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50 Años

Un martes 11: El bombardeo de Chile

Esa fue una extraña y “muy exitosa” operación aérea. Que posiblemente nunca sea efectivamente reivindicada. Todavía, permanece expulsada de las bitácoras de la Fuerza Aérea de Chile. Cuán página arrancada de un cuaderno que ha dejado huellas, pero que no está.

Ese martes 11, desde Concepción despegarán tres aviones de guerra que tendrían como misión bombardear objetivos en la ciudad de Santiago. “Pekín” y “Rufián” se nombrarían dos de esos tres pilotos. Misión: bombardear la misma bandera.

Un palacio comenzado a construir en 1784 era el blanco. Su constructor: un arquitecto proveniente de Roma que se nombra Joaquín Toesca y Ricci. De los estragos del bombardeo quedará como mudo testimonio la obra de Luis Poirot: sólo fachadas en pie por calle Moneda y un gran incendio.

De Tomás Moro a la Historia

Lo por suceder estuvo esencialmente determinado por lo que decidiese Salvador Allende. ¿Qué hubiera sucedido si el presidente permanecía en su residencia de Tomás Moro 200? ¿O si en vez de dirigirse hacia La Moneda lo hacía a otro lugar? ¿O si optaba por ingresar a la embajada de Cuba donde quedaría protegido por un centenar de experimentados combatientes de un país leal?

Mis palabras…

La radio fue una inteligente y temprana herramienta en la trayectoria política del doctor. Ese día, sin “torpedo” ni texto, solo premunido de una secuencia de ideas que condensaban esas horas y el tiempo por venir, el presidente asumía esa situación. Advertía que a los procesos sociales no los detiene la felonía.

En esas horas todos los juramentos y las lealtades estarían a prueba. El morir por la Patria. Que lo otro más lo otro. De la escolta-GAP no hubo ni duda. La guardia de Carabineros en algún momento recibiría la orden de escabullirse: ¡chiquillos pónganse a salvo! Los detectives, en cambio, tendrían como jefe a Juan Seoane y se quedaron.

La Junta

En los primeros bandos se confirmaron sus nombres. Algunos conocidos y otros nuevos. Como un equitador que a esas horas saltó sobre varios otros que lo precedían. Horas más tarde aparecerían sus rostros. Mascullaron algunas frases cortas y amenazantes. Subrayaron lo que estaban dispuestos hacer, además de todo cuanto evitaron. La banda sonora fue el bombardeo.

En el futuro nunca serían juzgados los que planificaron: Nixon, Kissinger, Hernán Cubillos, Agustín Edwards, Rolf Lüders y los que profitaron después como Ponce Lerou y tantos más autores y cómplices. En silencio, debidamente representados se dispusieron a usufructuar.

¿En el Chile actual que fortuna es independiente en su acumulación originaria del terror de la dictadura y de toda su violencia restauradora?

¿Qué culminó con el bombardeo?

Un proceso, seguramente el más ambicioso y esperanzador de los que ha logrado tener el pueblo de Chile. La conspiración exitosa de EEUU para derrocar al presidente Allende. El plan documentado en La Espiral. La rearticulación de la derecha y el (...)

Artículo completo: 1 537 palabras.

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Ignacio Vidaurrázaga Manríquez

Periodista.

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