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“Sol y dar y dad”: Cecilia Vicuña, una chilena en el Guggenheim. Por Gustavo Gac-Artigas

Cecilia Vicuña en el Guggenheim, un viaje por el caracol del tiempo, un viaje por la historia, otra historia, la personal y la de América.

Nos entrampa, nos envuelve con quipus bajando del cielo, subiendo desde el mar para perderse en las blancas nubes del Guggenheim, de la imaginación, lenguaje secreto, lenguaje enviando pistas desde una concha de caracol, una negra papa lavado su almidón por las aguas cristalinas de los ríos naciendo en la cordillera, cuerdas rojas de la historia bajando por América y envolviendo al espectador, al testigo, cuerdas negras tejidas de pesadillas, blancas tejidas de esperanza, una pirgua semiescondida en un quipu esperando ser llenado de recuerdos.

Inmensa tela de araña, lenguaje de nuestros antepasados, lenguaje secreto de la historia, lenguaje de la poeta, la activista, la maga que juega con la imagen y la palabra, con los sentimientos del espectador testigo de su historia, nuestra historia, mi historia.

Y a todo esto, me encontraba apenas en la primera curva del gigante caracol que me sumergiría en la historia, que me llevaría en ese torbellino de la historia.

Poeta picaresca, escondió, pegado a un blanco muro, el reverso de la historia —no la de ella, la nuestra— y en cuatro figuras con espejos en la cara nos invita a escoger nuestro rol en la vida, sin juzgar, sin llevarte de la mano, a escoger, quizás por lo que en esta historia de América a veces no se podía escoger, o el escoger significaba exponerse al dolor, al dolor y a la alegría.

En los momentos en que los vientres vuelven a ser desgarrados en los Estados Unidos, nos lleva, feminista eterna, a las vaginas sangrantes por las heridas del machismo en América Latina. ¿América Latina, o el mundo?

El caracol de vida del Guggenheim nos rodeaba, nos embriagaba, nos invitaba a visitar el cielo o el infierno, sin descanso, interrumpiendo nuestros pensamientos con Kandinsky para arrojarnos nuevamente en la tela de araña, el quipu de la historia de Cecilia Vicuña, con su suave pelaje de vicuña, con pinceles surgidos del suave pelaje de una vicuña, mojados en las olas de Concón, las rojas olas del océano untando sus pinceles de rojo, se azul, de dolor, de muerte y de vida, traspasando los años, escapando de lo personal para ser la historia de otros, del mudo testigo que sin escoger su parte de la historia subía, bañado de recuerdos por el caracol del museo llevado a golpes de historia, a oleadas de vida, por la mano y la palabra de Cecilia Vicuña y la historia que, quipu sagrado, lenguaje secreto, envolvió sus pinceles y palabras.

Al llegar a la cima, tras ver el último mensaje de la pintora, del caracol sonó una alarma, y no era gratuito, no era el destino, era el mensaje de la activista, y el eco de las sirenas en los muros nos advertía: no se atraviesa impunemente la historia.

Gustavo Gac-Artigas es escritor, poeta y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Reside en los EE. UU.

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