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Sobre la Constitución, antes de poner el lápiz en la hoja. Por Luis Osorio

En educación una de las máximas intenciones que se tiene, aparte del aprender a aprender, es la autonomía institucional como facilitadora del impulso hacia la transformación.

Se trata de ese lugar que tiene vida propia, porque sabe hacer bien las cosas, el espacio de la educación que está por el cambio, y en el terreno de la educación superior, lo que se hablaba con fuerza post reforma universitaria de la década de los 60, era la autonomía universitaria.

Aquella autonomía, que no permitía entrar a la policía a sus dependencias, y que finalmente fue violentada por las fuerzas represivas hace 48 años.

Fueron días tortuosos y torturadores, en los que desaparece la Constitución de 1925 sin mediar reglamento, sin quórum, y mucho menos con límite de tiempo para su redacción, se comenzaba a escribir la Constitución de 1980 y se construye así las llamadas reglas del juego, no de lo lúdico, sino que las reglas del negocio, o como se enseña en las escuelas de finanzas, el juego de negocio.

Las reglas eran simples, pocos ganan, muchos pierden. La libertad de enseñanza existe, pero no cualquiera tiene la libertad de acudir a ser formado en un buen colegio y tiene que atenerse, a lo que dicta la medida de lo posible. El juego fue armado así, pocos reyes muchos peones en analogía a un tablero de ajedrez.

Lo anterior en cuanto a la libertad de enseñanza, y lo indica la inteligencia, no ha sido un tema abordado por los constituyentes, porque el aprendizaje que vamos teniendo sobre el proceso, señala que aún no ha llegado esa etapa, por lo cual es absurdo adelantarse con opiniones sobre la materia, cuando vienen de personas que ostentan poder. Son otros los aspectos de interés en los que se ha concitado la preocupación.

Aunque espero y apoyo el trabajo de los convencionales, lo que ellos realizan no es algo aislado, sino que forma parte de la historia de tres tiempos: pasado, presente y futuro, lo cual genera una dosis de aprehensiones y aún en general, el tema de las desconfianzas sigue presente a nivel país, falta algo contundente que se consolide para la instalación de la credibilidad sólida y duradera.

En el pasado más reciente, de vinculación con el 18 de octubre, el acuerdo por la paz, se levanta más como un bypass para no atender las demandas sociales en ese momento y con prontitud, que eran determinantes de un gran giro en la convivencia.

Fue un período cargado de acontecimientos, y parte de los hechos ocurridos en los días posteriores, son de dudosa autoría en el ejercicio de la violencia extrema. Ha sido claro el sector político que ha administrado violencia de Estado para sus fines.

Se trataba de resolver la guerra declarada por el gobierno y había que actuar rápido. Ese fue el escenario que gestó el proceso constitucional en desarrollo.

No estaba presente lo que podría haberse guiado por lo racional, seguramente había una corriente succionadora que amenazaba desde el secretismo algo aparente que se quería utilizar como estrategia. Frente a lo que escapa de la lógica, se propugna lo que se creía el pleno ejercicio de la democracia y de respecto para el otro, materializado en el sufragio del plebiscito de entrada, con dos papeletas.

Se daba la posibilidad de que quien votará rechazo, en otra papeleta se pronunciara sobre el mecanismo de redacción, no sería viajero, pero se pronunciaba por la forma de transporte, detalles que sí importan porque reflejan actitudes y formas de decidir. En ningún caso el que rechazaba tenía vedadas las etapas siguientes.

Las combinatorias de lo que se puede escribir solo en un papel, perfectamente podían tener una forma diferente. Así se comienza con un estilo de intromisión y sumisión.

También, la rapidez llevó a situaciones de arrastre inexplicables, a la Constitución de Dictadura, por alguna razón se le otorga un eslabón que proporciona una base para la Nueva Constitución que comenzaría a redactarse, nuevamente la aceptación de la irracionalidad. A una intromisión, se le suma lo ya mencionado, que es el restar autonomía. ¿es la forma de proteccionismo de un sector?

