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Sobre el autor

Robert Darnton
Historiador, profesor de la universidad Carl H. Pforzheimer y director de la biblioteca de Harvard.
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Página de inicio >> Abril de 2009

Acceso público, control privado
La biblioteca universal, de Voltaire a Google

por  Robert Darnton

Al ofrecer a una gran cantidad de personas una masa siempre creciente de conocimientos, ¿realiza Internet el sueño de las Luces o prepara la pesadilla de un saber público entregado a los apetitos privados? Gracias a –o a causa de- Google, estas preguntas no tienen nada de abstracto. En los cuatro últimos años, el célebre motor de búsqueda ha digitalizado y puesto en línea millones de obras encontradas en los fondos bibliográficos de las más grandes bibliotecas universitarias. Para los autores y editores, esta operación constituía una violación flagrante del copyright. Pero después de largas negociaciones las partes llegaron a un acuerdo que va a cambiar totalmente la manera en que los libros llegan a los lectores. Aunque los límites legales y económicos del nuevo espacio establecido por este acuerdo siguen siendo imprecisos, el objetivo de los directores de biblioteca es claro: abrir sus colecciones y hacerlas disponibles a cualquier lector en cualquier lugar. Un proyecto simple en apariencia, pero constantemente trabado por las restricciones sociales y los intereses económicos. Igual que hace dos siglos con el de la República mundial de las Letras.

El siglo XVIII, el de las Luces, tenía una confianza total en el mundo de las ideas, que los enciclopedistas denominaban la República de las Letras. Un territorio sin policía ni fronteras, y sin otras desigualdades que no fueran las del talento. Cualquiera podía instalarse allí siempre que ejerciera uno de los dos atributos de su ciudadanía, a saber, la escritura y la lectura. Los escritores debían formular ideas, y los lectores apreciar su buen fundamento. Llevados por la autoridad de la palabra impresa, los argumentos se difundían en círculos concéntricos y sólo ganaban los más convincentes.

En esta edad de oro de lo escrito, las palabras también circulaban por vía epistolar. Al hojear la espesa correspondencia de Voltaire, Jean-Jacques Rousseau, Benjamín Franklin o Thomas Jefferson –lo que hace unos cincuenta volúmenes para cada uno de ellos-, uno se sumerge en el corazón de la República de las Letras. Estos cuatro escritores debatían sobre temas cruciales de su época en un flujo ininterrumpido de cartas que, uniendo a Europa y América, presentaba ya todas las características de una red de información transatlántica...

Texto completo en la edición impresa del mes de abril 2009
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