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Extracciones estratégicas en el centro del conflicto sino-estadounidense

¿Se avecina una guerra por las tierras raras?

A pesar de que parecía contar con el monopolio de las tierras raras, indispensables para fabricar productos de tecnología de punta, en 2018 y 2019, China importó más de lo que exportó. Ahora bien, ¿podemos hablar de un verdadero cambio si tenemos en cuenta que sus clientes siguen siendo muy dependientes de su producción? Pekín, por su parte, no deja de amenazar a Estados Unidos con detener los envíos. Una guerra que no tiene fin.

La escena transcurre el 20 de mayo de 2019 en Ganzhou, una ciudad de unos diez millones de habitantes ubicada en la provincia de Jiangxi (sudeste de China). Xi Jinping, el presidente chino, recorre los pasillos de una fábrica de imanes de tierras raras. En esta “visita de inspección” sumamente cubierta por la prensa oficial, lo acompaña Liu He, su principal asesor económico, jefe de negociaciones con Estados Unidos y encargado de desactivar el conflicto comercial entre las dos potencias.

La fecha de la visita no era anodina: diez días antes, la administración del presidente estadounidense Donald Trump había pasado un nuevo límite en la guerra comercial al elevar los derechos de aduana sobre bienes chinos valorados en 200.000 millones de dólares. En la misma jugada Washington puso en su lista negra al gigante de las telecomunicaciones Huawei, impidiéndole así acceder a componentes estadounidenses, algunos de los cuales le resultan indispensables (semi-conductores, sistema operativo Android). Fueron dos golpes duros y sorpresivos para Pekín.

Al montar esa escena pocos días más tarde, era evidente el mensaje que deseaba enviar Xi con su visita a una fábrica de tierras raras: China tiene un instrumento capaz de devolver los golpes estadounidenses. La prensa y algunos investigadores chinos se encargaron de ponerle los subtítulos a aquella escena: China podría dejar de proveer tierras raras a las empresas estadounidenses de un día para el otro. En un artículo publicado en inglés por el periódico chino Global Times, el profesor Jin Canrong, que enseña relaciones internacionales en la universidad Renmin de Pekín, declaró que China “tiene tres ventajas estratégicas para ganar la guerra comercial contra Estados Unidos”, una de las cuales es la prohibición de exportar tierras raras (1). Poco tiempo después, la organización que representa a los industriales chinos del sector se declaró oficialmente favorable a la implementación de esas medidas de represalia (2).

La amenaza tiene con qué generar preocupación dados los antecedentes: tras la detención de un barco pesquero chino por parte de la marina japonesa en el disputado archipiélago de las islas Senkaku/Diaoyu en septiembre de 2010, Pekín cortó bruscamente sus exportaciones de tierras raras a Japón -sin jamás reconocerlo públicamente-, lo cual generó una ola de pánico en los mercados mundiales.

Ahora bien, ¿qué son exactamente las tierras raras? Se trata de un conjunto de diecisiete minerales con propiedades químicas similares –entre ellos están el cerio, el disprosio, el erbio, etc. – que son indispensables, aunque a veces se utilicen cantidades ínfimas, para fabricar tecnologías claves para la transición energética (alguna eólicas, vehículos con energías nuevas) y aparatos electrónicos. Las tierras raras también son utilizadas en la industria de la defensa. Y, desde fines de los años 90, China provee en promedio el 90% de la producción mundial.

Sin embargo, solo un tercio de las reservas mundiales comprobadas se encuentran en su territorio. En efecto, el instituto estadounidense de estudios geológicos indica que las hay en los subsuelos de Brasil, Rusia, India, Australia, pero también en varios países del sudeste asiático (3). Desde el comienzo de 2010, se lanzaron proyectos de exploración en Canadá, en África austral, en Kazajistán y también en Groenlandia. Incluso Corea del Norte afirma que posee reservas gigantescas.

La victoria industrial china
Durante mucho tiempo, China estuvo muy lejos de ocupar esta posición cuasi monopólica. A fines de los años 80, bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, el Partido Comunista Chino (PCC) adoptó una política voluntarista de desarrollo de tierras raras. En aquel entonces esta industria era dominada por Estados Unidos que, además de la mina de Mountain Pass en California, controlaba la totalidad del ciclo de transformación gracias a Magnequench, filial de General Motors y empresa insignia de Indiana cuyas actividades marchaban de maravillas (4). Sin embargo, Deng era consciente del interés geopolítico que tenía la explotación de las reservas chinas. Durante su célebre gira por el sur de China para lanzar reformas en 1992, el viejo líder explicitó su visión: “Medio Oriente tiene el petróleo, China las tierras raras”.

Desde entonces, todos los medios fueron buenos para desarrollar esta industria: las autoridades chinas cedieron tierras, proveyeron energía a bajo costo, subvencionaron la apertura de nuevas minas. No prestaron atención a las condiciones de trabajo de (...)

Artículo completo: 2 427 palabras.

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Camille Bortolini

Analista económica en la Dirección General del Tesoro, en misión diplomática en Pekín de 2017 a diciembre de 2019. Los puntos de vista expresados por la autora en este texto son personales.

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