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- LE MONDE DIPLOMATIQUE Nº 186 en quioscos - Sumario JULIO 2017

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Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Artimañas democráticas

por  Serge Halimi

Aunque ganó la elección con tres millones de votos menos que su competidora, el presidente estadounidense Donald Trump escogió Arabia Saudita para denunciar la falta de democracia… en Irán. Posteriormente en Miami, frente a los sobrevivientes de una aventura militar fracasada, organizada por la CIA en abril de 1961 (Bahía de Cochinos), contra el gobierno de Fidel Castro, Trump tomó como pretexto la “libertad del pueblo cubano” para endurecer las sanciones estadounidenses contra la población de la isla.

En cuanto a la celebración equívoca de la democracia, el ciclo electoral francés, que acaba de terminar, no es tan burlesco como los dos ejemplos anteriores, sin embargo se asemeja. Al comienzo, las primarias -bastante concurridas- designaron a los candidatos presidenciales de los dos principales partidos, pero ambos fueron eliminados en la primera vuelta por Emmanuel Macron, que alineó palabras vacías y hermosas imágenes con un fuerte apoyo de los medios de comunicación. Los electores le dieron por rival en la segunda vuelta a una candidata de extrema derecha detestada por dos tercios de los franceses, su triunfo estaba asegurado. Solo quedaba darle al nuevo presidente -para que pueda gobernar- una mayoría de diputados, bastante desconocidos, provenientes de las clases media-altas (ni un solo obrero, 46 empresarios) que le deben todo. Milagro del sistema electoral, la política neoliberal que defiende Macron sólo obtuvo el 44,02% de los votos emitidos en la primera vuelta de la elección presidencial (1). En el nuevo parlamento contará con cerca del 90% de los diputados (2).

Nunca en la historia de las elecciones legislativas en Francia la abstención ha sido tan grande (más de 56% contra solo 16% en 1978). Este penoso resultado, a lo yanqui, cierra una campaña nacional casi inexistente, permeada por escándalos a menudo secundarios, pequeños “Watergates” que la prensa reitera, como para justificar que haya promovido la elección del nuevo presidente.

Cuando el debate político se resume a un inventario comparado de las transgresiones personales de los parlamentarios, no debe extrañarnos que haya tantos nuevos diputados dispuestos a limpiar la imagen de los aspectos más criticables del sistema, pero muy poco dispuestos a criticar las orientaciones económicas estratégicas, temas que entregan al poder ejecutivo y a la Comisión Europea.

El incidente, con un desmayo, del que fue víctima una candidata monopolizó los medios de comunicación durante tres días, compitiendo con un reflotado caso judicial de hace más de treinta años (3). Paralelamente casi no se abordaron los temas de política europea, crisis de la deuda griega, estado de urgencia, y compromisos militares franceses en África y Cercano Oriente.

Lo que Pierre Bourdieu llamaba una “política de despolitización y de desmovilización” ha logrado una bella victoria, pero la batalla solo está comenzando…

1. Total de votos obtenidos por Emmanuel Macron y François Fillon. Todos los demás candidatos criticaron esa corriente económica.
2. Tomando en cuenta que varios diputados socialistas se han autodefinidos como “constructivos”.
3. El caso del niño Grégory asesinado en octubre de 1984.

*Director de Le Monde diplomatique.


Texto en francés:

Escamotages démocratiques

Auréolé d’une élection obtenue avec trois millions de suffrages de moins que sa concurrente, le président Donald Trump a choisi l’Arabie saoudite pour y dénoncer l’absence de démocratie… en Iran. Puis, à Miami, devant des rescapés d’une équipée militaire ratée montée en avril 1961 par la Central Intelligence Agency (CIA) contre le gouvernement de Fidel Castro, il a prétexté la « liberté du peuple cubain » pour durcir les sanctions américaines contre la population de l’île.

En matière de célébration équivoque de la démocratie, le cycle électoral français qui vient de s’achever n’est pas aussi burlesque que ces deux exemples. Toutefois il s’en rapproche. Au départ, des primaires ont désigné les candidats des deux partis dominants. Mais l’un et l’autre furent éliminés dès le premier tour par M. Emmanuel Macron, qui sut aligner mots creux, jolies images et appui compact des médias. Les électeurs lui ayant donné pour rivale du second tour une candidate d’extrême droite détestée par deux tiers des Français, son triomphe final était assuré. Ne restait plus qu’à adjoindre au nouveau président, afin de « lui permettre de gouverner », une majorité de députés largement inconnus mais issus des classes supérieures (zéro ouvrier, quarante-six chefs d’entreprise) et qui lui devront tout. Miracle des modes de scrutin, la politique néolibérale que celui-ci défend n’avait obtenu l’aval que de 44,02 % des suffrages exprimés lors du premier tour de l’élection présidentielle . À l’Assemblée, elle pourra compter sur près de 90 % des députés .

Jamais dans l’histoire du suffrage universel en France une élection législative n’a si peu mobilisé (plus de 56 % d’abstention, contre 16 % en 1978…). Ce score piteux, à l’américaine, conclut une campagne nationale quasiment absente, rythmée par des « affaires » souvent secondaires. Des Watergate de petit calibre que les médias relayent à satiété comme pour se dédouaner d’avoir servi de marchepied au nouveau président. Quand les questions politiques posées se résument à un inventaire comparé des transgressions personnelles des élus, comment s’étonner que les députés élus comptent autant de nouveaux venus, à la rigueur disposés à dépoussiérer les apparences les moins reluisantes du système, mais peu enclins à contester les choix économiques stratégiques  ? Ceux qu’ils abandonnent à l’exécutif et à la Commission européenne.

La bousculade suivie d’un léger malaise dont fut victime une candidate a monopolisé les ondes pendant trois jours, concurrencée par le rebondissement d’une affaire criminelle vieille de plus de trente ans. Politique européenne, crise de la dette grecque, état d’urgence, engagement militaire français en Afrique et au Proche-Orient : de cela en revanche il ne fut presque jamais question. Ce que Pierre Bourdieu appelait une « politique de dépolitisation et de démobilisation » vient ainsi de remporter une belle victoire, mais la bataille ne fait que commencer…

 
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