Esto último, y aún sin redactar ni una frase de la nueva carta magna, produce algo natural, que puede determinar una oposición a la imposición de origen. Los derechistas, aluden a que al momento de presentarse como candidatos tenían que aceptar las reglas del juego establecidas, aunque lo cierto es que la magnitud de lo que se está haciendo, debe ser de tal connotación histórica y relevancia para todas y todos, que lo pauteado por el acuerdo en ese nivel de trascendencia no tiene valor y todo es susceptible a modificación. Había un piso que le restó independencia a la Nueva Constitución, desde la Constitución aún vigente.

Más aún, con el plebiscito de entrada ya realizado, había aspectos que tenían que ver con la elección de constituyentes, que no estaban resueltos y fueron materias posteriores, la secuencia de acciones no fue la correcta.

El argumento que precede, es de más peso por una razón muy sencilla, al plebiscito de salida han sido convocados de manera obligatoria todos los electores, de los cuales proviene un gran número de quienes no le tienen confianza al acuerdo, pero el hecho de ser llamados a sufragar sin otra opción, los involucra y los hace parte del proceso, así, es permisible y perfectamente de validez absoluta, la negación a partir atados y ello se debe dejar claro, exteriorizar y no esconder.

Estamos enfrentados a un país que se ha jactado de una democracia, pero con aceptación de una Constitución redactada en dictadura vigente por largo tiempo, y que impuso un modelo acatado a plenitud por los gobiernos de la concertación junto a la derecha. Vendrá el momento en que se identifique a políticos cuando llegue el momento de la discusión por los derechos de agua o la propiedad de los recursos naturales y otras materias que eran parte de la beneficencia.

De este ciclo, histórico y de forma anticipada hay cuestiones pendientes que no se pueden dejar pasar, conociendo las formas de actuar de algunos. Hay una Constitución añosa, que permite por única vez abrirse a que se redacte una nueva Constitución, determinando la forma en que ello debe ocurrir. Con la claridad que se trata de un instrumento dictatorial que ha perjudicado de manera significativa a gran parte de la ciudadanía, y ha beneficiado a los que optaron por jurar o prometer hacia su respeto.

A esta altura, hay menos de un año por delante para finalizar la redacción de la Constitución, y alrededor de octubre de 2022 estaremos con plebiscito de salida, el cual hay que observarlo de manera cuidadosa.

No todo está exento de trampas y cálculos. El voto en ese momento, será obligatorio, cuyo significado es claro: inscripción automática, voto obligatorio de la totalidad del padrón electoral con cierre 60 días antes a la fecha de celebración del plebiscito. Pero en este momento se encuentra en trámite en el parlamento, una ley para restituir la obligatoriedad del voto, que podría significar disponer de reglas diferentes a las que se manifestaban al momento de determinar la figura del plebiscito de salida, ese hecho no es menor y le sumaría elementos al poder que actúa alrededor de lo constituyente y se maniobra desde fuera de la Convención. El poder legislativo deberá tener la prudencia de no intervenir en una materia de alta sensibilidad.

Así van las cosas, pero no finalizar sin tener en cuenta que las demandas del 18 de octubre de 2019, siguen pendientes. Si las cosas se dieran en forma decente, y con la claridad que no es materia de interés del actual gobierno, sí son de urgencia para el futuro que tiene partida en marzo de 2022. Se observa, que por razones de responsabilidad de algunos sectores que han optado por el lavado de imagen, acudiendo al cambio de nombre, en los temas de una sociedad diferente sus candidatos deberían inhabilitarse. Pero opera la arrogancia que no les permite asumir que son parte del problema y no de la solución, utilizan la mentira en el discurso con promesas que no tienen ninguna intención de cumplir, han dado pruebas contundentes sobre ello, la evidencia es lo más verídico.

20 de septiembre de 2021

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