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Víctor Jara, a 48 años de su asesinato. Por Jorge Leal Labrin

(A mi hermano Rodrigo, quien lucha por su vida)

Una creatividad desbordante fue la de Víctor Jara, quien vivió siempre desde muy temprana edad en un paisaje natural que otorgó a su personalidad una sensibilidad particular, un imaginario único que le permitió expresarse, con inventiva y un profundo sentido humano, en diversos ámbitos de las artes.

Lo maligno venía tejiendo su manto de oscuridad… Hoy entendemos con mayor claridad como el odio se incubaba desde décadas en los mandos militares y sus subalternos, en los sectores económicos dominantes, que por siglos buscaron controlar con fuego y sangre el poder político en Chile, a todo precio, sin tener respeto por la vida humana. Nuestro país, Chile, tiene un historial largo de represiones de parte del estado y sus gobiernos oligárquicos dominantes, quienes no dudaron en matar masivamente a sus trabajadores. Ese día 11 de septiembre de 1973, sería una de las expresiones más bárbaras cometidas contra el pueblo. Se ponía en marcha la maquinaria del terror, los siniestros planes, para quebrar una vez más la historia democrática de nuestro país. Ahora, con intervención económica extranjera, con sus agentes de la CIA encubiertos en las compañías norteamericanas instaladas en Chile, con la bendición del presidente Richard Nixon. Su aparato de inteligencia extendía sus redes desde otros países dominados por los EE.UU, tal como las dictaduras de Brasil, Uruguay, por medio de la “Operación Cóndor”, la cual coordinaba el siniestro agente Michael Townley con la Embajada de Brasil en Chile; así fue como el propio Townley fue encargado por el General Contreras de dar muerte al ex Comandante en Jefe, el General Carlos Prats y a su esposa Sofía Cuthbert, según la confesión del agente Townley a la jueza Argentina María Servini de Cubría. El asesinato, doble crimen, fue perpetuado en Buenos Aires, el último día del mes de Septiembre de 1974. Lo que fue ordenado por el General golpista, Pinochet, el perro sabueso de la derecha política y empresarial de Chile, elegido por su poca capacidad intelectual, un trepador, fácil de manipular, quien escondía una personalidad furtiva, un tipo osco y brutal, rastrero y traidor, un cobarde que sólo actuaba cuando estaba muy seguro de contar con otros que le seguían y le cubrían la espalda, para dar sus golpes bajos. El dictador, para ejercer su poder se hizo de una jauría de civiles y militares, todos de la misma calaña, todos con una personalidad similar, algo que recuerda los pactos y el actuar de la cúpula nazi; le fue fácil también recurrir a ellos para aprender de sus métodos de tortura, muchos de estos nazis se ocultaron por años en Brasil, Argentina, Paraguay, Chile y otros países, por lo que estuvieron dispuestos a colaborar en la inteligencia y las misiones por encargo de Pinochet a grupos fascistas en el extranjero para eliminar a sus oponentes.

