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En Estocolmo, la derecha obligada a gobernar con la extrema derecha

¿Se sigue viviendo bien en Suecia?

Tras pasar del 5,7% al 20,5% de los votos en doce años, el partido de extrema derecha Demócratas de Suecia, Severigedemokraterna (SD), ocupa una posición privilegiada en el Parlamento desde septiembre y sostiene la coalición de derecha. Su irrupción puede resultar sorprendente en un país que es sinónimo de socialdemocracia. Paradojicamente, se explica por el recuerdo de una cara poco conocida del Estado de bienestar.

En Medborgaplatsen, la “Plaza de los Ciudadanos” de Estocolmo, las voces retumban: “Ningún racista en nuestras calles”. Pronto las cubren el riff de unas guitarras eléctricas, una batería pesada y un teclado de rock de fornidos músicos con remeras negras. Es el comienzo de una gira de Folkfest, una “fiesta popular” del partido de extrema derecha de los “Demócratas de Suecia” (Sverigedemokraterna, o SD), quince días antes de las elecciones del pasado 11 de septiembre. En las elecciones, el SD se convirtió en el segundo partido del país, con el 20,5% de los votos, detrás de los socialdemócratas, que obtuvieron el 30,3%, pero perdieron el poder, porque la coalición de centro-izquierda que lideraban perdió la mayoría en el Parlamento.

A ritmo, Jessica Stegrud hace su entrada en escena, sonriendo y con un vestido blanco. La diputada europea del SD no tarda en elogiar la Suecia de antaño: “Vivíamos realmente mal, el desarrollo llegó rápidamente. En solo dos generaciones, Suecia se convirtió en un Estado de bienestar. ¡Una de las principales razones es que en ese entonces teníamos políticos que se preocupaban por el país!”, recalca. Alabando las “sabias decisiones tomadas en el pasado con una visión de lo que era mejor para Suecia”, rinde un verdadero homenaje a la socialdemocracia de los años 30.

Per-Albin Hansson, primer ministro socialdemócrata de 1932 a 1946, utilizó el concepto conservador de “Folkhemmet”, literalmente “hogar del pueblo”, como vehículo para el cambio social y sinónimo del Estado de bienestar. Según la historiadora Jenny Andersson, todos los partidos suecos se mantienen más o menos apegados a este concepto, no solo los socialdemócratas que quieren afianzar la certeza de que Suecia es un país “donde se vive bien”. Pero el concepto está siendo recuperado por la extrema derecha, que interpreta el Folkhemmet como la “homogeneidad de la población nacional”, “el hogar nacional” (1).

En la construcción del modelo del Estado de bienestar sueco se distinguieron los políticos socialdemócratas Alva Myrdal, Premio Nobel de la Paz en 1982, y su marido, el economista Gunnar Myrdal, ganador del premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas (el “Nobel de Economía”) en 1974. Ya en 1934, la pareja introdujo varias reformas sociales para mejorar las condiciones de vida, a menudo miserables, de la familia sueca: libre acceso a la salud, comedor escolar gratuito, subsidios familiares, viviendas amplias y sólidas, alquileres controlados, todo lo que hace al orgullo de los suecos aún hoy.

Pero la pareja Myrdal también criticó el control de la natalidad, sinónimo de descenso de la población, que “llevaría a una degeneración de la raza y, por tanto, a un ‘suicidio de la especie’” (2). “Si la presión demográfica disminuyera, el país se vería inundado por inmigrantes de razas extranjeras con una alta tasa de fertilidad. Siguiendo la ley del más fuerte, se apoderarían de nuestro precioso patrimonio cultural y lo deformarían. Esta invasión podría acarrear una degradación del país a nivel internacional y poner en peligro nuestra paz”, escribieron.

El Instituto Nacional de Biología Racial, fundado en 1922 y financiado por el Estado, proporcionaba un aval científico a las reformas políticas. Los profesores medían los cráneos de los sami, ese pueblo autóctono del norte de Europa, los fotografiaban desnudos y conservaban sus huesos. Estos Lapones eran vistos como “exóticos” e “incapaces de desarrollarse” (3). Se los obligó a convertirse al protestantismo (4). El Instituto Nacional de Biología Racial no cambiaría su nombre y no abandonaría este tipo de estudios hasta 1958.

Retorno de inversión
Entre 1934 y 1976, por razones médicas, eugenésicas y morales, Suecia llevó adelante una política de esterilización de los llamados “desviados”. El objetivo era impedir la reproducción de los enfermos mentales y de los “débiles mentales” (5), como las mujeres desinhibidas sexualmente, que llevaban una vida “depravada” y eran consideradas incapaces de ser madres. Casi 63.000 personas fueron esterilizadas a la fuerza durante esas cuatro décadas.

En 2022, las cuatro medidas emblemáticas del SD parecen enmarcar una vieja postal de Suecia: “Un verdadero Estado de bienestar”, “seguridad”, “una política de inmigración seria” y “combustible barato” –una última medida dirigida especialmente a los Bensinupproret 2.0, un movimiento nacido en 2019 que se inspira en los “chalecos amarillos” de Francia–. A ello se suma (...)

Artículo completo: 2 438 palabras.

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Violette Goarant

Periodista, Estocolmo.

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