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Afganistán bajo el poder talibán

Nuevas condiciones regionales

“Si alguien dice la verdad, dale un caballo, lo necesitará para huir”, afirma un proverbio afgano. Cuando el Presidente estadounidense Joseph Biden anunció, el 14 de abril de 2021, la retirada de todas las tropas estadounidenses de Afganistán, adoptó un tono ligeramente contrariado al hablar del acuerdo de Doha, firmado en febrero de 2020 (1): “Sin duda no es lo que yo mismo hubiera negociado, pero fue un acuerdo firmado por el gobierno de Estados Unidos y eso tiene un peso”, declaró (2). No sólo su predecesor Donald Trump cedió a todas las exigencias de los talibanes, sino que aceptó un párrafo que exigía que el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas ratificara el acuerdo (3) –lo que sucedió el 10 de marzo siguiente, por voto unánime (incluido Estados Unidos, por ende) de la resolución 2513.

Washington no podía echarse atrás dos veces tras esta doble aprobación, por lo que Biden no tenía otra posibilidad más que aceptar el texto letra por letra. Es exactamente lo que querían los talibanes antes de lanzarse en una sorprendente reconquista territorial. Diez semanas después del 1º de mayo, comienzo efectivo de la retirada de las tropas estadounidenses, el número de distritos bajo su control pasó de 73 a 213 (sobre un total de 398), repartidos en 27 de las 34 provincias del país (4).

La retirada se aceleró porque “la rapidez es garantía de seguridad”, afirmó Biden. La inmensa base de Bagram fue evacuada a las apuradas, en plena noche del 1º al 2 de julio, sin que las autoridades afganas fueran prevenidas, de manera que los edificios e instalaciones militares fueron librados a bandas de saqueadores durante varias horas. Más parecido a una huida que a una retirada ordenada… La palabra política de Estados Unidos quedó en consecuencia muy debilitada. Y esta atonía va de la mano de una incapacidad militar para asegurar a distancia la seguridad del país, pese a que el Acuerdo Bilateral de Seguridad (BSA) firmado en Kabul en 2014 sigue vigente.

¿Gobierno provisorio?
Así, el destino de Afganistán se juega de ahora en más en la escena regional, donde los juegos de alianzas y de desconfianzas ya de por sí no son simples. Mientras que resuenan los insultos entre Kabul e Islamabad y que China intenta mediar para calmar las aguas, Rusia e Irán consultan tanto a los talibanes como a políticos afganos, mientras que India permanece más bien a la expectativa.

Para Moscú, el ejercicio no es nuevo: en 2018, los rusos organizaron un primer encuentro bilateral entre los insurgentes y una delegación oficial afgana, y luego un segundo encuentro en febrero de 2019. Los talibanes aseguraban entonces haber renunciado a la reconquista militar y se decían listos para negociar el reparto del poder. Una promesa que hoy tal vez ahogan en el éxtasis de su éxito pero que el ministro de Relaciones Exteriores, Sergueï Lavrov, no dejó de recordarles durante la conferencia del 18 de marzo pasado. Rusia retomó la iniciativa. El diálogo entre los talibanes y el Alto Consejo para la Reconciliación Nacional (ACRN) se lleva a cabo también ante la presencia de Estados Unidos, China y Pakistán –todos de acuerdo en rechazar la restauración del emirato islámico de los talibanes y exigirles aceptar el principio de una participación en un gobierno provisorio de coalición (6)–. Cosa que el Presidente afgano Ashraf Ghani rechaza con tanta fuerza como sus adversarios. No obstante, la situación cambió. Moscú se preocupa sobre todo por la seguridad de las repúblicas de Asia Central, su patio trasero, desde que los talibanes tomaron el control de todos los distritos del Norte del país, limítrofes de Tayikistán y Uzbekistán. El 5 de julio pasado, tras su avance en Badajshán, más de mil soldados del ejército afgano se refugiaron en Tayikistán. Enseguida, el Presidente Vladimir Putin le prometió a su homólogo tayiko, Emomali Rahmon, asistencia militar rusa en caso de necesidad.

Tres días más tarde, talibanes de muy alto rango, entre los cuales el mulá Abdul Ghani Baradar, cofundador del movimiento junto con el fallecido mulá Omar, se reunían con el representante especial del Kremlin para Afganistán, Zamir Kabulov, en la capital rusa, y le aseguraban que nunca atacarían a sus vecinos. ¡Todo bien! Desde hace tiempo Rusia ve en los talibanes el mejor escudo contra la organización del Estado Islámico (EI, Daesh) agazapada en el Norte afgano y con más de 20.000 terroristas, según Kabulov. La cifra parece muy exagerada pero el temor se explica por el hecho de que el EI tiene objetivos internacionales mientras que los (...)

Artículo completo: 2 263 palabras.

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Georges Lefeuvre

Antropólogo, ex asesor de la Unión Europea en Pakistán, investigador asociado del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de Francia.

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