Así se daba forma a sus más funestos planes. El país se cubría de humo, de olor a pólvora, y sin precedentes en la historia de nuestro país, los aviones Howker Hunters bombardeaban la Moneda, el palacio de gobierno, algo muy pocas veces visto en otras partes del mundo, salvo en una guerra de dimensiones como la segunda guerra mundial u otra situación de confrontación militar. Esas imágenes marcan el inicio de la historia tétrica que vivió nuestro país… Luego la brutalidad se extendería por todo el territorio. Esa madrugada del 11, una de las primeras acciones de lo planeado entre civiles y militares fue la destrucción por grupos de la derecha, Patria y Libertad, de las antenas de transmisión de la Radio de la Universidad Técnica y sus instalaciones; esto ocurrió tipo 5 de la mañana. Lo planificado por el general PINOCHET fue movilizar a las tropas militares a distintas ciudades importantes, tomar de inmediato las universidades, detener a los estudiantes, profesores, personal que cumplían diversas funciones en las universidades (lo que sucedió en varios campos universitarios, con la detención de dirigentes universitarios y estudiantes). Así se fue maquinando el golpe de un traidor, quien cumplía las órdenes del imperio norteamericano y coordinaba su actuar con la inteligencia extranjera. El mandato entregado fue golpear al corazón democrático, institucional y republicano del gobierno de Salvador Allende. La orden era tajante, sin vacilar, destruir el estado de derecho, sus instituciones, y cualquier signo de la vida democrática, para comenzar de cero un gobierno con presencia de civiles y militares. Estaba comprendido el perpetuar un acto criminal contra el presidente Allende, electo democráticamente y con el apoyo de la mayoría de los Chilenos. Allende era admirado y apoyado por muchos de los países y gobiernos del mundo. En los ojos de los habitantes de nuestro largo país, se reflejaba el terror ese 11 de septiembre, la noticia se comunicaba en todos los continentes. Las primeras reacciones fueron de perplejidad, de parte de los gobiernos democráticos, luego de condena internacional al golpe cívico-militar. A todos les recordó el golpe de estado dado por Franco el mes de Julio de 1936, muy similar, una sublevación militar con apoyo de civiles contra la Segunda República Española, lo que produjo luego una guerra civil que duró 3 años, para establecer una aterradora dictadura en 1939, de un caudillo que gobernó por 40 años. Aquella similitud nos recuerda lo horripilante del asesinato de Federico García Lorca, un poeta luminoso, profusamente creativo, admirado por los intelectuales y artistas del mundo, quien fue perseguido por su diferencia, por pronunciarse contra la injusticia social, sin tener una militancia; era un artista, un poeta. Lorca, acorralado por los franquistas, fue conducido junto a otro detenido, acusado de masón y de homosexual, llevado a un lugar llamado Fuente Grande (Granada); fueron bajados ambos del vehículo y acribillados por la espalda.

La historia se repite, la clase dominante en el poder, desde siempre, en cualquier país, pone la mira de su fusil en quienes son símbolos, aquellos que personifican la libertad, el temple y la moral indestructible. Es la sensibilidad particular de los poetas, artistas, voces de humanidad, lo que molesta a los golpistas, pues en ellos cada acto es un manifiesto que destruye a los opresores. Así también, al igual que Federico, Víctor Jara fue detenido el 12 de septiembre en la Universidad Técnica del Estado, lugar en el cual trabajaba como profesor. Junto a unos 600 alumnos y docentes, fue llevado por los militares al Estadio Chile con los primeros detenidos. Fue desde el primer momento golpeado, le fracturaron parte de sus manos; luego llegaron más detenidos de la Escuela de Artes y Oficios de la UTE, hoy USACH, llenándose el estadio de detenidos, obreros, empleados, pobladores … Como lo describe Víctor en su último escrito-poema:

  • Somos cinco mil
  • en esta pequeña parte de la ciudad.
  • Somos cinco mil
  • ¿Cuántos seremos en total
  • en las ciudades y en todo el país?
  • Solo aquí
  • diez mil manos siembran
  • y hacen andar las fábricas.
  • ¡Cuánta humanidad
  • con hambre, frio, pánico, dolor,
  • presión moral, terror y locura!
  • Seis de los nuestros se perdieron
  • en el espacio de las estrellas.
  • Un muerto, un golpeado como jamás creí
  • se podría golpear a un ser humano.
  • Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
  • uno saltó al vacío,
  • otro golpeándose la cabeza contra el muro,
  • pero todos con la mirada fija de la muerte.
  • ¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!
  • Llevan a cabo sus planes con precisión artera
  • Sin importarles nada.
  • La sangre para ellos son medallas.
  • La matanza es acto de heroísmo
  • ¿Es este el mundo que creaste, dios mío?
  • ¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?
  • En estas cuatro murallas solo existe un número
  • que no progresa,
  • que lentamente querrá más muerte.
  • Pero de pronto me golpea la conciencia
  • y veo esta marea sin latido,
  • pero con el pulso de las máquinas
  • y los militares mostrando su rostro de matrona
  • llena de dulzura.
  • ¿Y México, Cuba y el mundo?
  • ¡Que griten esta ignominia!
  • Somos diez mil manos menos
  • que no producen.
  • ¿Cuántos somos en toda la Patria?
  • La sangre del compañero Presidente
  • golpea más fuerte que bombas y metrallas
  • Así golpeará nuestro puño nuevamente
  • ¡Canto que mal me sales
  • Cuando tengo que cantar espanto!
  • Espanto como el que vivo
  • como el que muero, espanto.
  • De verme entre tanto y tantos
  • momentos del infinito
  • en que el silencio y el grito
  • son las metas de este canto.
  • Lo que veo nunca vi,
  • lo que he sentido y que siento
  • hará brotar el momento…

