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Semblanza de Malvina del Carmen Ponce de León Núñez. Por Carmen Román, Sonia Brito, Ruth Lizana y Verónica Valenzuela

El 19 de septiembre del 2016 nos dejaba una Trabajadora Social, colega, amiga y maestra, cuya vida fue un permanente testimonio de compromiso con una profesión cuyos horizontes refieren a la defensa permanente de los Derechos Humanos y de la Justicia Social en nuestras sociedades latinoamericanas.

Recordar a Malvina permite traer al presente su legado y recorrer las huellas que aún permanecen en nuestros espacios personales, sociales, académicos, disciplinares, profesionales y gremiales. Esta es una ofrenda a su gratuidad que nos permite revisar de manera sinóptica sus aportes, de tal manera de rescatar y hacer justicia la grandeza y amplitud de su herencia. Malvina del Carmen Ponce de León Núñez, formadora de formadoras/es, cuyos inicios en el Trabajo Social se remontan a su ingreso a la Pontificia Universidad Católica, se titula como Asistente Social en el año 1958 en plena reconceptualización y cuya trayectoria académica comienza en la Universidad de Chile en el año 1969, coincidentemente con el proceso de la reforma universitaria.

Sus compañeras la recuerdan como una estudiante que siempre jugó un papel destacado en las diversas actividades estudiantiles. Participaba activamente en la Acción Católica y en la Fundación Techo, trabajando diligentemente con el padre Mariano Puga y el sacerdote Alejandro del Corro. Desde esa época manifestó interés por el desarrollo del cooperativismo, siendo una de las respuestas ante los problemas del país, convencimiento que fue su estandarte y una de sus grandes preocupaciones aun en sus últimos días.

Fue una luchadora incansable de los derechos de las personas y de la disciplina- profesión a través de espacios formales e informales, acompañando a las/los estudiantes en sus procesos formativos. En 1971 emigra a Alemania por proyectos familiares e inicia un trabajo con personas migrantes provenientes de diversos continentes, lo anterior, vinculados a la iglesia católica. Organiza un trabajo social con las personas migrantes, para acompañar y orientar a las comunidades a organizarse en perspectiva de una calidad de vida digna. Por su trabajo, recibe una distinción en Alemania, la primera entre muchas que vendrán más adelante.

Vuelve a radicarse en América latina el año 1977, donde continúa el trabajo con personas migrantes en Caritas Venezuela. Es interesante esta faceta, toda vez, que ella también es migrante y encarna las vicisitudes de habitar y descubrir nuevos territorios, lo que permite familiar, personal y profesional hacen síntesis desde su experticia y sus motivaciones, para desplegar sus herramientas en función del bienestar y de la calidad de vida de las personas y comunidades. Es necesario mencionar que en América latina transcurre un periodo negro marcado por las dictaduras militares donde, el exilio, la tortura, la represión y el desaparecimiento de personas es una constante. Desde ese lugar histórico, desarrolla un trabajo comprometido con los Derechos Humanos, iniciándose un cometido organizado y metódico con las personas sobrevivientes, lo que culmina con la creación de la Federación de Familiares de Detenidos Desaparecidos de América latina, actualmente, organismo asesor de las Naciones Unidas.

Una de sus cualidades personales refiere al aprendizaje y formación permanente, asistiendo a congresos, seminarios y encuentros desarrollados en diversas latitudes del mundo. Lo anterior, nutrió su acervo profesional, soñando con una profesión que diera respuesta a los fenómenos emergentes desde el Trabajo Social contemporáneo. El año 1981 vuelve a Chile y se integra a trabajar en la Ilustre Municipalidad de la Florida; posteriormente, en 1989 crea la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Santo Tomás, incorporando sus conocimientos y praxis a un proyecto educativo innovador, desde la incorporación de teoría y práctica a los centros docentes, investigativos y de extensión universitaria. Esta actividad directiva no le impide colaborar en otros proyectos universitarios: participó como académica en la Escuela de Trabajo Social de la UTEM, en la Universidad Central y en la Universidad de Valparaíso sede Santiago. En el año 2010 funda y es directora de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Miguel de Cervantes, creando, además, un Magíster de Relaciones Interculturales en el año 2014, dando muestra nuevamente de su espíritu innovador y adelantada a su época. En el año 2016 recibe la distinción Andrew Mouravieff-Apostol, otorgada por la Federación Internacional de Trabajadores Sociales (FITS), durante la Asamblea Mundial llevada a cabo el 24 y 25 de junio en Seúl, Corea del Sur en reconocimiento a sus aportes a la profesión, distinción que también enorgulleció al Trabajo Social Latinoamericano y Caribeño, al ser la primera latinoamericana en recibir dicha distinción. Este reconocimiento fue entregado por la presidenta de la Republica Michelle Bachelet, en audiencia especial.

Es así como, en su vasto ejercicio académico representó a Chile ante diversos organismos tanto en Chile como en el extranjero, en cada una de sus representaciones puso en perspectiva el profundo compromiso e identificación con el Trabajo Social. En este recorrido la actividad gremial fue una constante de compromisos y aportes para situar la profesión en el lugar que ella creía le corresponde.

Queremos señalar que hablar de Malvina siempre es señal de compromiso con el Trabajo Social. Quienes hemos tenido la posibilidad maravillosa de compartir algunos instantes de su vasta trayectoria y de su vida, hemos sido tocadas por su amor por nuestra disciplina y reconocemos en ella su ímpetu por situar al Trabajo Social en espacios de relevancia.

Es así como podemos nombrar entre muchas otras cosas:

  Fue impulsora de la ACHETS y de la refundación de la actual ACHETSU. En el año 2006 participa muy activamente en la organización del Encuentro Mundial de Trabajo Social, en Chile. Destaca su participación en innumerables Congresos y Asambleas, siendo muy reconocida internacionalmente, representando al Trabajo Social chileno, siempre dispuesta a abrir puertas a quienes nos integrábamos a éstas.

  Participó en el Colegio Profesional, espacio de encuentro y trabajo por posicionar el Trabajo social en el concierto nacional y su permanente interés por la Inserción Internacional del Trabajo Social Chileno, siendo visionaria en ello.

  Fue una Formadora permanente, participando activamente como académica de Escuelas, creadora de nuevos programas de formación en Trabajo Social, acompañó nuevas propuestas, siempre con entusiasmo, tiempo y cariño.

La recordamos, especialmente como amiga. Una de sus grandes fortalezas fue la capacidad de crear vínculos, convocar (nos). Relevamos su generosidad, su apertura a compartir los espacios institucionales y familiares, cómo no recordar a Peter, su compañero y Trabajador Social honorario. Excelente anfitriona, con una tremenda capacidad de goce en el encuentro y celebraciones, en la vida.

Para finalizar, quisiéramos compartir un texto de Galeano (1989) que expresa de manera magistral lo que Malvina ha significado.

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. -El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende».

Querida Malvina, queremos decirte que te queremos mucho, que has sido importante en nuestras vidas, no sólo en lo profesional, sino en el regalo de la amistad.

Malvina está entre ese fuego loco que nos llena de chispa y nos contagia y aquel fuego que arde toda la vida con tanta pasión que no podemos mirarte sin parpadear y sin encender nuestras propias vidas.

Carmen Román Montecinos
Sonia Brito Rodríguez
Ruth Lizana Ibaceta
Verónica Valenzuela Mesina

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