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Una sociología para un #NuevoChile. Por Bosco González Jiménez

No es fácil hacer una historia de la disciplina en pocas líneas, pero si es posible advertir algunas características generales de las ciencias sociales en general y de la sociología en específico mirando los últimos 50 años y a su vez intentar definir a su vez algunos horizontes de cambio que le otorguen un mayor protagonismo y cohesión para su ejercicio, sobretodo en tiempos de crisis y transformaciones sociales.

Como primer elemento es importante mencionar la fuerte relación desarrollada entre las ciencias sociales, la sociedad civil y la institucionalidad pública entre el periodo 1950 y 1970, destacadas son las experiencias de colegas en el desarrollo de investigaciones con impacto en las políticas de vivienda y desarrollo agrario en los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende Gossens. Notables fueron las experiencias de colegas en campamentos como nueva habana, tal como lo documentó en diversos análisis Manuel Castells (1973)

La relación expuesta no se limitó exclusivamente a visitas esporádicas de estudiantes jóvenes a campamentos en el marco de dinámicas asistenciales o procesos de investigación, muy por el contrario, es posible sostener que antes de la dictadura cívico militar de Augusto Pinochet, la sociología logró establecer un vínculo orgánico con diversos actores en el espacio social y producir espacios de pensamiento en dicha dirección.

La situación descrita tendió a transformarse significativamente con el advenimiento del autoritarismo, el cual vino acompañado del cierre de carreras, detenciones y asesinatos de decenas de colegas como es el caso de Lumi Videla y tantos más.

Luego de varios años, acompañado de la reactivación del movimiento popular en Chile, en la década de los 80, es posible advertir una reactivación de la relación orgánica entre las ciencias sociales y la sociedad civil. En este contexto es posible apreciar el agrupamiento de decenas de colegas en organizaciones no gubernamentales de distinta naturaleza, como una forma de acompañar el proceso de resistencia civil al régimen, destacando la formación del Colegio de Sociólogos de Chile, donde tuvo un rol preponderante el capítulo de Tarapacá con el protagonismo colegas como Rafael Mikele, Francisco Pinto, Sergio Gonzalez, Bernardo Guerrero, Juan Podestá, entre otros.

A partir de la década de los 90 muchas de las experiencias comentadas -las cuales permiten referir una cierta comunidad sociológica- tendieron a debilitarse, incorporándose muchos colegas a tareas asociadas a la administración del estado, el diseño e implementación de políticas públicas y proyectos sociales específicos; esta cuestión permite sostener que la sociología, como cuerpo colectivo tendió a perder capacidad de influencia en la opinión y políticas públicas en general, cuestión que se fortalece con la existencia de un modelo de administración basado en la focalización y la estandarización de los procedimientos a nivel de implementación y diseño de políticas públicas.

En este contexto de pérdida de influencia disciplinaria tienden a fortalecerse ciertos liderazgos a nivel individual en el ámbito de la investigación universitaria, la investigación de mercado y la administración pública, situación que no bastará para hacer que la sociología tenga una injerencia en la opinión y la política de estado en Chile.

En todos los casos comentados para el periodo posterior a la década de los 80 es posible sostener que ha primado más el desarrollo de carreras individuales que el despliegue de un proyecto colectivo. Existen iniciativas de vinculación de la sociología con actores sociales, pero siguen siendo estas muy débiles, quedando en el ámbito de iniciativas particulares, de carácter asistencial con una capacidad débil de tejer vínculos orgánicos con la sociedad civil.

Desde el punto de vista del desarrollo de la investigación científica es posible apreciar que hoy los problemas de investigación de los Sociólogos se orientan por inquietudes intelectuales individuales más que por la demanda de grupos sociales particulares, en este sentido es fundamental contar con la configuración de espacios de reconocimiento concretos entre la sociología y la sociedad civil, de manera que nuestra disciplina se fortalezca en la investigación en su capacidad de articularse con lo que define como “su objeto de estudio”

Han pasado casi dos años desde que se desató lo que algunos denominan el “despertar de chile” y es posible advertir cómo el desempeño sociológico sigue siendo medido por la validación y promoción del prestigio individual, quedando desatendida la sana práctica de pensar colectivamente. Se requiere una voluntad disciplinaria que se oriente a la promoción de lecturas y proyecciones comunes sobre el porvenir de la sociedad Chilena. Una nueva sociología debe recoger lo mejor de su larga tradición y revitalizar una perspectiva que no se conforme con la contemplación infértil de los acontecimientos y se entregue generosa a pensar y hacer un nuevo Chile.

Dr. Bosco González Jiménez
Escuela de sociología/UNAP
Comisión de Memoria y Derechos Humanos del colegio de sociólogos de Chile.

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