Luego de varios días, los más de 5 mil detenidos fueron trasladados al Estadio Nacional entre el 14 y el 17 de septiembre. Algunos murieron como lo señala en su poema Víctor, por los golpes, otros se tiraron al vacío… Entre el 15 y el 16 de septiembre fallece Víctor Jara (solo sus verdugos saben la fecha exacta); él fue dejado en el Estadio Chile por los militares para saciar su rabia, luego de haber sido torturado violentamente, con todo el odio descarnado de sus opresores. Mientras ellos descargaban su brutalidad, Víctor no dejaba de mirar a sus verdugos; sus ojos hacían de espejo para mostrar la miserable acción de brutalidad, sin sentido, ni humanidad. Los torturadores se transformaban en seres repugnantes, ellos exterminaban su propia moral, dejando al descubierto su maldad…

¿Qué les molesta a los criminales, la voz, la palabra, la diferencia, la inteligencia, la belleza, la cultura, y todo lo que es imagen de humanidad? Al igual que Víctor y Federico García Lorca, el cineasta Pier Paolo Pasolini fue asesinado un 2 de noviembre de 1975 en Ostia, cerca de Roma, en un montaje perverso de grupos fascistas, brutalmente golpeado. Todo fue planificado. Pagaron a un joven de la calle, delincuente, para usarlo como señuelo; el joven fue al bar donde acostumbraba ir Pasolini, cerca de la estación Termini de Roma. Ese día sería mortal para Pier Paolo; fue llevado a un terreno abandonado, se le preparó una emboscada, ahí fue golpeado con patadas en todo su cuerpo, en sus testículos, su rostro, luego fue arrollado muchas veces con el mismo auto en el cual él se movilizaba, mutilando todo su cuerpo, provocando una profunda hemorragia que terminó con su vida. Fue un acto homofóbico, de intolerancia, de venganza política, de desprecio por los valores culturales y la inteligencia de un hombre de cultura, contra el cineasta, periodista, novelista, pintor, filósofo. Es el mismo actuar de maldad, sin razonamiento ni moral, de los fascistas.

La maldad es la psicopatía de los asesinos, nada de ello tiene relación con el sentido de la vida... La maldad, no es una carretera de doble vía, no es la existencia del bien y el mal. La maldad es un riel sin freno, ni humanidad...

Los actos de maldad son terroríficos, escapan a toda idea de la vida humana, tal como el Holocausto, que fue ideado para dar muerte a millones de seres humanos, por motivos raciales, con una estúpida idea de hacer un hombre ARIO, superior, para dominar el mundo, la intolerancia de no aceptar la diferencia, el valor del otro... Es tener un poder criminal para aniquilar a quien es diferente. El nazismo y su cabeza pensante, un psicópata como Hitler, es la expresión máxima de la maldad, al igual que la bomba en Hiroshima y Nagasaki, y el ataque a las Torres Gemelas. La maldad es generada desde la mentira como una especulación máxima, carente de sentido de realidad, niega el principio moral, lo que es la esencia del hombre.

Durante los 17 años que duró la aplicación, por el régimen dictatorial, de actos criminales, torturas, violaciones, asesinatos, desapariciones, todo fuera de la ley, sin juicios para los miles de detenidos, Pinochet tuvo que recurrir a un personaje tan siniestro como él, Jaime Guzmán, para dar un aspecto de legalidad a sus crímenes, y redactar una nueva constitución, para entrabar toda posibilidad futura de un sistema democrático, destruyendo las instituciones, hasta los registros electorales. Los rasgos de personalidad de PINOCHET aparecen con mayor claridad con el tiempo: un borrego sumiso, bruto e ignorante, sin duda peligroso, pues carece de sensibilidad y moral, siempre oculta sus intenciones, un buen títere para el gobierno norteamericano, uno más para enmascarar sus crímenes. Una personalidad mediocre, disminuida, frente a la inteligencia y el heroísmo de una figura como la de Salvador ALLENDE.

