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Médicos y enfermeros denuncian “el diktat de la economía”

Hospitales alemanes demasiado rentables

Durante el peak epidémico del coronavirus, el sistema de salud alemán hizo las veces de modelo gracias a su mejor equipamiento en camas de cuidado intensivo. Sin embargo, en Alemania, el personal sanitario y los hospitales denuncian desde hace años una falta estructural de medios y de personal. En el centro del debate se encuentra un sistema de financiamiento atado a la tarificación por actividad.

Axel Hopfmann fue por mucho tiempo enfermero en un hospital. En 2004, su establecimiento, en Hamburgo, fue privatizado. El hombre prefirió entonces permanecer en la administración pública antes que convertirse en empleado de un gran grupo con fines de lucro. “Hoy trabajo en una oficina”, aclara. Constanze Weichert, por su parte, enfermera desde hace diez años, abandonó otro hospital de Hamburgo para trabajar en el cuidado ambulatorio de personas ancianas. “Me gustaba el hospital –asegura–. Me gustaría volver, pero no lo haré a menos que las condiciones de trabajo cambien”. Para Steffen Hagemann, la experiencia hospitalaria fue tan difícil que no aguantó más de siete años en la profesión de enfermero. “Es parte de la imagen del oficio que hay que sacrificarse; las direcciones juegan con eso para acallar las reivindicaciones”, lamenta. Cada vez más, el personal sanitario alemán denuncia condiciones de trabajo “que se degradaron masivamente”, como atestigua Anja Voigt, enfermera en cuidados intensivos en Berlín. “Me acuerdo de la época en que podíamos hacer pausas y en que tenía tiempo para los pacientes. Hoy en día, con suerte hago una pausa por mes”.

Lejos de la imagen idílica emitida durante la crisis del coronavirus por los medios de comunicación, el sistema hospitalario alemán también padece la falta de medios y de personal. Ya sean los sindicatos de enfermeros o de médicos, todos deploran la escasez alarmante de puestos de personal sanitario en los hospitales. Un estudio de la fundación Hans-Böckler evalúa en 100.000 la cantidad de puestos de enfermeros de jornada completa que habría que crear (1). En virtud de la dureza del oficio, los puestos de enfermeros presupuestados ni siquiera logran siempre cubrirse. Por cierto, Alemania cuenta con muchas más camas de cuidados intensivos que sus vecinos europeos: 34 por cada 100.000 habitantes contra 16,3 en Francia u 8,6 en Italia (2).

Carencia de personal
“Pero de haber tenido tantos enfermos graves de Covid-19 como en el norte de Italia habríamos tenido las camas, en efecto, pero no el personal para ocuparse de los pacientes”, ironiza Nadja Rakowitz, directora de la Asociación de Médicos Demócratas (Verein Demokratischer Ärztinnen und Ärzte, VdÄÄ). Algunos meses antes de la epidemia, Alemania discutía incluso acerca de la pertinencia de tener tantos lugares de hospitalización: un estudio de la fundación Bertelsmann preconizaba cerrar más de la mitad de los hospitales del país (3). “Luego llegó el coronavirus y todo el mundo vio que, de hecho, estaba bien tener muchos hospitales y camas”, señala una vez más Rakowitz.

Para comprender estas paradojas hay que recordar las decisiones políticas adoptadas en Alemania sobre el hospital en las últimas décadas. En 1985, una ley abre de par en par el mercado del cuidado hospitalario a las empresas privadas lucrativas. A partir de ese momento se crean y refuerzan los grandes grupos alemanes de clínicas: Sana, Asklepios, Röhn, Helios (comprada por la multinacional de material médico Fresenius). No hay diferencia de tratamiento financiero entre los establecimientos públicos, los privados sin fines de lucro y los privados con fines de lucro. Todos están inscritos en los esquemas regionales de oferta de cuidados, ni siquiera se los distingue en el lenguaje corriente. Luego, en 2004, al mismo tiempo que Francia establece la tarificación por actividad (T2A), Alemania adopta un sistema totalmente similar, el del “monto por caso”. Ya no son los cuidados efectivos los que se financian, sino un pago fijo según un catálogo de patologías, cualquiera que sea la cantidad de días de hospitalización necesarios. Como en Francia, los actos técnicos, por ejemplo las operaciones de prótesis de cadera, de rodilla, la cirugía en general, son mucho mejor remunerados que un parto por vía natural o que la pediatría. La T2A francesa y el “monto por caso” alemán tienen de hecho el mismo origen: el sistema de los “grupos homogéneos de enfermos” (o DRG, por Diagnosis Related Groups) importado de Estados Unidos, donde fueron establecidos a comienzos de los años ochenta (4).

“El objetivo del nuevo sistema de financiamiento era claramente desembocar en una mayor rentabilidad, algo contra lo cual no hay nada que objetar en sí mismo. Pero también se trataba de acentuar la competencia entre los establecimientos que al fin de cuentas desemboque en una reducción del número de hospitales”, estima Uwe Lübking, uno de los responsables de la Asociación de Ciudades y Comunas de Alemania. Con excepción de los centros hospitalarios universitarios (CHU), que dependen de los Länder (estados federados), los hospitales públicos en Alemania están bajo la jurisdicción de las comunas y los (...)

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Rachel Knaebel

Periodista.

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