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Cambio climático, transición energética y extractivismo verde

Interrogantes sobre la industria de energía verde

El mundo enfrenta una crisis climática y ecológica a consecuencia del uso masivo de combustibles fósiles en la era industrial y la sobrexplotación de la naturaleza en nombre del crecimiento económico, cuyos beneficios han llegado a los países más industrializados y a pequeñas élites político-económicas en naciones del Norte y Sur global. Los acuerdos internacionales y las acciones para revertir el cambio climático avanzan con retardo y con una mezquindad económica que intensifica los daños en los países más vulnerables, entre ellos Chile.

Las respuestas están lejos de ser equivalentes a los desafíos de la transición energética que se requiere para revertir el calentamiento global y frenar el aumento de la temperatura en 1,5°C. A esto se suman que las tensiones geopolíticas mundiales tampoco han facilitado las cosas. El conflicto entre Rusia y Ucrania, con consecuencias en el abastecimiento energético de Europa, ha obligado a estos países acelerar las estrategias para su seguridad energética, lo cual incide en nuevos acuerdos políticos, de inversión y movimiento mundial de materias primas para enfrentar ese desafío.

Chile ha sufrido el incremento de los precios de los combustibles importados que generó la invasión rusa, pero tiene abundancia en fuentes renovables para un desarrollo energético 100% renovable. Pero esto podría derivar en una debacle ambiental, en el colapso de ecosistemas terrestres y costeros y en una masiva oposición ciudadana si los gobiernos imponen una lógica de ocupación territorial gatillada desde el Estado para servir a la economía global, sin evaluación ambiental estratégica, sin participación ciudadana y perpetuando el discurso de beneficios públicos y desarrollo económico local.

La trayectoria histórica de explotación de recursos naturales estratégicos como el cobre y el litio, está social y ambientalmente deslegitimada y no es bienvenida en los territorios. Las proyecciones de escalamiento en la explotación del litio intensificada a partir de las licitaciones del pasado gobierno, y la estrategia a puertas cerradas para catapultar una fabricación exponencial de Hidrógeno Verde (H2) como nuevo nicho de exportaciones, ya tiene anticuerpos.

El acceso a recursos naturales estratégicos

La producción de H2 fue una política de Estado fijada en la “Estrategia Nacional de H2” de 2020(1) por el gobierno de Sebastián Piñera. Su objetivo fue transformar a Chile en exportador de energías renovables y productos con sello verde, entre ellos el cobre. Aunque a nivel nacional el ahora exministro de Energía Juan Carlos Jobet articuló la política de Estado, a nivel internacional el H2 ya ocupaba un lugar principal en las negociaciones que llevaba el equipo del entonces canciller Andrés Allamand con la Unión Europea (UE), para el nuevo Acuerdo Marco Avanzado Chile-UE.

“Un mejor acceso y una inversión sostenible en materias primas críticas como el litio contribuirán a promover nuestra ambición compartida de una transición ecológica”, afirma el portal de la UE que difunde el acuerdo y destaca elementos como claves: mayor acceso a materias primas y combustibles limpios cruciales para la transición a la economía verde, como el litio, el cobre y el hidrógeno; mismo trato para los inversionistas de la UE en Chile que para los inversionistas chilenos, incluso en el sector de energía y materias primas y viceversa; mejora del acceso de las empresas de la UE a los contratos públicos chilenos de bienes, servicios obras y concesiones de obras y viceversa.

El Acuerdo incluye un “pilar de comercio e inversiones”, incluidas (...)

Artículo completo: 1 749 palabras.

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Sara Larraín* y Diego Luna*

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