Como lo señalaba Víctor Jara: ¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!

Lo que vendría lo anunciaba Víctor: serían miles los detenidos en todo Chile, llevados a campos de concentración, de tortura, de muerte. Los psicópatas no solo mataron a adolescentes, a las mujeres las violaron y torturaron hasta la muerte. En sus atrocidades demenciales, quemaron cuerpos de las víctimas, las tiraron al mar, al rio Mapocho, como el caso de los 15 prisioneros quemados en los hornos de cal de Lonquén. En sus prácticas siniestras, la dictadura cívico-militar de Pinochet no titubeó en mandar a sus agentes de la Dina en misiones fuera de Chile para matar a sus adversarios políticos, como fue el coche bomba que terminó con la vida del ex embajador Orlando Letelier y su asistente Ronni Karpen Moffitt en Washington DC, otro el asesinato fallido de Bernardo Leighton y su mujer en Roma-Italia 1975. Fueron muchos atentados perpetrados por agentes de inteligencia de la dictadura contra Chilenos que vivían en diversas partes del mundo. Como lo señaló siempre Pinochet, ellos estaban en guerra contra el comunismo y los marxistas, justificando todos sus crímenes, el horror más espantoso vivido. El negacionismo persiste en la derecha chilena. Tienen una sola voz, la misma postura, sin arrepentimiento, cubriendo de silencio su maldad criminal. La verdad es que el pueblo chileno fue Masacrado.

Es el momento de tomar distancia de lo maléfico. Hoy estamos en un proceso constituyente para redactar una nueva constitución democrática, escrita con la ventana abierta, a plena luz, no en la oscuridad perversa de una dictadura. Por lo que no podemos banalizar los dichos del presidente Piñera: “Estamos en guerra”, sin contexto alguno, solo para justificar su represión que dejo muertes, ojos cegados, mutilados por los perdigones de la policía, para encubrir los montajes de su policía y militares. La maldad se construye desde la negación de un futuro más diverso, desde la mentira como práctica para gobernar, desde el economicismo que hace más ricos a los empresarios, y profundiza la pobreza.

“Procure recordar que la tolerancia se convierte en un crimen cuando se tiene tolerancia con el mal” (Thomas Mann)

Quien conoció, cruzó en algún momento a Víctor Jara, pudo percibir la sensibilidad que transmitía en sus ojos, su hablar pausado. Una cierta aureola luminosa se distinguía con su presencia, un marcado sentido de espiritualidad hacía de él un comunicador afectivo, generador de empatía, un artista total, quien podía desenvolverse con toda maestría en otros escenarios de las artes. Su genialidad nos ha hecho mucha falta; me pregunto: ¿Cuánto más pudo crear Víctor Jara? La dimensión de su obra es inmensa, pero pudo ser aún mucho más. Pero la maldad fascista terminó con su vida… Como bien decía un legendario pensador, Confucio: “La naturaleza humana es buena y la maldad es esencialmente antinatural”. Los acordes musicales en Víctor Jara, se deshojaban con su canto cual almendro en flor, siempre profundo: “Es el canto universal – Cadena que hará triunfar – El derecho de vivir en paz…” La voz de Víctor se ha quedado suspendida en el aire, para hacer andar la memoria, y también el futuro en cada uno de nosotros. Todos recibimos con emoción la noticia: Joan TURNER, mujer de Víctor Jara, recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisual 2021, un reconocimiento más que merecido, por su aporte a nuestra cultura y por su defensa permanente a la memoria, a los derechos humanos, lo que indica que: “Vamos por un ancho camino…”. La avenida Ecuador cambia de nombre: desde el 28 de septiembre, se llamará Avenida Víctor Jara.

Lo que no pude describir desde la palabra, lo he intentado desde el color… A Víctor Jara quien nos ha entregado valores de humanidad.

Jorge LEAL LABRIN

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