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Tarja: canto humano y telúrico. Por Paquita Rivera y Alex Ibarra Peña

Hace unos días tuvimos el privilegio de asistir a un memorable concierto de la reconocida cantante finlandesa Tarja Turunen presentando «In the Raw» que podemos traducir simplemente por «al natural» de ahí nuestro encabezado canto humano y telúrico. Esta presentación en el emblemático Teatro Cariola resultó ser uno de los espectáculos más sólidos en calidad artística a los que hemos asistido en el último tiempo.

Ha sido una experiencia grata volver a sentir la pasión por la música en escenarios que permiten vibrar de emoción a través de los artistas que junto con su capacidad interpretativa nos sorprenden con novedades musicales que se ven enriquecidas en la maduración de la sensibilidad creativa. En este sentido corresponde destacar la apuesta atrevida de esta agrupación que consolida una propuesta original de esta notable artista que entregó una gran puesta en escena, la cual se vio indudablemente reforzada por la calidad y alta gama del poderoso apoyo tecnológico y humano del equipo Atenea-Eventrid, que lograron convertir el antiguo teatro en un espacio vibrante de colores, luces y los poderosos decibeles de bajos, guitarras y baterías metaleras, esos que llegan hasta las vísceras y nos conectan con nuestra naturaleza primigenia, esa conciencia casi tribal y orgánica que al entrar en contacto con ciertas frecuencias, parece recordarnos que somos uno con la naturaleza, reforzando una vez más lo telúrico de la experiencia.

Fue sorpresivo encontrarnos con esta propuesta que se atreve a transgredir algunos de los márgenes estandarizados del metal sinfónico. Desde nuestra apreciación, guiños a una suerte de música folclórica, «metal folk», interpretada incluso como danza en esta presentación excepcional dado el carisma de la artista que lució también sus dones políglotas, destacando su castellano claro y con tintes porteños, debido a sus años de residencia en Argentina.

Es imposible no destacar, además, la coherencia de la propuesta artística de Tarja con el espectáculo presentado. Su manejo escénico va mucho más allá de una voz poderosa de mezzo soprano con tintes de contralto en ciertos momentos. La calidad vocal de Tarja es indudable, sin embargo lo que nos parece más destacable aun es el complemento que se genera entre ella como ser artístico y la muestra total. El show completo nos sumerge en sensaciones y emociones imposibles de ser evocadas sin un canal orgánico y maduro como es Tarja. La forma de movilizar el sonido, la expresión, a veces incluso desde una pequeña inclinación del torso hacia el público, o sus ojos expresivos combinados con sus expresiones verbales sonrientes, sin dejo alguno de la «dureza» estereotipada del «producto» metalero que se suele esperar encontrar en estos espectáculos; nos mantuvieron absortos y embelesados durante más de una hora de espectáculo, que también debemos destacar, se desarrolló sin baches de ningún tipo, en donde la energía se mantuvo alta de principio a fin.

Sin duda, Tarja está en un gran momento de su carrera y este espectáculo musical regido por el canto nos hacen recordar esos versos de Whitman: «Mi lengua, cada átomo de mi sangre, hechos con esta tierra, con este aire...». Así es el frescor con que nos impregnó el canto acompañado de un grupo de músicos que desde su sensibilidad nos regalaron una noche en la que tuvimos una cita con lo sublime.

La experiencia musical que nos remeció el cuerpo recordándonos la vida. Esa complicidad amorosa que desde el escenario se expande acompañò este seco y enfurecido otoño.

Celebramos junto con este acontecimiento artístico la vuelta a los escenarios y el respeto a las propuestas musicales de alta calidad. Esa emoción alcanzó incluso para que el público fuera respetuoso con la banda local Slaverty que tuvo la responsabilidad de telonear y preparar el ambiente requerido para esta inolvidable noche en la que volvimos a cantar y danzar.

Paquita Rivera.
Alex Ibarra Peña.
Colectivo Música y poesía:
«desde la reflexión al sonido que palpita».

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