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Sobre el rol de la mujer en la política. Por Guido Asencio Gallardo

El rol que cumple la mujer en la política, históricamente ha estado relegado a tener un carácter secundario, existiendo una cultura patriarcal dominante del poder, justificada fundamentalmente por el predominio de una excesiva lógica racional para la toma de decisiones. Sin embargo, este pensamiento arcaico hoy en día está obligado a efectuar profundas transformaciones, que no obedecen a una mera reivindicación del género, sino que, a los impresionantes resultados demostrados por liderazgos femeninos a nivel mundial. Son muchos los años de marginación de la mujer en política, existiendo una forma evidente de discriminación directa que afecta a la mitad de la población, esto ocurre a pesar de que existen derechos fundamentales universalmente reconocidos, lo cual llama a una urgente y necesaria reflexión sobre la importancia de visibilizar el rol que cumple la mujer en la sociedad. Los países tienen el deber moral de efectuar reformas que garanticen la paridad de género en la ejecución de sus políticas públicas. No basta con elocuentes y aduladores discursos políticos, donde se trata de quedar bien con el género femenino, sino que las trasformaciones deben ir de la mano de cambios profundos que resalten el valor de las mujeres en el aspecto político, económico, cultural y social. Esta integración constituye un paso trascendental en el desarrollo de la democracia en general, para propender a la equidad de género que hoy en día exige la sociedad, incorporando cualidades particulares que las mujeres aportan en cualquier espacio de poder, con una mirada integral y de seguridad innata del género femenino, la cual contribuye un trabajo que añade una estética asimilada con las formas y sutilezas para enfrentar cualquier situación, con argumentos que tienden a generar equilibrios, asumiendo que todo fenómeno es complejo, y por lo tanto, elementos como la intuición, lo emocional y racional a la vez juegan un papel fundamental en la toma de decisiones. El escritor Ziley Mora resalta la cultura Mapuche en muchas de sus obras, señala en uno de sus aforismos que “la mujer debe ser elevada a lo alto”, refiriéndose a la historia del Lonco Calfururá, quien antes de una batalla, llevaba a las mujeres a lo más alto de un cerro, para que les “parieran la victoria” y le dieran los consejos necesarios para enfrentar sus batallas, lo cual revela que la mujer posee una dimensión de la divinidad en su función creativa adelantadora, símbolo de la fecundidad material, con una intuición que refleja su poderío innato para ver más allá de lo que cualquier hombre podría alcanzar, pues en esta cultura, quienes desprecian a la mujer están condenados al fracaso, a la pobreza, a la desmesura. Siguiendo a este autor, menciona que, en la mitología de esta sabia cultura, se dice que Dios creó al hombre y lo lanzó a la tierra, quedando aturdido, y luego creó a la mujer, dándole la misión de despertar a su compañero, entonces la mujer está para “despertar al hombre”. No hace falta tanto análisis a esta elocuente descripción del rol que cumple la mujer en la cultura Mapuche, donde se puede agregar solamente que todos estos elementos que le atribuyen importancia a la mujer se relacionan con algo que le falta a la democracia y es la confianza. Muchos estudios demuestran que los hemisferios izquierdo y derecho son diferentes según el género, mientras que las mujeres poseen una red compleja de conexiones volviéndolas más hábiles intuitivamente para reaccionar frente a cualquier situación, en el caso de los hombres sus conexiones son más reducidas, pero más propensos a coordinar la percepción y la acción. Lo importante, de esto es que los mismos estudios resaltan que “no existe superioridad de la racionalidad frente a lo emocional”, pues ambos cuentan con herramientas cognitivas distintas, que deben tender al equilibrio para construir sus pensamientos, los cuales deben ser complementarios a la hora de enfrentar las situaciones. Hoy en día existen liderazgos femeninos que resultan trascendentales para enfrentar la pandemia mundial, no es casualidad que los países que mejor han respondido frente a esta, son los liderados por mujeres, destacando que su labor canalizadora del fenómeno ha sido más innovadora y efectiva a nivel mundial, entendiendo que para abordar esta temática se debe reconocer la existencia de la complejidad. Pese a estos datos, las cifras en términos de representatividad no son alentadoras, según datos de la ONU (2020), de 193 países, solamente 10 son gobernados por mujeres. Un ejemplo de liderazgo femenino que está dando que hablar a nivel mundial, es el ejercido por la Primera Ministra de Nueva Zelanda Jacinda Ardern, quien junto a su gobierno ha generado cambios impensables, atreviéndose a generar transformaciones drásticas a los clásicos paradigmas de la posmodernidad, asociados a la democracia, la economía y la sociedad, reemplazando indicadores de desarrollo y medición del PIB (Producto Interno Bruto), por otros que incluyan valores de las personas y la colaboración entre estas. Además, recientemente en abril de 2021, aumentó el salario mínimo y subió el impuesto a los más ricos, sin titubear en ningún momento. En definitiva, la apertura de la incorporación de más mujeres en la política, representa un cambio que debe ser tratado cada vez con mayor seriedad. Es de esperar, que en el transcurso de los años venideros esto no sea un tema a tratar en particular, porque las mujeres merecen una representación, la cual se traduce en valorar un sello distintivo, que añade a la toma de decisiones capacidades que no estaban contempladas en la cultura política patriarcal, pero que han demostrado ser más integrales –para no utilizar la palabra eficiente, que se asocia más a la racionalidad- a la hora de valorar la dignidad y la vida de las personas, y que es el origen y motivo de una democracia basada en valores.

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