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Universidades ni privadas ni tradicionales

Políticas para la educación de un nuevo Chile

Después del 2011, debemos reconocer que tenemos desafíos profundos, partiendo por recuperar la educación pública para todos los chilenos y chilenas. Antes de abordar lo que ha significado el movimiento estudiantil del año pasado, es necesario hacer memoria histórica.

En la década de los 70, la dictadura y las armas no se utilizaron para liberar a Chile del socialismo sino para fortalecer la riqueza y el poder de quienes han ostentado para si la soberanía en Chile, acotando el concepto de nación soberana y con ello usurpando la dignidad a la mayoría de la sociedad. Sin embargo esta herencia debió acabar con el retorno a la democracia, cuando algunos prometieron alegría pero que se esfumo en un consenso en Washington. En este sentido no criticamos a la gente de la Concertación porque quiso retornar a la democracia, la cuestión, -es de un cuestionamiento de lo que hay que hablar aquí-, ¿a qué tipo de democracia se retornó? Se nos quiere hacer creer que la normalidad sólo se reduce en participación política de elección por elección, cuando es mucho más complejo el establecimiento de las condiciones de participación del pueblo. En cambio, solo profundizaron el modelo de Pinochet, retocándolo administrativamente siendo Alwyn, Frei, Lagos y Bachelet meros correctores del modelo liberal, implementado por la línea de Chicago en la dictadura.

Ahora bien, entre el 2011 y lo que llevamos del 2012, podemos detectar síntomas de una especie de agotamiento respecto a la calidad de vida de las personas en general, que es producto de una grosera desigualdad social, vergonzosas políticas de previsión social, mercantilización de las condiciones mínimas de desarrollo de los seres humanos y, por supuesto, enormes y agobiantes deudas. La eterna promesa de la movilidad social, del Chile de los emprendedores, esa que nos hace creer que mediante el esfuerzo individual, sin contar con las mínimas garantías para una vida digna, podemos “ser más que nuestros viejos”. Las eternas promesas que la clase política imperante le hace a la gente, para la obtención del voto en las campañas, que nunca llegan ni siquiera se acercan.

Fatiga y abatimiento

En este escenario, las personas que salieron y salen a las calles no marcharon “en contra del capitalismo”, sino porque están fatigados y abatidos. Muy poca gente está realmente politizada, por lo mismo no necesariamente se conecta la relación de ese síntoma de agotamiento al duopolio político existente o a un sistema imperante específico. Esto se debe a uno de los grandes triunfos de Pinochet: la despolitización de la ciudadanía, lo cual fue reafirmado por la Concertación, con el objeto de tener certeza de los escenarios y poder gobernar a su diestra y siniestra.

En este contexto político e histórico, partiré por el mundo universitario y en especial por el sector privado. Por lo cual, cabe preguntarse ¿por qué una estudiante de universidad privada, bajo el sentido común ideológico imperante, supuestamente defiende los intereses de estudiantes de universidades tradicionales? En este entendido, el año pasado comenzaron a aparecer dentro del horizonte político los estudiantes del sector privado, constituyendo cada vez más federaciones democráticas, en contra de la voluntad de sus rectores o de reglamentos internos que les negaban la posibilidad de organizarse, saliendo a la calle y apareciendo dentro de la discusión nacional, despertando para ensanchar las espaldas de los movimientos sociales y de los actores que comienzan a surgir dentro de demandas históricas como es la educación, entendida como derecho social. Ahora bien, es necesario, a la vez, situarnos en un contexto en el que la dictadura impuso legados en las universidades a nivel nacional, dejando arraigados en los pilares más profundos de las instituciones de educación superior criterios y principios privatizadores del sistema educacional, obviamente consagrándolos por excelencia en el sector privado.

Por ello el problema es estructural y no se agota en más o menos financiamiento, por lo cual el cuestionamiento es transversal, donde nuestro objetivo se centra en cambiar el sistema educacional en su conjunto, desde sus raíces más profundas. Dentro de ello, no caben los divisionismos ni corporativismos, estamos todos inmersos dentro de un mismo sistema, reproductor de desigualdades sociales. Por lo cual, los estudiantes del sector privado, respecto a las demandas estructurales deben ser parte y actores relevantes de una misma lucha y los estudiantes de tradicionales adoptar como suyas reivindicaciones tales como el derecho a la libertad de asociación de los estudiantes de instituciones privadas.

Prestación de servicios

A la vez, es necesario profundizar en ciertas condiciones materiales, donde uno de los problemas sustanciales para democratizar y generar participación en el sector privado, es que el estudiante, bajo un sentido común, genera un vínculo de gratitud con su institución, perdiendo de vista que lo que materialmente se construye es una representación de una relación imaginaria de un individuo con sus condiciones reales de (...)

Artículo completo: 2 571 palabras.

Texto completo en la edición impresa del mes de julio 2012
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Daniela López

Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Central (Primera federación de universidad privada en ingresar a la Confech).

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