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Una capital a la gloria de Hun Sen

Phnom Penh, una urbanización caótica

Antes de ceder el puesto a su hijo, el ex primer ministro Hun Sen rediseñó la capital camboyana a marcha forzada, con promotores inmobiliarios privados cuidadosamente seleccionados. La llamada “perla de Asia”, brutalmente vaciada de sus habitantes durante el régimen de los jemeres rojos (1975-1979), fue remodelada a la gloria del autócrata en el poder durante cerca de cuarenta años. Las clases medias se adaptaron como pudieron. Los más pobres...

Yen Yat está más tranquila. Su árbol va a sobrevivir. Los obreros de la municipalidad le aseguraron que la ampliación de la ruta, diez metros de cada lado, no arruinará las raíces de su viejo chan de doscientos años. Bajo su follaje, sentada sobre un klé de bambú, una plataforma usada en Camboya para descansar o comer, la sexagenaria observa el gentío que se agita frente a su casa. Un patio en el cual viven cuatro familias. Aquí, en Srok Chek, un barrio periférico de la capital Phnom Penh, las casas rodeadas de jardines siguen siendo mayoritarias. Yen Yat señala el cartel “Se vende” clavado en la parcela de enfrente. El terreno se ofrece a 600.000 dólares por 1.328 metros cuadrados (m2), es decir, 450 dólares el m2. Nada que ver con los 5.000 dólares por m2 del centro. Lo cierto es que “alguien vino a proponerme un millón de dólares por mi casa –sonríe–. ¿Pero adónde me iría?”. Los arrozales de alrededor desaparecieron, el inmenso lago cercano, Choeung Ek, amplio espacio de lagunaje que crece en período de lluvias, está hoy por hoy saturado.

Antaño granjeros y pescadores, los habitantes se reciclan profesionalmente. La familia de Yen Yat maneja una tienda que vende bebidas y alimentos. Sus clientes: obreros de la construcción que trabajan en la zona. “La ciudad va avanzando y poco a poco llega hasta nosotros”, constata su sobrina. En efecto, Phnom Penh cambió de escala. De cuatro distritos urbanos que reunían a 1,6 millones de habitantes en 2005, la capital tiene actualmente catorce, que se extienden sobre 692 kilómetros cuadrados y cuentan con más de 2,1 millones de personas, según el último censo (2019). Vienen para estudiar o para trabajar. Los ingresos por persona representan aquí cerca del doble de los de las zonas rurales: 903.000 riels (aproximadamente 210 dólares) contra 452.000 riels (1). Como un pulpo que despliega sus tentáculos en todas las direcciones, la ciudad desborda las rutas-diques construidas a comienzos del siglo XX para protegerla de las inundaciones y de las crecidas del Mekong.

En el centro de la ciudad, entre las márgenes del río Tonlé Sap, el viejo correo, el Wat Phnom, el Palacio Real y el Mercado Central, el patrimonio arquitectónico casi intacto es una excepción. En otras partes, el paisaje cambia, la línea de horizonte se eleva. La sede del Canadia Bank, de treinta y dos pisos, inaugurado en 2008, siguió siendo el punto más alto de la ciudad hasta 2014. Dos años más tarde, los habitantes de Phnom Penh dejaron de contar a sus competidores, demasiado numerosos. Las casas de madera de Boeng Keng Kang y sus jardines desaparecen. Son reemplazadas por hoteles, condominios cada vez más altos, cafés o tiendas de moda de elegante arquitectura.

El Estadio Olímpico, indicador ineludible de la urbanización de la ciudad por parte del rey Norodom Sihanouk (1922-2012) tras la independencia en 1953, quedó oculto. Las dos torres de treinta y cinco pisos del Sky Villa, así como el Olympia City, un complejo de oficinas y de residencias de lujo construidas en su perímetro, lo esconden de la vista de todos. Obra del arquitecto Van Molyvann, un discípulo de Le Corbusier y creador de la “Nueva Arquitectura Jemer”, el complejo deportivo fue construido alineado con el monumento de la Independencia. “El estadio está preservado como un sitio del pasado, pero parece encogerse por la altura de los condominios de lujo, imagen de la Camboya del futuro”, constata Stéphanie Benzaquen- Gautier, investigadora asociada en la Universidad de Nottingham. Está eclipsado como gesto de burla al rey Sihanouk, figura tutelar y padre de la Independencia.

Cómo expresar el éxito

Porque el maestro constructor de los tiempos modernos es Hun Sen. Como el antiguo rey, talla su legado en la morfología de la ciudad. Comandante adjunto de un regimiento jemer rojo, huyó hacia Vietnam en 1977, antes de retornar con las tropas de Hanoi que derrocaron a Pol Pot y su régimen. Designado Primer Ministro en 1985, con 34 años, ocupó ese puesto hasta el pasado mes de julio. “Atravesó todas las épocas con pragmatismo”, explica Ou Virak, analista político y presidente del think tank camboyano Future Forum. Jefe del gobierno provietnamita durante la Guerra Fría, derrotado en las elecciones organizadas bajo la égida de las Naciones Unidas al comienzo de los años 90, Hun Sen se impuso con brutalidad, eliminando toda alternativa política y marginando al rey Norodom Sihamoni, sucesor de Sihanouk, quien murió en 2012 (2). Desde el punto de vista del autócrata de 71 años, Phnom Penh debe encarnar su éxito: venció a la dictadura jemer roja, instauró la paz y aseguró el desarrollo nacional. Impulsado por un ingreso nacional bruto anual por habitante de 1.612 dólares en 2021, el país salió de la lista de los países más pobres según la clasificación del Banco Mundial, para entrar en la de los países con un ingreso mediano bajo.

Así, un largo bulevar de sesenta metros de ancho, inaugurado en 2017, lleva el nombre de Hun Sen. Al igual que el gigantesco aeropuerto en construcción que abrirá en 2025 y será, a la larga, el más grande de la región, según el gobierno camboyano. Los edificios oficiales, en el corazón de la ciudad, expresan una cierta concepción del poder, tal como el Palacio de la Paz, donde el ex Primer Ministro recibía a las delegaciones extranjeras sobre un trono bordado en oro. Un nuevo Ministerio del Interior está por ser terminado sobre el bulevar Norodom. El costo del edificio “destinado a durar cien años”, según el arquitecto Malika Keo: 60 millones de dólares. La imponente sede del Partido del Pueblo Camboyano (PPC) también acaba de ser restaurada por la suma de 30 millones de dólares. Ex Partido Comunista, actualmente afiliado a la Internacional Demócrata de Centro, guiado más por los intereses comerciales que por la ideología, el PPC pretende ser ineludible en la escena política y lo demuestra integrándose en el paisaje urbano al mismo nivel que las instituciones del Estado.

El 31 de enero de 2022, Hun Sen citaba en un discurso, con orgullo, los 1.600 edificios construidos: “Recuerden que el 7 de enero de 1979 no teníamos más que edificios de siete pisos; hoy algunos alcanzan los cincuenta”. La fecha mencionada no es azarosa: es el día de la caída del régimen de los jemeres rojos.

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Christine Chaumeau

Periodista.

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