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La amenaza de un nuevo estallido financiero

Los peligros de las tasas de interés negativas

¿Pagar para depositar dinero en el banco? La idea parece descabellada. Sin embargo, en Alemania, y más recientemente en Suiza, unas treinta instituciones han decidido facturar los depósitos de sus clientes más ricos. La filial suiza de UBS ha anunciado que, a partir del 1° de noviembre de 2019, recibirá un pago de 0,75% de interés sobre los depósitos superiores a 2 millones de francos suizos (aproximadamente 1.800.000 euros). En Francia, estas medidas no están en la agenda. Pero las tasas de interés de algunas cajas de ahorro, como la libreta Livret A, son inferiores a la inflación; en resumen, el ahorro pierde valor. En el sector financiero todas estas señales apuntan a disfunciones cada vez más evidentes. En el centro del problema, algo que se asemeja a una aberración económica: la aplicación de tasas de interés negativas.

En general, cuando un agente económico pide prestado dinero a otro, reembolsa un importe mayor: la suma inicial más una remuneración calculada sobre la base de la tasa de interés aplicada. Cuando las tasas se sumergen en el universo negativo, la transacción toma un giro incongruente. Así, un crédito de 100 euros con un tipo de interés del -2% anual da lugar a un reembolso de 98 euros al cabo de doce meses. En otras palabras, con tasas negativas, es posible ganar dinero.... endeudándose.

¿Una situación inimaginable? Para nada. En los últimos años, los bonos soberanos franceses y alemanes se han emitido a tasas negativas. Por lo tanto, París y Berlín se endeudan sin tener que reembolsar todas las sumas prestadas. La política de remuneración de los depósitos que aplican algunos bancos se basa en la misma lógica de tasa negativa: los depositantes se ven utilizados, incluso cuando “prestan” a los bancos las sumas que depositan en sus cuentas.

El origen
Para explicar una situación tan singular, debemos evocar las medidas adoptadas tras la crisis financiera de 2007-2008. En un esfuerzo por evitar el colapso del sistema financiero, que en gran medida fue responsable de la crisis, los gobiernos occidentales rescataron a los principales actores de la crisis. Pero los “planes de salvataje” adoptados con urgencia no eran más que uno de los aspectos de la operación. El segundo, esencial, consistió en aplicar las llamadas políticas monetarias “no convencionales”, de una amplitud sin precedentes. ¿Su principio? Inyectar liquidez tanto a los agentes como a los mercados financieros, y hacerlo sin fijar ninguna condición.

Así, en 2011 y 2012 el Banco Central Europeo (BCE) concedió préstamos a largo plazo a las entidades de crédito mediante long term refinancing operations (LTRO) [operaciones de refinanciación a largo plazo] en condiciones particularmente favorables: por ejemplo, préstamos a tasa cero por un período de treinta y seis meses. Esta intervención masiva en un contexto de fuerte inestabilidad bancaria tenía por objeto ayudar a los bancos a cumplir con sus vencimientos de pago.

Estas inyecciones de liquidez también adoptaron la forma de rescate de títulos, en especial a partir de mayo de 2010, cuando la crisis de la deuda griega obligó a las principales instituciones financieras europeas a romper con la ortodoxia monetaria, que se oponía a cualquier intervención directa en los mercados de la deuda pública. Entonces, el BCE intervino en el mercado secundario (1) para recomprar a bancos e inversores títulos de países sobreendeudados (Grecia, Irlanda, Portugal…). Posteriormente, a partir del primer trimestre de 2015 el BCE llevó a cabo varios programas de expansión cuantitativa (quantitative easing), siguiendo el ejemplo de la Reserva Federal (Fed), su homóloga estadounidense. En 2016, entre el 8 de junio y el 15 de julio, con el objetivo de sostener la cotización de las obligaciones y, sobre todo, limitar el riesgo de un colapso del mercado de las obligaciones, rescató títulos de deuda privada por más de 10.000 millones de euros.

El tercer aspecto de las políticas monetarias no convencionales: los bancos centrales han recurrido a una reducción significativa de sus tasas directoras (aquellas a las que los bancos tienen acceso, en el corto plazo, para refinanciarse). En septiembre de 2007, desde el comienzo de la crisis, la Reserva Federal orientó su tasa a la baja. Después de haber titubeado –debido a la ortodoxia monetaria–, el BCE se resignó a imitarla a partir de 2011. Esta continua reducción ha llevado a varios bancos centrales, incluido el BCE, a sumergirse en el universo de las tasas negativas. El objetivo declarado: que los bancos transfieran a la economía real las dádivas de las que han disfrutado. En otras palabras, (...)

Artículo completo: 2 321 palabras.

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Frédéric Lemaire y Dominique Plihon

Miembros de la Asociación por una Tasa a las Transacciones Financieras y Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC).

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