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Virus ideológico en la educación chilena. Por Nicol A. Barria-Asenjo.

El presente escrito, tiene por objeto responder -o aproximarse a la respuesta- a la siguiente pregunta: ¿La educación en Chile funciona como una nueva extensión del virus ideológico? Para ello, se abordará el dilema de la educación chilena -con todo lo que implica-. Específicamente el terreno de la educación se considera un dilema actual importante porque en medio del sistema político-económico que cubre al país tal como lo hace un manto a una persona, este funciona de todas las formas inservibles que puedan pensarse, excepto la de “cubrir” entiendo este concepto como una suerte de sinónimo de “proteger”. Mediante sus, como no decirlo, admirables estrategias, termina asfixiando a todos quienes no son capaces de correr a la velocidad que se espera –o que espera el modelo-. En este sentido, la educación es otro de los campos de batalla que el Estado chileno ha generado, y en el cual un grupo permanece olvidado, excluido y segregado

Para iniciar la reflexión, dejo un fragmento de Althusser (1969) quién manifestaba: ¿Qué se aprende en la escuela? Es posible llegar hasta un punto más o menos avanzado de los estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, o sea algunas técnicas, y también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser rudimentarios o por el contrario profundizados) de “cultura científica” o “literaria” utilizables directamente en los distintos puestos de la producción (una instrucción para los obreros, una para los técnicos, una tercera para los ingenieros, otra para los cuadros superiores, etc.). Se aprenden “habilidades” (savoir-faire). Pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela se aprenden las “reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está “destinado” a ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del orden establecido por la dominación de clase. Se aprende también a “hablar bien el idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus servidores) saber “dar órdenes”, es decir (solución ideal), “saber dirigirse” a los obreros, etcétera.

Iniciar cualquier ensayo que integre el concepto “Educación” con todo lo que significa a nivel social este concepto, es inseparable de lo “ideológico” u “Político”. Louis Althusser desde temprana data fue capaz de articular estos dos conceptos, manifestando que la educación es una de las “nuevas” formas de violencia y segregación, esta perspectiva en tiempos de pandemia logra confirmarse, pese al paso del tiempo, la lectura persiste, retorna.

Ahora bien, según Barthes (1966) “El lenguaje no puede ser considerado como un simple instrumento, utilitario o decorativo, del pensamiento. El hombre no preexiste al lenguaje, ni filogenéticamente ni onto genéticamente. Nunca topamos con ese estado en que el hombre estaría separado del lenguaje, y elaboraría este último para ≪expresar≫ lo que pasa en su interior: es el lenguaje el que ensena como definir al hombre, y no al contrario” (p.25). Por lo cual, para este escrito, el lenguaje propio que he decido manifestar mediante el proceso de la escritura, responderá a la misma subjetividad propia de quien lo escribe. Intentar una generalización es parte de la imposibilidad de cualquier empresa que involucre al lenguaje.

Para retomar el tema centrar: la educación, es necesario enfatizar en que ha logrado adaptarse a la rapidez del mundo globalizado; a las reformas y cambios que ha presenciado el Estado chileno, a la historia misma del país, pero, creo que el progreso trae en si mismo un retorno, algo que insiste en cada paso que se da. Ahora bien, específicamente el terreno de la educación chilena va inevitablemente tomado de la mano de la historia misma del país, y aquí puedo afirmar que todo presente es inseparable de los efectos del periodo pre y post dictatorial, desde aquí, surge una diada que es la que profundizaremos; Educación-política.

Desde temprana data en el terreno de la psicología se tomó el dilema de la educación, el primer enfoque psicológico que surgió fue el psicoanálisis, tanto Sigmund Freud (1914), fundador de la escuela, como su hija Ana Freud (1984), postularon diferentes hipotesis respecto del proceso enseñanza-aprendizaje en el cual una serie de manifestaciones inconscientes se “activarían”. Dichas lecturas, para sorpresa de muchos, aún siguen vigentes, con sus respectivas modificaciones y adaptaciones a los dilemas propios de nuestra época. Según los historiadores Mariano Ben Plotkin y Mariano Ruperthuz (2017) el psicoanálisis trastoco el dilema de la educación mediante el intercambio epistolar entre intelectuales chilenos y Sigmund Freud, realizándose una nueva “revolución” de la educación mediante la cual se podría lograr dominar las pulsiones sexuales de los individuos. El psicoanálisis como forma de “Represión” o “sublimación”. Pero, el paso del tiempo nos demostraría que en el terreno de la educación el psicoanálisis quedaría corto, y sus aportes no son más que eso, meros aportes. Actualmente, la teoría freudiana y el impacto de esta corriente está en completo desuso. Sin embargo, todo lo que generó en su momento, persiste como legado del inevitable progreso.

En el marco de la contemporaneidad, las Ciencias Sociales persisten tomando como foco los dilemas que unen política; historia y educación, específicamente historiadores latinoamericanos de la psicología tales como: Gonzalo Salas, Rodrigo Mardones y Miguel Gallegos (2014) retoman los hitos históricos que han generado vuelcos en la educación chilena, como la llega de Amanda Labarca y todo lo que su paso significó. Por lo cual, es imposible hablar de un nuevo modelo de la educación chilena. Porque al revisar documentos “olvidados” encontramos que el panorama actual, fue dilucidado décadas e incluso siglos atrás. Quizás, podríamos hablar con un poco de suerte, de una “modificación” o más preciso de una especie de inclusión teórica, que se extrapola a una transformación en la integración humana.

