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Plebiscito constitucional

Detener a la ultraderecha para reconfigurar la estrategia del cambio

El 17 de diciembre el pueblo chileno está convocado por segunda vez a pronunciarse respecto a una propuesta constitucional. En esta ocasión se trata del texto construido por una amplia mayoría de derecha, hegemonizada por el bloque ultra del partido republicano.

El análisis del texto que propone la derecha evidencia que es una Constitución con maquillaje. Estamos ante una redacción claramente marcada por el programa histórico de los sectores más conservadores y elitistas, pero maquillado mediante ejercicios retóricos destinados a cumplir dos objetivos: atraer a los votantes poco informados que vean en sus titulares una orientación hacia las reformas positivas y, en segundo lugar, superar los estándares impuestos por el acuerdo de la comisión experta, que obligó a incorporar ciertos criterios mínimos de admisibilidad.

Pero el ejercicio de maquillaje es burdo y sin sustancia. El mejor ejemplo se da en el artículo 1 donde se utiliza el concepto de “Estado social y democrático de derecho”. Esta apelación le sirve al documento para aparecer respondiendo, en lo formal, a la comisión experta y a la vez parece prometer un cambio progresista respecto al texto constitucional actual. Pero al poco avanzar en la lectura, las expectativas se frustran. Se descubre un articulado que deja lo social y democrático en los titulares para luego contener un verdadero programa de profundización neoliberal, que fortalece la provisión exclusivamente privada de los derechos sociales, que son reducidos a servicios a un consumidor indeterminado y abstracto. La democracia es entendida como un sistema electoral, en la línea de la “Poliarquía” de Robert Dahl, un modelo político donde hay varios poderes, pero sin participación ni aporte de la sociedad. El texto a cada paso se delata. Exuda mano dura, en la búsqueda de un Estado policial, en los mismos términos que lo hacen los nuevos fascismos y el capitalismo del siglo XXI: por medio de la normalización del estado de excepción como régimen cotidiano.

El maquillaje de la propuesta recorre variados campos con una misma constante. Restringir y reducir lo que se busca nombrar. En el ámbito ambiental la estratagema es descarada. Se señalan una serie de derechos y regulaciones, pero siempre se acota de forma clara y reiterativa que todas estas afirmaciones no podrán afectar el desarrollo económico. Lo que en la práctica hacen de todo lo señalado una mera declaración de buenas intenciones que en cuanto supongan un costo a la operación de una empresa dejaría de tener efecto. Un ejemplo parecido es el referido al derecho a huelga. La derecha afirma que, a diferencia de la Constitución vigente, la nueva propuesta explicita el derecho a huelga. Eso es verdad. Pero lo hace para restringir su ejercicio mucho más fuertemente que en la actualidad, por lo que en la práctica hace mucho más difícil el ejercicio de este derecho.

Si se desviste la propuesta de sus distintas capas de retórica social, democrática y ambiental, lo que queda es desolador. Se descubre una constante búsqueda de chivos expiatorios que se tratan de contener y exorcizar constitucionalmente: los pueblos indígenas, las mujeres, los inmigrantes, (…)

Artículo completo: 1 635 palabras.

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Álvaro Ramis

Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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