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Un año electoral precedido de movilizaciones sociales

Los desafíos para un nuevo ciclo de luchas

El 2013 habrá mucho en juego. A partir de la movilización estudiantil y de los conflictos sociales y medioambientales que han estallado en diversas regiones hasta ahora, se pondrá a prueba la posibilidad de abrir un nuevo ciclo de luchas sociales y políticas en Chile. Requeriremos de toda nuestra inteligencia y convicción, pero también de nuestra capacidad de despliegue práctico, material y humano.

Como señalaba Antonio Gramsci, “las clases subalternas, sufren de la iniciativa de la clase dominante, incluso cuando se rebelan”. Es que más allá de estallidos o conquistas parciales, no debemos olvidar la posición que jugamos en el escenario global de la lucha de clases. Más aun en un año de presidenciales, donde la política tradicional intentará reconstruir los términos del pacto de la transición y así cerrar las puertas que las mayorías han abierto estos últimos años.

A continuación buscamos aportar a la discusión con algunas líneas de acción para todos quienes nos sentimos parte de un proyecto alternativo de sociedad y no nos conformamos con los estrechos márgenes que ofrece la política tradicional.

Incidir en el escenario electoral

“Los gobiernos de la Concertación fueron de centroderecha”. Con esta frase Pablo Longueira, desde la derecha, grafica lo que cada vez para más amplias mayorías de chilenos se convierte en una certeza: las diferencias entre Alianza y Concertación no son significativas.

Para el bloque dominante, la próxima presidencial no se trata de una elección cualquiera, sino de una que permita probar el estado vital de su hegemonía. Vendrá precedida de dos años de movilizaciones sociales, una baja aprobación histórica de las coaliciones políticas, y la alta abstención de las elecciones municipales.

Frente a esta realidad, Derecha y Concertación han desplegado distintas estrategias. Unos insisten por todos sus medios que este modelo económico ha entregado beneficios y felicidad a Chile. Los otros, pese a pensar lo mismo, se han dedicado a la cooptación de dirigentes de los movimientos sociales para oxigenar el alicaído sistema político. Finalmente, su objetivo es común: actualizar la democracia de los acuerdos, y mantener abiertos los nichos de acumulación capitalista y el carácter subsidiario del Estado. En este escenario, ¿cómo hacer posible que el movimiento social avance y se proyecte políticamente? La respuesta no es fácil, y las movilizaciones de los últimos años nos imponen con mucha mayor urgencia hacernos cargo de esto.

Hacer como si el escenario no existiese o centrar la discusión en “votar v/s no votar” son opciones que quizás puedan acrecentar la falta de representatividad de la clase política, pero no se traducirán en avances del pueblo organizado, que no se miden en porcentajes de abstención ni votos nulos. El luchador social del siglo XXI debe ser capaz de trabajar en un espacio de base al mismo tiempo que disputa los espacios representativos. No hacerlo permite que, no sólo la esfera institucional, sino el conjunto de las relaciones sociales, estén bajo las riendas del enemigo.

No podemos omitirnos, pero tampoco entregarnos al enemigo y ceder ante las presiones de una (...)

Artículo completo: 1 581 palabras.

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Andrés Fielbaum

Estudiante de Ingeniería Civil Matemática y Magíster en Ingeniería en Transportes. Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH). Militante de Izquierda Autónoma.

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