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El camino de cambios que emerge con el plebiscito

El día después

En Chile se realizó el plebiscito para aprobar o rechazar la idea de confeccionar una nueva Constitución Política del Estado. Casi un 80 por ciento de las chilenas y chilenos votamos por el Apruebo y para que la Constitución sea redactada por una asamblea ciudadana, mitad mujeres y mitad hombres en número de 155. Queda por definir el número de representantes de los Pueblos Indígenas, que debiera ser aproximadamente un 10 por ciento.

Es el tercer plebiscito que votamos. En 1980 nos tocó ir a aprobar o rechazar la Constitución que había redactado la dictadura de Pinochet. No había registros electorales siquiera y el ambiente de terror era evidente. Ganó -en un fraude ampliamente denunciado- la Constitución de Jaime Guzmán y esa noche el dictador ebrio de entusiasmo en el frontis del Edificio Diego Portales (Ex UNCTAD) prometió televisores, bicicletas, automóviles y todo tipo de “baratijas”: el consumo irrestricto como la base de la integración y desarrollo social y cultural. Chile se transformó en un “mall”.

Ocho años después el dictador le preguntó al pueblo si seguía por ocho años más o no. Y ganó en un día primaveral el No. Pero no se fue. Quedó de comandante en jefe del Ejército por diez años más y luego como senador vitalicio. La Constitución se modificó cosméticamente varias veces. El triunfo del No inauguró un ciclo de gobiernos democráticos. Hubo crecimiento económico y sobre todo alto nivel de consumo; todo ello en el marco rígido de la Constitución ilegítima en su origen.

Desde los años 90, durante la llamada transición, fuimos observando las limitaciones del proceso. Se motejó a los críticos de “autoflagelantes”. Ganaron los “autocomplacientes”. Ya bien entrado el nuevo milenio un grupo de personas firmamos un llamado a una “Nueva Constitución y la formación de una Asamblea Constituyente (AC)”. La idea quedó pero no prendió. En el segundo gobierno de Michelle Bachelet se dieron nuevos impulsos, hubo debates constitucionales múltiples y participaron miles de personas, pero tampoco prendió la idea por la resistencia en su propia coalición. El presidente Sebastián Piñera en su actual segundo mandato la desechó y todo lo que se había trabajado fue a dormir en un canasto de papeles.

Los estudiantes
En esos años se produjeron numerosos procesos difíciles de entender. Por una parte el acomodo del sistema político partidista y su creciente desprestigio. No es fácil interpretar el fenómeno, pero lo que no cabe duda es que las dirigencias (hombres, mujeres, jóvenes y viejos) de los partidos políticos que habían llevado al país a la democracia cayeron en el más profundo desprestigio. Acusados de corruptos, acomodados y ladrones, no se salvó casi ninguno.

Los estudiantes secundarios comenzaron las protestas. Se les llamó los “pinguinos” por el uniforme escolar que usan. Sobre todo los estudiantes de los Liceos llamados emblemáticos, los de mayor fama, se fueron descolgando del sistema y vivieron los últimos años en paros, tomas y también destrozos de sus locales. Años después esos mismos en la universidad iniciaron un enorme movimiento estudiantil por la gratuidad y calidad de la educación. De ese sector surgieron nuevos liderazgos que llegaron también al Congreso y lamentablemente -no todas ni todos- se contaminaron, o aparecen contaminados, con la política de los pasillos del poder.

A esos movimientos juveniles habría que agregar tres más de una profundidad difícil de sopesar: el movimiento de mujeres y de género, el movimiento mapuche indígena y el movimiento de las personas de edad por mejores pensiones. Las manifestaciones han sido masivas en los últimos años. Un proceso profundo de “despatriarcalización” se apoderó de la gente joven, las mujeres, en particular. Películas como la ganadora del premio Oscar constituyen una ruptura notable en la conservadora sociedad chilena. La “performance” del grupo de Valparaíso llamado “Las Tesis” dio la vuelta al mundo.

Las pensiones
El sur de Chile comenzó a arder literalmente y se vive un rico proceso de descolonización y anti racismo. Ya el segundo gobierno de Bachelet se mostró incapaz de iniciar cualquier política positiva con respecto a los mapuches. Más aún. Un subsecretario del interior, de militancia socialista, avaló un “montaje” ridículo llamado “Operación Huracán”, que aprisionó a una cantidad de dirigentes indígenas en coordinación además con la administración de Macri en Argentina. Todo resultó ser una gran mentira. Después de ello el siguiente gobierno de Piñera inauguró con bombos y platillos el Comando Jungla, según dijo, preparado en la lucha antiguerrillera en Colombia, que concluyó con el asesinato del comunero (...)

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José Bengoa

Antropólogo.

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