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Las complejas relaciones entre Moscú y Kiev

En Ucrania se frustran las esperanzas de paz

Impulsada por los esfuerzos diplomáticos franceses, la cumbre celebrada en París en diciembre de 2019 reavivó las esperanzas de una solución del conflicto en la región de Donbass. Aunque sirvió para frenar la escalada, el activismo del presidente francés Emmanuel Macron no logró eliminar los principales obstáculos en el camino hacia la paz.

Hacía tres años que Francia, Alemania, Ucrania y Rusia no se reunían los cuatro (en el llamado “formato Normandía”), mientras que en Donbass el conflicto entre Kiev y las autoproclamadas repúblicas prorrusas se empantanaba. La reactivación de ese formato se logró tanto gracias a los esfuerzos diplomáticos que el presidente Emmanuel Macron venía realizando desde el verano boreal de 2019 como gracias a la apertura que produjera la elección a la cabeza de Ucrania de Volodymyr Zelensky. El 21 de abril de 2019, Zelensky obtuvo el 73% de los votos contra el presidente en ejercicio, Petro Poroshenko. Este maremoto se confirmó en julio, cuando en elecciones legislativas anticipadas su partido, el Servidor del Pueblo, obtuvo -por primera vez desde el advenimiento del multipartidismo en 1991- la mayoría absoluta en la Rada (el Parlamento) con el 43% de los votos. Así, el nuevo presidente recibió un claro mandato de su electorado, que espera mucho de él, en particular para desbloquear la situación en el Donbass.

Si bien Poroshenko había establecido un cordón sanitario en torno a la provincia escindida, su sucesor estaría considerando el asunto desde un ángulo diferente. Durante la campaña presidencial, Zelensky no dudó en expresarse en ruso en los medios de comunicación ucranianos (1). Desde que llegó al poder, se negó a utilizar la expresión “agresión rusa” para hablar de la situación en Donbass (2). Tras ser electo, se apresuró en enviar señales que indicaban la voluntad de devolver la provincia rebelde de Kiev. Así pues, a partir de septiembre de 2019 su administración elaboró un plan para restablecer los vínculos económicos y humanitarios con los territorios separatistas, plan que prevé, en particular, facilitar el pago de las jubilaciones, que la administración anterior había obstaculizado (3).

Resultados modestos
Aprovechando la oportunidad que ofrecía la llegada de un nuevo gobierno a Kiev, a fines de junio París maniobró para facilitar la plena reintegración de Moscú en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, donde los derechos de los rusos habían estado suspendidos durante cinco años. A principios de septiembre, rusos y ucranianos intercambiaron setenta prisioneros. Unos días después, el Grupo de Contacto Trilateral (conocido como “Grupo de Minsk”), compuesto por representantes de Ucrania, Rusia y la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), acordó la creación de tres “zonas de prueba” a lo largo de la línea divisoria, de las cuales se retiraría el armamento pesado: Petrovsky, Stanytsia Luhanska y Zolotoïe (4). Estas localidades no fueron elegidas al azar: eran aquellas donde los enfrentamientos seguían siendo esporádicos.

En vista de estos avances, Francia creía que era inminente una cumbre formato “Normandía” -París hablaba de octubre-, mientras que Moscú seguía mostrándose cauto: en el mejor de los casos, sería en noviembre. Los cuatro líderes se reunieron finalmente el 9 de diciembre en la capital francesa. Mientras tanto, tuvieron lugar dos acontecimientos significativos. El 1 de octubre Kiev convino en suscribir la “fórmula Steinmeier” -del nombre del ex ministro alemán de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier-, que prevé la celebración de elecciones en las provincias secesionistas bajo la supervisión de la OSCE. A esta institución ya se le había confiado una misión de observación, antes de que la Rada aprobara una ley sobre el estatuts especial de Donbass. La señal fue bien recibida por Rusia que, para confirmar su participación en la cumbre “Normandía”, devolvió a Ucrania los tres buques de guerra secuestrados frente a Crimea a fines de noviembre de 2018.

Sin embargo, aunque la Cumbre de París había suscitado esperanzas de progreso en la búsqueda de una solución política al conflicto, sus resultados siguen siendo modestos. La mayor parte del avance consiste en frenar la escalada militar. A falta de una retirada exitosa de las armas pesadas de toda la línea divisoria -como estipulaban los Acuerdos de Minsk del 12 de febrero de 2015-, los cuatro dirigentes acordaron establecer tres nuevas “zonas de prueba” a lo largo de la línea de contacto, de las que se retirarán dichas armas de aquí a marzo de 2020. El Grupo de Minsk también elaborará un nuevo (...)

Artículo completo: 2 327 palabras.

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Igor Delanoë

Director Adjunto del Observatorio Franco-Ruso de Moscú.

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