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Twitter o el triunfo de la plasticidad

A quince años de su apertura al público en general, ¿será posible que la especificidad de internet –la de un medio fabricado por sus usuarios– siga sustrayéndose a múltiples análisis?

La red suele presentarse como la simple convergencia de los medios de información preexistentes, pero esta visión –cuestiona el investigador Dominique Cardon– “transpone perezosamente hacia internet unos modelos forjados en los medios tradicionales: ejercicio del control editorial, economía de la escasez, concepción pasiva del público”.

Sin embargo, la naturaleza de internet se hizo particularmente evidente a partir del surgimiento de la web 2.0 y sus herramientas de fácil manejo. Las plataformas de blogs permitieron a internautas sin competencias específicas en programación acceder a la autopublicación. El resultado ha sido una indiscutible estandarización de los sitios, lejos de la profusión creativa de los inicios, que por otra parte ha decepcionado a algunos pioneros (2).

Desarrollo

El creciente poderío de las redes sociales, como Myspace –muy apreciada por los músicos–, Facebook y Twitter, representa una etapa suplementaria de esta ampliación del círculo de productores. Si bien la acumulación de medios de expresión sigue siendo habitual, la red social “permite a los internautas menos dotados de capital cultural, salir a escena bajo formas mucho más breves, livianas y fáciles que la redacción de un blog” (3). Este entusiasmo no se desmiente: aunque su éxito a largo plazo siga siendo incierto, el recién nacido Google+, lanzado a fines de junio de 2011, contaba un mes más tarde con veinticinco millones de usuarios registrados. Facebook alcanzó esa cifra recién a sus tres años de existencia, y Twitter a los treinta y tres meses (4). A principios del mes de agosto, tras una nueva ronda de financiación, Twitter fue valuado en 8.000 millones de dólares, lo que llevó a algunos a alertar contra una burbuja especulativa, ya que el modelo económico del sitio sigue siendo muy frágil.

Twitter llevó a su máxima expresión la plasticidad y la apropiación permitidas por la internet participativa. La empresa, que parece haber avanzado siempre a tientas, se redefine incesantemente y valida sobre la marcha las iniciativas de los internautas. La pregunta que figuraba en su interfaz en el momento de su creación, en 2006, “¿Qué estás haciendo?”, no estaba necesariamente destinada a producir flujos de información interesantes; los usuarios a menudo la ignoraban, y usaban los ciento cuarenta caracteres de sus tweets (“gorjeos”) para todos los fines posibles e imaginables: producir su propia revista de prensa, comentar la actualidad, a veces en directo, interpelarse mutuamente, anunciar reuniones, bromear, compartir fotos y videos, publicar avisos… La empresa tomó nota de ello, y en noviembre de 2009 sustituyó la pregunta inaugural por un “¿Qué hay de nuevo?” más abierto.

Para retransmitir un tweet que veían pasar y les divertía o despertaba su interés, los usuarios se acostumbraron a reenviarlo, precediéndolo de la mención “RT” (“retweet”), para difundir así el mensaje entre sus propios lectores. Una vez más, la función se incorporó al servicio en 2010, cuando apareció el botón “retweetear”.

Resulta difícil clasificar a este importante actor de la internet actual. ¿Twitter es una red social que permite intercambiar con amigos, como Facebook, o más bien una agencia de prensa donde todos pueden ser emisores y receptores al mismo tiempo? Sus fundadores nunca supieron del todo con qué pie bailar. En 2010, su presidente-director general y cofundador, Evan Williams, lo definía resueltamente como una “red de información” (5); pero un año después, aparecieron nuevas funcionalidades orientadas a mejorar la “búsqueda de amigos”.

El objetivo perseguido por Twitter es luchar contra la competencia, y al mismo tiempo, resolver las dificultades que muchos nuevos usuarios tienen para encontrar sus marcas. La iniciativa no generó, sin embargo, reacciones unánimes: “‘Encuentre a sus amigos en Twitter: ¡no gracias!’”, protestaron algunos; y también: “Mis amigos no están preparados para comprender mi obsesión por Katy Perry [cantante pop estadounidense]” (6). (...)

Artículo completo: 2 141 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de noviembre 2011
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Mona Chollet

De la redacción de Le Monde diplomatique, París.

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