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Un viaje a la cloaca periodística chilena

Los bajos fondos del periodismo en Chile

La corrupción de la que habitualmente se informa en la prensa se suele focalizar en conductas reprochables o ilícitas de políticos que se aprovechan de su posición para beneficio personal. Muestran constantemente casos de uso privado de recursos del Estado, financiamiento irregular de partidos, sobornos, cobro de comisiones, especulación inmobiliaria o financiera. Se desplaza así la mirada de otros campos sin los cuales el circuito corruptor no se puede comprender. Si hay un lugar que debería ser investigado a fondo a la hora de entender este fenómeno, y que nunca aparece en portada, es precisamente el ámbito periodístico.

Desde la Ilustración se le ha dado a la prensa un rol moralizador, ligándola a la función de controlar al poder. Este papel político-moral queda claro desde el primer decreto que garantizó la libertad de imprenta en Chile, en 1813: “Después que en todas las naciones cultas y en todos tiempos se ha hablado tanto sobre las utilidades de la libertad, de imprenta; cuando todos conocen que esta es barrera más fuerte contra los ataques de la tiranía, y que jamás ha existido un Estado libre sin que todos sus habitantes tengan un derecho de manifestar públicamente sus opiniones”. ¿Qué balance podemos hacer luego de 200 años? ¿Está nuestra prensa a la altura de la misión de ser “barrera contra los ataques de la tiranía?”

Una definición integral de corrupción la entiende como “el abuso de confianza por parte de individuos u organizaciones (públicas o privadas) en actividades políticas, empresariales, sindicales, culturales o de cualquier tipo que benefician directa o indirectamente a una persona o a un grupo en detrimento de la comunidad que depositó en ellos –en la función y obligaciones que debían desempeñar– su confianza”. Entendida así la corrupción es el resultado de obligaciones institucionales traicionadas, producto del incumplimiento de una misión asignada por la sociedad. En el caso de la prensa se la ha mandatado para asumir un papel como “perro guardián de la democracia”. Es lo que (...)

Artículo completo: 385 palabras.

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Álvaro Ramis

Teólogo, doctor en Ética Aplicada.

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