Desde la sociología y las ciencias sociales, hasta la filosofía y la salud pública la violencia se define como un fenómeno complejo y multidimensional. Dentro de esta variedad disciplinaria y conceptual la Organización Mundial de la Salud la define como el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o como un acto efectivo, en contra de una persona o de un grupo determinado. Sin embargo, también señala que el agresor de la acción violenta la puede ejercer contra sí mismo. La clave está en la intencionalidad o la voluntad detrás del acto, por lo tanto, nunca es un hecho accidental.
Analíticamente, el recientemente fallecido sociólogo noruego Johan Galtung propuso tres dimensiones o expresiones de violencia. La primera es la violencia directa o visible, en la que claramente se aprecia al emisor y al receptor de la agresión física, verbal o psicológica. La segunda es calificada como estructural, en la medida que el agresor individual es reemplazado por un sistema que agrede, como el racismo o la pobreza. Esta dimensión tiende a invisibilizarse, pero es la más arbitraria, debido a que casi siempre es el sistema político, el social o el económico el agresor y emisor de la violencia. Esta expresión estructural de la violencia es la que impide que ciertos grupos sociales puedan satisfacer sus necesidades básicas y de desarrollo. Pero, tanto la violencia directa como la estructural necesitan una justificación o una legitimación para la agresión y es aquí donde emerge la denominada violencia cultural. Esta tercera dimensión cultural propaga la creencia que ciertas formas de violencia son naturales e incluso necesarias. En la historia moderna estos agentes culturales se mueven a través de la ideología, la religión el arte, la ciencia o el lenguaje.
Pero ante todo, tal como lo señaló Hannah Arendt, la violencia es una manifestación que tiende a aparecer cuando el poder que ejerce un determinado sujeto o grupo está en peligro o está perdiendo la hegemonía.
A partir de estos acuerdos conceptuales generales, es relevante preguntarse por las formas en que opera la violencia en una sociedad que está transitando desde la interacción analógica a la digital. Y para ver estas expresiones contemporáneas pensemos en un actor social que históricamente ha sido sujeto de violencia. Observemos por ejemplo que sucede con la violencia que hoy están recibiendo las mujeres, sobre todo aquellas que ocupan roles de liderazgo social o dicho de manera más directa un liderazgo político.
Para comenzar es (…)
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