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Momias, zombis y Leviatán

Viaje al bestiario político del rechazo

Un bestiario es una recopilación de seres mitológicos, fantásticos o extraños que han surgido de la invención humana. Son criaturas imaginarias, producto de sueños, deseos y miedos que compartimos como sociedad. Algunas de estas bestias mitológicas integran atributos propios de animales y humanos; otras, más “monstruosas” todavía, superan las expresiones animales y se arraigan en el imaginario popular de la muerte, en base a supersticiones, mitos y leyendas. Estos relatos pueden considerarse el reemplazo premoderno de las explicaciones científicas, que permiten interpretar ciertos fenómenos de la vida.

En este artículo analizaremos el campo político que ha configurado el Rechazo, como un campo político compuesto por varios actores, que se opone a los cambios contenidos en la propuesta de nueva Constitución. Este bestiario describe unos seres mitológicos que poseen un poder discursivo, expresivo y performativo muy poderoso, ya que cuentan con la caja de resonancia de los grandes medios de comunicación corporativos, y además una cierta capacidad intimidatoria, dado que han ocupado las plazas privilegiadas de la autoridad por décadas, incluso desde los albores de la República. Pero es necesario recordar que estas bestias fantásticas no son más que eso: criaturas de la imaginación, que existen solamente porque se las mantiene vigentes en base al temor, la costumbre y la capacidad disuasiva del poder y la tradición.

1. Las Momias: En Chile la palabra momia (y momio) tiene una larga y fecunda trayectoria. El apogeo de esta bestia transcurrió durante los años sesenta y setenta, entre el final del gobierno de la Democracia Cristiana y durante el gobierno de la Unidad Popular. Esta bestia representa a la derecha conservadora, en su expresión más tradicional y clásica. Algunos autores han relacionado esta criatura a la imagen que proyectaba el expresidente Jorge Alessandri Rodríguez, que siempre ataviado por su larga bufanda parecía una “momia” vendada. De allí la extensión del epíteto “momio”, a todos los partidarios de la derecha, especialmente a sus expresiones conservadoras, católicas y tradicionales.

La momia, como bestia envuelta en vendajes, es la imagen perfecta del inmovilismo. Más que una bestia activa, parece ser una bestia reactiva, que se moviliza solamente por el mantenimiento del statu quo. Momificada y protegida por sus vendas, la rigidez cadavérica le permite una sobrevivencia en un tiempo extraño, alejado de su época. Es una bestia atemporal, ajena al paso del tiempo, que resiste a la actualidad. Su nostalgia por un orden perdido le lleva a posicionarse en contra de la innovación y el cambio, pero sin menospreciar una mínima capacidad de adaptación, para no desaparecer totalmente.

De allí que las momias y momios sean conservadores con matices liberales, ya que sin ese aire de supuesta libertad (fundamentalmente económica) no podrían salir de sus pirámides. Expresan así una síntesis del pensamiento liberal-conservador que se integra en una visión anti-popular, elitista, despreciativo de la plebe como actor con posibilidad de representación y expresión propia en la sociedad y la política. De allí su temor atávico a una Constitución que redistribuye el poder en las regiones, las mujeres, los pueblos indígenas, y en general en quienes no han contado nunca con un campo de representación autónomo, sino sólo de forma episódica, hasta ahora, ya que la nueva Constitución institucionaliza su presencia de forma permanente y sustantiva. De allí que el (...)

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Alvaro Ramis

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