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Sobre el autor

Serge Halimi
Director de Le Monde Diplomatique.
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Página de inicio >> Junio de 2017

Los años locos

por  Serge Halimi

Para ellos, la tormenta ya pasó, la elección de Donald Trump y el “Brexit” han sido casi conjurados. La amplia victoria de Emmanuel Macron entusiasmó a los medios dirigentes de la Unión Europea, y uno de sus comentaristas adeptos hasta ronroneó que se trataba del “primer golpe decisivo para frenar la ola populista” (1). Aprovechar el momento para hacer pasar a la fuerza la agenda neoliberal de la Comisión Europea tienta entonces a los nuevos gobernantes franceses, que tienen en la mira al Código del Trabajo. Una orientación idéntica será encarnada a partir de ahora en París por un hombre más joven, más cultivado y menos totalmente desprovisto de imaginación y de carisma que su predecesor; los milagros de la comunicación y del “voto útil” permiten transformar este ligero cambio en un giro histórico que les abre el camino a todas las audacias. En cuanto a la eliminación de las diferencias entre los dos campos que canta una pasmada prensa occidental, es también producto de la fantasía: la izquierda y la derecha francesas aplican en efecto cada cual a su turno la misma política desde 1983. De acá en más, partes enteras de una y otra se encuentran en un mismo gobierno, mañana en una misma mayoría parlamentaria. Ahí se gana en claridad, pero nada más.

La incrustación en el poder de una derecha española corrompida, la victoria de los liberales en los Países Bajos, el nuevo contrato acordado, quizás de manera imprudente, a los conservadores británicos y alemanes, sugieren que la época de rebeldías que marcó el año pasado se podría haber agotado a falta de salidas políticas. La elección de Macron sobre fondo de bandera azul y dorado, su visita inmediata a Berlín señalan en todo caso que las grandes orientaciones europeas defendidas por la canciller Angela Merkel van a ser acompañadas con vigor. Para los griegos, acaban de desembocar en un recorte del 9% de sus jubilaciones; los expertos sólo debaten acerca de si es el décimo tercero o el décimo cuarto en su género. En cuanto a Trump, cuyos caprichos y fanfarronadas inquietaron por un instante a los cancilleres occidentales, la normalización de su presidencia está bien avanzada; su obstaculización organizada en caso de necesidad. Lo único que faltaría para garantizar la total serenidad de los timoneles del viejo mundo es el regreso al poder de Matteo Renzi en Italia en los próximos meses.

Durante los años 1920, al constatar que después de una era de huelgas y de revoluciones la mayor parte de los Estados europeos –en particular el Reino Unido y Alemania– habían retomado su régimen de crucero, la Internacional Comunista tuvo que conceder la “estabilización del capitalismo”. Atenta en todo caso a no desarmarse, anunció en septiembre de 1928 que la tregua sería “parcial, temporaria y precaria”. De su parte, la advertencia pareció mecánica, logomáquica incluso; tenía lugar en ese entonces la euforia de los pudientes, eran los “años locos”. El “jueves negro” de Wall Street estalló un año más tarde. g

1. Alain Duhamel, “Macron: première victoire contre le populisme”, Libération, París, 10-5-17.

*Director de Le Monde diplomatique
Traducción: Aldo Giacometti


Texto en francés:

Les années folles

À leurs yeux, l’orage est passé, l’élection de M. Donald Trump et le « Brexit » sont presque conjurés. La large victoire de M. Emmanuel Macron a enthousiasmé les milieux dirigeants de l’Union européenne, un de leurs commentateurs assermentés ronronnant même qu’il s’agissait du « premier coup d’arrêt décisif à la vague populiste ». Profiter de l’instant pour faire passer en force l’agenda néolibéral de la Commission européenne démange donc les nouveaux gouvernants français, qui ont le code du travail dans leur viseur. Une orientation identique sera désormais incarnée à Paris par un homme plus jeune, plus cultivé et moins totalement dépourvu d’imagination et de charisme que son prédécesseur ; les miracles de la communication et du « vote utile » permettent de travestir ce léger changement en un basculement historique ouvrant la voie à toutes les audaces. Quant à cet effacement du clivage entre les deux camps que chante une presse occidentale en pâmoison devant son nouveau prodige, il relève lui aussi de la fantaisie : gauche et droite française appliquent en effet à tour de rôle la même politique depuis 1983. Dorénavant, des pans entiers de l’une et de l’autre se retrouvent dans un même gouvernement, demain dans une même majorité parlementaire. La clarté y gagne, mais c’est tout.

L’incrustation au pouvoir d’une droite espagnole corrompue, la victoire des libéraux aux Pays-Bas, le nouveau bail gouvernemental promis, peut-être imprudemment, aux conservateurs britanniques et allemands, suggèrent que le temps des colères qui a marqué l’année dernière pourrait s’être essoufflé faute de débouchés politiques. L’élection de M. Macron sur fond de drapeaux bleu et or, sa visite immédiate à Berlin signalent en tout cas que les grandes orientations européennes défendues par la chancelière Angela Merkel seront reconduites avec vigueur. Pour les Grecs, elles viennent de déboucher sur une amputation de 9 % de leurs pensions de retraite ; les experts ne se disputent que pour déterminer s’il s’agit de la treizième ou de la quatorzième du genre. Quant à M. Trump, dont certaines foucades et rodomontades inquiétèrent un instant les chancelleries occidentales, la normalisation de sa présidence est bien avancée ; son empêchement organisé en cas de nécessité. Il ne manquerait plus pour garantir tout à fait la sérénité des timoniers du vieux monde qu’un retour au pouvoir de M. Matteo Renzi en Italie dans les mois qui viennent.

Au cours des années 1920, constatant qu’après une ère de grèves et de révolutions la plupart des États européens – en particulier le Royaume-Uni et l’Allemagne – avaient retrouvé leur régime de croisière, l’Internationale communiste dut concéder la « stabilisation du capitalisme ». Soucieuse de ne pas désarmer pour autant, elle annonça en septembre 1928 que l’accalmie serait « partielle, temporaire et précaire ». De sa part, l’avertissement parut mécanique, logomachique même ; c’était alors l’euphorie des possédants, les « années folles ». Le « jeudi noir » de Wall Street éclata un an plus tard.

 
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