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Un Caleidoscopio para trastocar nuestra realidad. Por Jorge Leal Labrin

La realidad suele ser aplastante, avasalladora, asfixiante. Es por lo que nos cuesta modificar cada momento “difícil” para poner a la realidad a nuestros pies, a nuestro favor, en los momentos de la vida cotidiana. Pero con todo pronóstico obsesivo y persistente de lo real, están siempre las FISURAS DE LA REALIDAD, las que son una vía de escape para cualquier espíritu inconformista. Estamos casi acostumbrados a que la realidad nos de sorpresas, muchas de ellas tétricas: un sismo, un volcán que expulsa su lava, un accidente imprevisible, un tsunami, un gobierno nefasto, una pandemia silenciosa con una visión engañosa de su realidad y dimensión, un contagio mal percibido por un gobierno déspota y porfiado, que no logra entender la magnitud y riesgo del Coronavirus, y oculta permanentemente la información.

Una vez más se construye una realidad plagada de mentira, una realidad acelerada, como una especie de torbellino difícil de eludir. Pero ahí surgen, como destellos luminosos, fragmentos de colores para activar nuestro ingenio, las “fisuras de la realidad”, desde donde aparecen el cielo azul, el fondo del mar, las miradas cómplices a la vuelta de la esquina. La luz, con su capacidad de desvelar lo oculto, desnuda ante nuestros ojos otras “realidades” que miramos y no vemos, pues ellas están cubiertas de eslogan, falsas informaciones, para instalar una realidad dura, compuesta, fabricada, mediatizada, que viaja a una hipervelocidad, o velocidad interactiva en banda ancha, la del “tiempo real”, lo intangible. Me gusta mucho lo que señala Marcel Duchamp, quien da en lo medular a propósito de lo real: “todos los sentidos deben situarse en el límite extremo de lo perceptible”, siempre alborotado, imaginativo y romántico, para que nada escape a la mirada; todo lo que subyace a la realidad es esencialmente surrealista. Lo que para el físico Stephen Hawking son los agujeros negros –probada su existencia-, puede ser para el universo del arte y la poesía - me refiero en particular a mi pintura - lo que llamo las “Fisuras de la realidad” donde la imaginación se instala. En ese sentido me emociona lo que Hawking dijo a miles de asistentes para la apertura de los Juegos Paralímpicos de Londres en 2012, me es connatural: “Miren las estrellas y no sus pies, intenten comprender lo que ven y pregúntense por qué el universo existe, sean curiosos”. Tiene mucho sentido formularse tal interrogante… No solo mirarse los pies, sino intuir para donde se dirige nuestro andar… Ahora los medios de comunicación y todo su aparataje son instantáneos, por lo que aquello que vimos, escuchamos, es atropellado por la velocidad, y no tenemos el tiempo de digerir los contenidos, que son casi siempre “comprimidos de la información” que se nos da, como un paracetamol. La realidad de hoy es cada vez más una híper-realidad. Ella es parte del negocio de la bolsa de Wall Street, religiosamente mediática, lo que hace padecer de conformismo a las naciones. Una realidad puesta crudamente en pantalla, teledirigida, retocada quirúrgicamente y muy pervertida, y el poder de un economicismo que solo considera el éxito económico como el máximo valor de la sociedad de seres “humanos”. La realidad atiborrada de mentiras, como la estatua de Manuel Baquedano, en la hoy llamada plaza de la dignidad. La deconstrucción es necesaria frente a una realidad histórica parchada de mentiras, falso heroísmo, de medallas para un general que encabezó la guerra de usurpación del territorio Mapuche-Wallmapu. Un corazón emancipado busca la verdad en aquellas “Fisuras en la realidad”, pues es ahí donde se despliega un imaginario mágico, en un caleidoscopio que dibuja ante nuestros ojos infinitos relatos visuales, y desde la palabra verdaderas analogías donde aparecen las desemejanzas del mundo real.

Pienso que le falta romanticismo a la postmodernidad, algo de rebelión sublime… “El auténtico observador contempla tranquila y despreocupadamente los nuevos tiempos revolucionarios…” (Novalis). Es momento de bajar la aceleración inconducente en nuestro cotidiano vivir, para volver a contemplar, armados de pasión.

Jorge LEAL LABRIN (Escritos en Pandemia)

“Apruebo la surrealidad mágica de mi caleidoscopio” - acrílico sobre tela - 3 círculos de 50 cm de diámetro, rotativos, sobre una superficie de 80 x 170 cm.

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