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La trampa de Tucídides en América Latina

Chile en el nuevo mapa geopolítico

Quién sube, quién cae y quién queda atrapado entre dos gigantes

Hay una vieja advertencia griega que nunca ha dejado de cumplirse: cuando una potencia emergente amenaza con desbancar a una establecida, la guerra es casi inevitable. Tucídides lo documentó en la Guerra del Peloponeso y Graham Allison lo popularizó como «la trampa». Aunque muchos creen que América Latina juega en otra liga, la dinámica de ascenso y descenso también se vive aquí. Solo que con un giro: la región no está en guerra, pero sí en un profundo proceso de reordenamiento donde algunos países se hunden, otros se mantienen a flote y la mayoría queda atrapada entre Estados Unidos y China.

Empecemos por los que están en ascenso. Aquí no hay una lista, hay un solo nombre: Brasil. Aunque Lula busca una cuarta presidencia y el país arrastra problemas internos, sigue siendo la hegemonía regional indiscutida. Es la “Esparta” sudamericana: la que impone el orden cuando la desintegración andina amenaza con desbordarse. No es un superpoder frente al mundo, pero frente a sus vecinos sigue siendo el gigante que todos miran con recelo o necesidad.

Del otro lado, los que están en descenso son muchos más, y algunos duelen por lo rápido que cayeron. Argentina, bajo la motosierra de Milei, pasó de ser contrapeso de Brasil a un laboratorio libertario que perdió 73.000 empleos y se reconfiguró como extractor de litio para el norte global. Ya no compite: depende. Perú es otro caso trágico: tiene la moneda más estable de la región, pero su sistema político colapsó hace años. Siete presidentes en nueve años, calles militarizadas y una economía que no logra traducirse en poder real. Es el ejemplo perfecto de un Estado en caída libre.

Y luego está Venezuela, que ya ni siquiera es un país en descenso. La captura de Maduro en enero de 2026 y la intervención estadounidense lo sacaron del tablero geopolítico. Hoy, Caracas no es un polo de influencia, es un campo donde se prueba la nueva doctrina de fuerza dura de Washington.

Pero la verdadera novedad está en la zona de tensión. Países como Colombia, Bolivia y Chile no suben ni bajan claramente: se debaten. Colombia definía su futuro en las urnas el 31 de mayo, mientras maneja la crisis migratoria y la posguerra. Bolivia y Chile hicieron un giro a la derecha conservadora en 2025, pero sin romper del todo con China. Caminan en la cuerda floja entre la inversión norteamericana y los yuanes que mueven su comercio.

Ecuador está en un lugar extraño. Bajo Noboa se alinea con Estados Unidos, busca una base militar en Manta y persigue a la oposición judicial con el «Caso Ligados». No es una potencia en ascenso, pero tampoco un Estado hundido: es un campo de batalla judicial que gasta más energía en sobrevivir políticamente que en crecer.

El impacto de una disputa

¿Dónde está entonces la Trampa de Tucídides en América Latina? No está en una guerra entre Brasil y Argentina, como algunos temían en el siglo XX. Está en la relación de Estados Unidos con toda la subregión. Para evitar que la región caiga en la órbita china, Washington abandonó la diplomacia y aplicó la ley del más fuerte: bombardeos en Caracas, captura de presidentes, presiones electorales explícitas en Argentina y Honduras, y una nueva doctrina —apodada «Donroe» en honor al viejo Monroe— que militariza la política regional.

El resultado es que los países latinoamericanos no están luchando contra Estados Unidos. Están (…)

Artículo completo: 1 805 palabras.

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Álvaro Ramis

Rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

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