los pueblos originarios (dimensión de raza y territorio) y la lucha de los sectores más desprotegidos y su anhelo de conquistar derechos frente a la voracidad neoliberal (lucha de clases) estas revelan una comprensión de las rebeliones populares contemporáneas que podríamos caracterizar como de corte anticapitalistas en su fase de intensificación y explotación neoliberal. Así lo expone, por ejemplo, la problematización que realiza al respecto Alondra Castillo Vidal, en relación al proceso constituyente y el rol del feminismo como fuerza de transformación popular y material:

 “En el caso del proceso constitucional, el rol del feminismo continuó esta senda histórica, mediante su capacidad de articular una apuesta de “generalidad situada”, y particularmente nuestra tarea allí, como parte de la Coordinadora Feminista 8M, fue defender lo que hemos llamado un “Programa feminista contra la precarización de la vida”. Este programa, elaborado de manera colectiva por miles de mujeres, lesbianas, trans, travestis y no binaries, fue nuestra orientación para levantar la Huelga General Feminista del 8M en Chile. Para el Segundo Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias que Luchan, en 2020, situamos ese programa transversal de derechos, reconocimiento y transformación política y material anti neoliberal en una hoja de ruta constitucional”. (Alondra Catillo Vidal. pp. 141-142.)

La imaginación sublevadas de octubre y su potencia destituyente, hizo temblar la democracia dictatorial del capitalismo sobre nuestras vidas. Abrió un hiato en el continuum de la inercia neoliberal, fracturó su hegemonía epocal, y configuró un horizonte de posibilidades en el medio de su agrietada historicidad. Fue precisamente en esta disyunción, abierta por las protestas populares callejeras de la primavera del 2019, que se instala la demanda de “poder constituyente”, y la derogación del pacto oligárquico-guzmaniano del ochenta y su “función disciplinante, gubernamental e inmunitaria”. Así, entonces, urge abrir paso a un nuevo ciclo de sublevación anticapitalista para frenar la asonada de restitución oligárquica que animan los poderes facticos desde sus trincheras fascistas, pues las jornadas de protestas del 2019 no fueron otra cosa que el rostro de los pueblos ritmando la dislocación del orden neoliberal contemporáneo y el secuestro institucional de lo político que define la gobernabilidad –aún pinochetista- chilena.

 

 


[1]El presente libro se puede bajar de manera gratuita en versión PDF con la siguiente dirección: https://libreria.clacso.org/publicacion.php?p=3190&c=39

[2] Profesor de filosofía y literatura, docente del programa de humanidades de la Universidad Santa María de Concepción.

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