El dilema central de este texto, integra en sí mismo un dilema humano, y es la misma educación que influye en la desaparición de lo humano, pero ¿por qué?, simplemente, por el componente ideológico presente en la educación.

Los medios de comunicación, e incluso gobiernos se jactan de un “progreso” de publicar los avances respecto de niños y niñas, adolescentes y universitarios a quienes se les ha cambiado la vida, entregado herramientas y oportunidades. Aquí, nuevamente, se olvida el grupo de los que persisten en una prehistoria forzada producto de sus escasos recursos económicos. Aún se olvida, que el costo de la Universidad para muchos es endeudarse por años y en cifras enormes, y en ultima instancia ¿por qué en el país la educación se niega a ser gratuita y accesible para todos? Aquí, se retorna a la diada previamente mencionada, educación-política, el modelo neoliberal impide una separación, pese a que las cifras del país en niveles económicos es “positiva” y hasta envidiable por muchos países latinoamericanos, en Chile, la resistencia a la gratuidad de la educación mantiene un fondo político, económico, los hilos del modelo capitalista, manipulan todo a su paso.

Mediante el proceso de institucionalización el dilema humano se pasa llevar, tenemos dos opciones, educación o Barbarie, lo difícil es separar estos dos conceptos, pareciera que son opuestos, sin embargo, cuando en nuestros días existe una segregación y exclusión violenta con un grupo humano ¿es posible hablar de un Estado “educado”?

Las instituciones de nivel superior habitualmente tienden a integrar entre sus “sellos” o estrellas que van acumulando para competir con las demás, el tema de la inclusión, integrar a personas con discapacidades físicas o psíquicas, alardeando de esto como una muestra del inevitable progreso que se genera, siendo esto prueba de que no hay una verdadera inclusión, ¿Por qué integrar a estas personas a programas especiales, a listados diferentes? Si efectivamente existe una inclusión social y educativa ¿Por qué se mantiene la diferencia en los procesos de selección, porque se reciben subvenciones aparte, porque es necesario decir “somos una institución inclusiva”? el tener que demostrar, no es más que el retorno a las formas de violencia que pretenden ser invisibilizadas y normalizadas.

Las mismas definiciones consensuadas de inclusión son totalmente irrisorias, básicamente el mensaje es “tomar las debilidades de una persona para convertirlas en fortalezas”. ¿Por qué son debilidades? ¿Por qué insistir en las diferencias como algo negativo para el proceso de aprendizaje? el triste trasfondo de todo esto, es la búsqueda de una normalización institucional que sea capaz de llevarlas a cumplir con sus objetivos educacionales, que la brecha se reduzca para poder mantener el modelo.

La llegada de la pandemia trajo consigo que emergieran muchos dilemas que parecían estar bajo la alfombra, definiciones y conceptos que comenzaban a avanzar en el silencio, proyectos que eran aprobados en la clandestinidad, subvenciones que solo beneficiaban a las empresas. En el terreno de la educación la nueva modalidad de educación “online” permitió exhibir como la educación permanece en el pasado, como la segregación y la violencia institucional está muy vigente. Los atrasos de los pagos de las mensualidad de muchos estudiantes en medio de la crisis económica y pandémica ha significado que muchos quedaran excluidos. A diario vemos como estudiantes piden nuevos plazos, porque sin poder trabajar y encerrados en sus casas ¿de donde obtener el dinero para pagar las altas cifras que es necesario pagar mensualmente para poder estudiar? ¿Cómo conectarte a diario a tus clases si para eso hay que tener acceso a internet y este también hay que pagarlo? ¿Cómo participar activamente cuando no todos poseen electricidad?

Con la crisis de la pandemia, logramos identificar a los docentes que se burlaban indolentes antes sus estudiantes por vivir en sectores rurales y no tener acceso a electricidad, internet o un computador, mostrando su total falta de empatía y en un nivel superior, como las instituciones frente a la crisis solo esperaban recibir sus habituales ingresos. Con la llegada de la pandemia logramos ver como el virus ideológico está en todo, incluso en la educación.

REFERENCIAS.

Barthes, R (1994) El Susurro del Lenguaje: Más allá de las Palabras y de la Escritura. Barcelona: Paidós

Barthes, R (1966) The lenguajes of Criticism and the Sciences of Man: the Structuralist Controversy. The Johns Hopkins Press, London and Baltimore, 1970. Págs. 134-145.

Freud, A. (1984). Introducción al psicoanálisis para educadores. Paidós: Argentina.

Freud, S., (1914-16) Obras completas de Sigmund Freud, Volumen XIV, Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Contreras, C., Agüero (2017) J. Jacques Derrida: Envío pendientes: Im-posibilidades de la democracia. (pp.23). Viña del Mar: Cenaltes. Camus, A. (2013) Breviario de la dignidad humana. Barcelona: Plataforma Editorial.

Salas, G., Mardones, R., Gallegos, M., & Ponce, F. P. (2014). Amanda Labarca (1886-1975) y sus referencias psicológicas en el contexto educativo en Chile. Universitas Psychologica, 13 (5), 2059-2068. http://dx.doi.org/10.11144/ Javeriana.upsy13-5.alrp

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