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Una deuda providencial...

Gracias a generosas inyecciones de dinero público, los bancos recuperaron su brillo. Incluso emergen de la crisis financiera más grandes y más poderosos que antes. Y, por lo tanto, más susceptibles aun de tomar “como rehenes” a los Estados cuando se produzca la próxima tormenta. Este es el momento que eligieron los gobiernos occidentales y los bancos centrales para hacer sonar nuevamente la alarma sobre la deuda. El fantasma de la quiebra –astutamente puesto entre paréntesis mientras había que desembolsar montos inconcebibles para salvar a Goldman Sachs, al Deutsche Bank o a BNP-Paribas– reapareció esta vez con el fin de apurar la invasión de las lógicas de rentabilidad mercantil en actividades que permanecían a salvo de ellas. El peso del endeudamiento, agravado por el parate económico, sirve una vez más de pretexto para el desmantelamiento de la protección social y de los servicios públicos. Hace un año se anunciaba el coma de los liberales; éstos encontraron en el anuncio repetido de que “las cajas están vacías” el instrumento para su resurrección política. No van a disminuir la velocidad. La nueva coalición en el poder en Berlín prometió 24.000 millones de euros suplementarios en alivios de impuestos, cuando el año próximo el déficit alemán alcanzará casi el 6,5% del Producto Bruto Interno (más de dos veces la tasa máxima autorizada por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea). Los conservadores británicos se comprometieron a reducir el impuesto sobre sociedades. Y en Francia, desde la elección de Nicolas Sarkozy, la derecha suprimió sucesivamente el gravamen sobre las horas extra, estableció un “escudo fiscal” para las rentas del capital, disminuyó el impuesto sobre las sucesiones y decidió suprimir la tasa profesional pagada por las empresas. En otros tiempos, los conservadores mostraban preocupación por el equilibro contable, hasta el punto de consentir subas de impuestos. Desde hace unos treinta años, por el contrario, los déficit públicos son su creación consciente, destinada a (...)

Artículo completo: 795 palabras.

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Serge Halimi

Director de Le Monde diplomatique.

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