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No existen culturas superiores

Encontrarse con el extranjero

El asalto deseperado de los candidatos a la inmigración contra los alambrados de púa en los enclaves españoles de Ceuta y Melilla y los tumultos de carácter racista en Australia simbolizan el ascenso del miedo y la intolerancia, sobre un fondo de miseria social. Sin embargo, sólo el diálogo con el extranjero, el intercambio de experiencias pueden hacer vibrar la cuerda de la humanidad común.

Cuando medito sobre mis viajes por el mundo –que duraron muchos años– tengo a veces la impresión de que las fronteras y los frentes, los peligros y las penas propias de estos vagabundeos, suscitaron en mí menos inquietud que el enigma, siempre presente, de saber cómo se desarrollaría cada nuevo contacto con los Otros, con esas extrañas personas que iba a encontrar a lo largo de mi ruta. Siempre he sabido que lo que seguiría dependería en gran parte, e incluso totalmente, de la manera en que ocurrirían esos encuentros. Cada uno de esos viajes ha representado para mí una serie de interrogantes: ¿cómo comenzaría? ¿Cómo se desarrollaría? ¿Cómo terminaría?

Son preguntas tan antiguas, se remontan a tiempos tan remotos, que se las podría calificar como eternas. El encuentro con el Otro, con seres humanos diferentes, constituye desde siempre la experiencia fundamental y universal de nuestra especie. Los arqueólogos nos dicen que los grupos humanos más primitivos no contaban con más de treinta o, como máximo, cincuenta individuos. Si estas familias-tribus hubieran sido más importantes, les habría resultado difícil desplazarse. Y si hubieran sido menos numerosas, no habrían podido defenderse ni librar la batalla de la supervivencia.

He aquí que nuestra pequeña familia-tribu, en busca de alimento, se encuentra cara a cara con otra familia-tribu. ¡Un momento crucial para la historia del mundo! ¡Fabuloso descubrimiento! ¡Darse cuenta de que el mundo está habitado por otros seres humanos! Hasta ese momento, un miembro de nuestra pequeña comunidad familiar y tribal podía vivir con la convicción de que, conociendo a sus (...)

Artículo completo: 392 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de enero 2006
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Ryszard Kapuscinski

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