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El pintor que buscaba su lugar en la revolución soviética

Chagall revolucionario

En Moscú, una mañana de otoño de 1918, un hombre se presenta ante el Comisariado del Pueblo para la Instrucción Pública. Tiene alrededor de treinta años y lleva bajo el brazo un voluminoso paquete. Explica que acaba de llegar de Vítebsk, una ciudad de Bielorrusia ubicada a quinientos kilómetros –más de diez horas de tren– de la nueva capital. Su nombre es Marc Chagall. Es pintor. Desea hablar con el Comisario en persona, Anatoli Lunacharsky. Lo conoció en París antes de 1914. Su intención es mostrarle una selección de sus trabajos recientes.

Chagall pertenece a una familia de judíos analfabetos y pobres. Es el mayor de nueve hermanos y nació en 1887 en un suburbio de Vítebsk. Después de haber tomado clases de dibujo, en 1909 obtuvo una beca para la Escuela de Bellas Artes de San Petersburgo. Uno de sus profesores era el decorador de los Ballets Rusos, Léon Bakst. En enero de 1910, este último viajó a París a fin de dirigir un drama lírico en la Ópera y Chagall lo siguió. Alojado en el hogar de artistas de La Ruche, cerca de Montparnasse, frecuentó toda la vanguardia de la época, de Modigliani a Picasso...

Artículo completo: 209 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de julio 2018
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Lionel Richard

Escritor e historiador, profesor universitario honorario. Este texto retoma en parte su contribución en el coloquio internacional “Espoirs, utopies et héritages de la Révolution russe” [Esperanzas, utopías y legados de la Revolución Rusa] que se realizó en Bruselas en noviembre de 2017.

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